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Manuel: 

 

Aunque no me quedé para el cruce de cristales que sucedió a la lectura de Nadie me niegue vivir, me vine con el buen sabor de tus textos, que gocé más pues ya había leído el libro, y los poemas, al resonar, avivaron mi atención y mi agrado. De por sí el título del libro es imponente por su estructuración imperativa, que encierra una autoafirmación, pero también ese imperativo puede leerse como un deseo cortés hacia los interlocutores, de manera que en el hablante acusan ambos rasgos: imponerse por afirmación o persuadir al respeto por la cortesía del deseo, pero en ambos casos siempre denota una actitud, que es su sentido último: la libertad razonable, que reincorpora o reintegra el ser propio frente a situaciones limitantes de distorsión o como el mismo título dice de negación, ya en el orden existencial, ya en el orden axiológico.

En este sentido hay un carácter confesional en el mismo, que es también el del discurso poético que denomina y contiene. Confesional en el sentido en que Agustín de Hipona habla en su Libro Confesiones, esto es confesión entendida como testimonio. Y testimonio no sólo como la declaración de un  testigo, sino de un protagonista. Este es el mismo sentido que se daba en los primeros siglos a los cristianos perseguidos, que sobrevivían los interrogatorios y la tortura, se les llamaba confesores, pues habían dado públicamente testimonio de su fe sin renunciar a ella y habían sobrevivido, así pues eran testimonios vivos: confesores. Los muertos o mejor dicho, los que duermen a causa del tormento, son los mártires. Tu escritura es de carácter confesional, pero el punto de fe estriba en la vida, o sea vivir auténticamente, o en la vida auténtica, que a lo largo de tus poemas vas puntualizando en: el amor, la poesía, la música, la tierra, el país, el sufrimiento, la rectitud, la compasión, la lealtad, los ideales, el paisaje, la valentía, etc.

Me quedé esperando la lectura de algunos poemas. No porque los que leíste no fueran los correctos. No poeta, usted ya tiene un lenguaje poético y con esto quiero decir también su control de calidad. Yo estoy exteriorizando sólo mis preferencias, aquellos que hubiera querido oír porque me parecen particularmente notables verbigracia, Canción de amor, que encarna y sintetiza ciertas predilecciones, por ejemplo la música, tan cara en tu poesía por sus constantes alusiones, por textos expresamente dirigidos a ese arte (Ópera china, Canción con saxo y oboe, Canción de luna, Bethoven sordo, Recuerdos con Camarón de la Isla, Música de Michael Nyman, Cantos gregorianos). Texto él mismo todo música, que va creciendo en intensidad y levedad y que me recuerda a Lope de Vega y a Góngora e incluso a esos cantos de pastores enamorados que Cervantes intercala en su Quijote, sin que por supuesto suene como provenido de ellos ni arcaico y al mismo tiempo me parece cargado de un cierto interés propio romántico, que es evidenciar una ironía  dentro del texto formal y que estriba en su orden inteligible verbal y su paradoja emocional o sicológica: “¿por qué te espero?” que es lo irrazonable o irracional, repitiéndose al final de cada estrofa y que eleva y da tono al poema. 

Otro poema Canción para la amada ausente, que igualmente plantea la contradicción irónica: “Hoy canto a una muchacha/ que me ocultó que se iba lejos/ y no sé si volverá./ Canto una canción triste/ a una muchacha que amé.” La contradicción radica en no saber por qué hubo ocultamiento: “no merecí que me contará/ que se iba lejos. Y se marchó.” Son textos de la carencia de la mujer, y en la que también podría tenerse para leer Sombras caen sobre mí.

Pero por supuesto hay otros poemas en que no es la carencia, sino el encuentro, la compañía lo que se indaga: Intimidad, Para Melissa, Un hombre y una mujer solos, Recién casados, como maneras de ese ser juntos.

