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El libro Pensamiento a debate de Aurora Suárez y Freddy Quezada, tiene como centro el pensar y el pensador, cuya relación intentan elucidar y criticar en las márgenes del propio pensamiento contemporáneo latinoamericano. Los autores subvierten creativamente la idea hegemónica de que el pensamiento es abstracto y separado del cuerpo demostrando sus consecuencias y sus impases. Contrariamente a esa dualidad que se manifiesta en la división cuerpo y pensamiento, pensador y pensado, los autores defienden la tesis de que el pensamiento tiene un lugar y un cuerpo.

La ironía señalada en este libro es que son los propios pensadores que separan el pensamiento de los cuerpos convirtiéndolo en objeto de su oficio. Al final del recorrido por el que nos llevan los autores se realiza una especie de síntesis, en que la separación entre cuerpo y pensamiento es superada, porque según ellos, los cuerpos piensan. Este es precisamente el título del capítulo VI.

La premisa anunciada de inicio es que lo contemporáneo domina el cuerpo. Aquí lo contemporáneo es el que coincide con su época, distinto de otras interpretaciones como la del italiano Giorgio Agamben, que lo considera actual porque no coincide con su tiempo y prisionero de su época busca escapar de ella pero no encuentra salida.

Como en la película Santuario de James Cameron, el pensamiento se encuentra en un laberinto de cavernas profundas. Perdido y estéril es incapaz de volver sobre sí mismo. Fue esta película inexpresiva de Cameron que sirvió como elemento inicial de la problemática construida por Suárez y Quezada en este libro. Como ocurre en el final de la película los autores esbozan un cierto optimismo en el sentido de que por fin el pensamiento encontrará un océano luminoso, encontrando así todas las conexiones que se han perdido y sus potencialidades recuperadas. Ellos mismos dudan sobre el resultado obtenido y se cuestionan, como cualquier mortal después de ver acabada su obra, si valió la pena tal empeño.

Y efectivamente, al final de libro la dualidad cuerpo y pensamiento no parece totalmente superada, lo que no invalida el inmenso esfuerzo creativo expresado en esta obra. Vale aún la pena mencionar el coraje innovador de esta obra que desafía la comodidad y el oficio de los intelectuales, principalmente de los latinoamericanos. Aunque este esfuerzo también implica la negación de los mismos autores como pensadores, entonces estamos delante de una suerte de auto negación.

Creo que la parte más impactante del libro es la desmitificación del oficio de los intelectuales, que son los únicos capaces de auto crearse y de crear y escoger a aquellos de quienes se atribuirán la función de representar y peor aún de salvar; al final esto sucede porque para ellos los únicos que piensan son los intelectuales. Esa es una idea fundamental y magistralmente criticada por los autores de este libro.

El libro es una provocación contra las certezas de nuestro tiempo, contra las viejas creencias y principalmente contra la idea de la separación de los pensamientos del cuerpo. Y creo que la provocación y la producción de incertezas es el verdadero oficio de los intelectuales que yendo hasta las últimas consecuencias los llevaría a negarse a sí mismos.

Los autores llaman la atención sobre la entrada en escena de nuevos actores sociales (las mujeres, las ex colonias, los iletrados); es ese protagonismo tardío que hace trastabillar los dogmas y las ideas hegemónicas, universales y despóticas presentes en instituciones como las universidades.

El libro es una crítica a la superioridad producida por la universidad contra los iletrados que resulta en la imposición de un pretendido saber universal, diferenciador y diferenciante. De esa forma los intelectuales se distancian de sus propios “otros”. Suárez y Quezada ejemplifican esta tesis en el caso de los estudiantes de origen social pobre y que logran diferenciarse y distanciarse a través de la educación, de su propia familia.

Ellos establecen una relación casi directa entre el poder de los intelectuales y la inexistencia de una masa crítica, es decir, de sociedades con mayorías iletradas. Y los autores tienen razón, idea que se puede extender para el campo de la política donde la apatía de mayorías silenciosas alimenta las estructuras y la práctica de los partidos políticos existentes.

Seguramente esta no es una idea nueva, pero toma nuevas formas en la crítica de la separación del pensamiento y del cuerpo, eje de la argumentación central de los autores que buscan revelarnos el secreto de los magos y de los nuevos sacerdotes. Tal vez sea esta la principal conclusión del texto, y que como ellos mismos advierten, se trata del principio, adoptando el método utilizado por Cioran que comienza donde los otros terminan.

El lector tiene en sus manos un libro innovador, crítico y realmente provocador que nos obliga a repensar la identidad y el oficio de los intelectuales. Un libro hecho con coraje y erudición, aunque suene extraña esta palabra, pero lo que quiero decir es que es resultado de una diligente lectura de textos y autores fundamentales que nos dicen mucho acerca del mundo en que vivimos, de su pasado, presente y futuro.

(William Héctor Gómez Soto es profesor del Instituto de Filosofía, Sociología y Política de la Universidad Federal de Pelotas – Brasil)

TOME NOTA:

El libro Pensamiento a debate, de Aurora Suárez y Freddy Quezada, está de venta en librería “La Facultad”, frente a la UCA, donde antes fue El Parnaso.