No obstante dos textos me parecen esenciales: Esta es mi soledad y Cansada espera de tu regreso. Son textos profundamente reflexivos, en los que aflora otra dimensión de tu poesía, que es la profundización existencial y lírica y el aborrecimiento de toda frivolidad. Poemas definitorios porque muestran el hombre visto respecto de la realidad del otro, en este caso de la mujer, o lo que es lo mismo la concepción del ser humano como hombre y mujer, no como dos partes incompletas sino el hombre como una realidad doble que hace con la mujer un ser nuevo: así pues el hombre solo aparece aquí como un escándalo y hay paradójicamente una valoración de la mujer como la realidad con la que el hombre tiene plenitud: “Te llevaste los pájaros, los peces,/ el mar, la playa, la costa a lo lejos y las tardes/ de domingo./ Perdí mi canto, mis canciones, ante tu sorda mudez”. No es pues el hombre solo ni la mujer sola  todo el hombre, sino juntos: “¿Cuándo acaso volverás, si volvieras?/ Y así en esta desolación te espero todavía.” Hay también otro poema que va en el mismo tenor: Nunca temí a la muerte, y ¿Qué se hicieron ellas? Este último texto como un contracanto al amor formal. Y hay otro poema que merece ser mencionado: Aves rapaces, un verdadero epigrama en el que se satiriza a la mujer y se le identifica con las aves rapaces con las que puede regresar, sátira o ¿deseo? O ambas.

Estos son pues algunos textos que extrañé para su lectura y que corresponderían a la primera parte del libro. Poemas amorosos o de amores desdichados. Pero claro de ellos me resulta muy evidente que hay una valoración muy grande del amor así llano, de la sexualidad, llana también, sin los recovecos de la exacerbación erótica o genitalismo propios de una época pansexualista. Sería interesante hacer una indagación sobre la tendencia esponsal que se percibe en los textos y que nos iluminaría de modo global esta poética amorosa. Una poética sin venganza, que abre el ojo reflexivo para ver con exactitud y en la que el juicio involucra al que lo hace como en el texto Poema, “la falsa simetría de dos seres/ vacíos/ sin voluntad ni capacidad de darse,/ la negación, la antítesis.”

2

Así de la sección Hoy sufro solamente poemas como Edad tardía, Malos recuerdos, Desde mi nacimiento llevo mi vida en mí  y Acosos de la muerte, son poemas que significan un existencialismo, no diría yo como una conciencia de análisis, sino como intenciones presentativas de ser el hombre aquí en el tiempo reconociendo la posibilidad de su muerte, esto es entrando en relación y respuesta directa  con la angustia del fin. Hay en ellos una raigambre heideggeriana. El Dassein, y por qué no decirlo también, con expresión de Sartre, discípulo de Heidegger, la asunción de un ser para la muerte, no una evasión.  Porque una noche infinita te quejas de dolor,/ males hereditarios o adquiridos te achacan,/ riesgos te acechan expuesto al sufrimiento/  de la muerte con la que nacemos./ Peor aún este dolor silente, agudo,/ repentino, que nació para empozarse en el cuerpo/ y en el alma.(Edad tardía). Esta veta existencialista es una clave incluso para ver desde esta temporalidad del ser, su historicidad, y aquí caemos al rasgo político de este discurso, porque los proyectos utópicos se esfuman, se frustran, se alteran y distorsionan, pero el hombre, el hablante cuya realidad es tiempo en el que se va muriendo, ve cada distorsión como avisos de la muerte para él. Pero como inautenticidades para quienes aceptan la distorsión.

La política como expresión de las estructuras, que se denuncia en Hoy sufro solamente, cuando el sufrimiento y la muerte son vistos como ajenos y no propios del ser en el tiempo, por quienes manipulan los hilos en esas estructuras o bien cuando la expresión de los poderosos se vuelve contra el espíritu original de libertad y la vida adquiere las características de un vivir inauténtico, porque Los líderes erigieron un becerro de oro/ en la plaza, levantaron rótulos ufanos/ del poder terrenal y político de un solo/ hombre,/ y clamaron con altoparlantes que lo adoráramos./ El poder temporal de ese dios metálico,/ dorado, se enseñoreó sobre los pueblos/ y comerció con la vida, el poder civil/ y las instituciones.(La ira de Dios). En ambos poemas  la indiferencia es una forma de evasión y el poder una forma de querer decir  a los otros hombres lo que deben hacer, esto es hacerlos renunciar a la libertad, de manera que evasión y hacer lo que dicen los poderosos (los altoparlantes son una representación del dominio de los medios de comunicación), son formas de un vivir inauténtico, esto es evasivo, insustancial. Así textos como Inmigrante y Error de selección o Fusilamiento (que leíste) corporizan esas aberraciones.

Aquí me parece pertinente señalar que la verbalización de tus poemas prevalentemente construye y alcanzan su tonalidad natural en un lenguaje habitualmente popular. Corriente. Que es entendido y asumido como apto. Y por eso tu discurso se organiza con una intención conversacional, esto es dialogante y en algunos casos monologante, pero el monólogo para ser oído, es decir hablado, que busca un interlocutor. Por lo general claro, transparente, que no rehúye la complejidad de la experiencia lírica. Jorge Luis Borges, refiriéndose al lenguaje poético de Carl Sandburg, no apuntó a ningún artificio de la literatura, sino que dijo, sobre el resultado final: el poema, esto es cada poema de Sandburg, o lo que es lo mismo su poesía estaba hecha “con una íntima convicción”. Esta íntima convicción también es perceptible en tu libro, poeta Manuel. Una expresión democrática válida pero no ignara, sino ilustrada, pero esta ilustración no es tocada con pedantería, sino con delectación, pues el discurso poético quiere hablar como pueblo ilustrado, informado, tocado por la experiencia estética sin adulterar el demos de tu habla fundamental, como se percibe en las dos últimas secciones de tu libro.

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Ciudades adormecidas constituye un conjunto fragmentario que se vuelve unidad visual o verbal, esto es un mosaico, que es a su vez un mural, de manera que cada poema es el conjunto y el conjunto es lo significado por cada poema: una visión global o genérica del país.  El país percibido a través de su fragmentariedad o lo que es lo mismo de su pluralidad citadina local y poblana. Todas las ciudades y pueblos para conformar una sola polis: la ciudad que es el país entero.  Y el país que es cada ciudad. Ciudades con rasgos universales que a pesar de su particularidad nominal y vital pueden con validez considerarse incorporados los de una en cualquier otra. Fragmentos que van siendo unidos con una mirada amorosa, nostalgiosa, evocadora y a ratos encantada por el entorno natural y la traditio histórica. Una valoración del detalle local, calle, esquina, iglesia no para el turismo, sino para la autoconciencia de lo que se es, siendo nicaragüense. Una mirada al espejo, para darse vuelta y no olvidar como dice Santiago, el apóstol, cómo éramos. Siempre con un  rasgo de carencia, un vacío de presente y  por supuesto un casi nada de futuro. El futuro parece abolido. Los sueños están triturados, hechos polvo y tedio y lentitud, ciudades que son imágenes no de una agonía, esto es una lucha como diría Unamuno, sino de una inercia o más bien de un desgajarse hacia la abulia. Una vida que más se parece a la muerte, una presencia que más parece ausencia, un escape que más parece una búsqueda de ellas mismas en otro lugar. Una fiesta que se desvanece con un bostezo. Todo propio, tanto que causa extrañeza del mundo, de los actos humanos propios y ajenos. Y todo se vuelve ajeno al sueño.

Por eso el poema En una ciudad donde nadie me conoce pienso que no puede ser eludido en una lectura. Un poema breve, complejo en lo que dice y leve por cómo se dice. Un texto que establece una relación con lo que existe y está dado ahí afuera, pero que es extraño y el que habla un extrañado de todo, como un extranjero camusiano, no de un país, sino de la realidad a secas, de modo que su extrañeza llega a percibirse como inexistencia: ¿Qué hago aquí en una ciudad/ donde nadie me conoce?/ ¿No existo entonces? Porque el ser y el conocer se confunden o bien uno pone de manifiesto al otro: si alguien por casualidad del destino,/ me conociera, ¿existiría entonces? Esto es, no basta que la realidad esté allí afuera, para que de verdad exista debo saberla, tener conciencia de ella, entrar en contacto con ella conocerla por la experiencia.

Pero no es lo exterior lo que determina la realidad del hablante, sino que el hecho de la realidad se complica por mi no conocimiento de ella, entendiendo que lo verdaderamente real es el ente humano: Existo en mí sin conocer a nadie,/ en esta esquina, en esta calle/ solitaria y desolada./ Y, sólo me pregunto: ¿Qué vine hacer aquí donde la soledad/ abruma?. La inexistencia se confunde con la soledad. Y este parece ser el conocimiento real de las ciudades, del país nicaragüense, pero hay en este extraordinario poema y no podemos dejarlo de señalar, un salto más allá de esta localidad citadina y provinciana, hay una salto universal, que toca al hombre, a su ser en el mundo y a la vivencia e intrasmisibilidad de su angustia, pero también a la conciencia, que es también un experiencia común. No puede ser compartida por intrasmisible - la incomunicabilidad que despliega Sábato en El Túnel es una variante de la intrasmisibilidad-  pero es vivida por la condición  existencial del ser humano, cada quien padece esta extrañeza, esta soledad esta inquietud que se interroga sobre su ser aquí.

Otros poemas que pudieron leerse de esta sección son Escena urbana en el crepúsculo, que plantea una estratificación temporal y funcional de las edades  del ser humano y sus roles  en donde emerge la cuestión de ser y tener. Y La cima del mundo, en el que salta un dato inesperado,  una casa sin paredes... Un techo que se cierra al cielo y una puerta/ de tableros de vidrio./ Algo desconcertante.

Con todo se reafirma en estos poemas esta intención popular a través de la tierra, la topografía y la geografía física y política, y la evocación histórica por supuesto, que le da consistencia y realidad a los espacios, impidiendo la intemporalidad mítica.

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De las dos secciones finales de tu libro, Cábala del sueño me parecen ineludibles leer Cábala del sueño, Sueños de la variedad erótica de la especie y Casa rota. Y de Apuntes de diario, Ángel puro, mujer, Recuerdos con Camarón de la Isla, Inquietud y vacío por Ralph Waldo Emerson. Estos serían los poemas que completarían una lectura que espero. No obstante estas dos últimas secciones sintetizan y reelaboran aquellos elementos que han venido siendo distribuidos a lo largo del poemario, de modo que podría decir que el mismo tiene una estructura distributivo-sintética. Pero basta con sólo mencionar esto y me salta flameando que dichas secciones significan lo que viene significando todo el libro: la inmersión en el signo o en la señal lingüístico cultural que tu lenguaje pone de manifiesto. Inmersión en el signo, porque junto con tu intención de formalizar y significar esa disposición permanente existencial de asumir muerte/vida, carencia/plenitud, realidad/sueño, soledad/boda, autenticidad / inautenticidad, que innegablemente son un esfuerzo, un trabajo, una fatiga, dicha disposición está enyugada a un liberador  gozo o placer consciente e inconsciente de entrelazarse con los signos culturales que vienen constituyendo tu realidad, ya sea el epitalamio o el canto que construye la patria o el treno que se plantea la posibilidad de la nada. Por supuesto, nada que no sea la realidad verbal como parte verdadera de la realidad objetiva temporal.

Yo percibo a pesar de tu sobriedad o de tu indignación una verbalización, que se goza al sumergirse en la mar océano de los signos y que entra en tratos múltiples y morosos que al emerger el hablante lírico no puede sino poner de manifiesto y de un modo tal lo que dice -triste, intrigante o no- que hay en tu discurso el gusto de hablar y hacer realidad verbal para enriquecer la realidad social o natural, es decir, para transcender al otro o a lo otro. Y para usar tu propio lenguaje poético: ¿Qué juegan los epígrafes, los a manera de epígrafes explicativos, las dedicatorias, los subtítulos, los títulos? ¿Qué juegan los títulos, las menciones y alusiones históricas? ¿Qué juegan las visiones viajeras, las alusiones musicales, los nombres de canciones, los nombres de músicos y cantos y artistas de cine y de películas? ¿Qué juega el uso de  recursos místicos como la cábala o la escritura hebrea, los nombres de poetas y escritores y críticos y naturalistas? Son la cifra del ente humano que entreteje su propio universo de signos. Borges, en una entrevista decía, que para él, escribir “es un trabajo que es un placer”. Vos no estás lejos de este impulso que conjugás con tu vena del habla común. En fin “marcá 1” tu escritura de lograr la vida. O en cada texto, nacimiento.

 

Fanor Téllez