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Hace un poquito más de 40 años (¿67 o 68?) estudiantes que pertenecíamos al TERG (Teatro Experimental Ramírez Goyena), bajo la dirección de Socorro Bonilla Castellón, recién venida de España, presentamos La Zapatera prodigiosa en la Escuela de Bellas Artes que dirigía el carismático Rodrigo Peñalba. El pasado 31 de enero y primero de febrero la Compañía Nicaragüense Profesional de Teatro, bajo la inspiración y entusiasmo del actor Salvador Espinoza Moncada, la acaba de presentar en el Teatro Nacional Rubén Darío.

La obra del dramaturgo y poeta Federico García Lorca, bajo la dirección de Xiomara Centeno, nos dio un excelente trabajo. Xiomara posicionó su mirada y su rigor estético en cada detalle: actuación, vestuario, escenografía, luces, musicalización. A propósito, la musicalización de filigrana bajo la creatividad de Pancho Cedeño, fusionando música de España y Nicaragua, alcanza un clímax en la incidencia usada al momento en que la zapatera y la Vecina Roja, Ivonne García, simulan una lucha con aires de toreo, por el precio de la reparación de un par de zapatos. ¡Magistral!

Todos los elementos técnicos y artísticos jugaron un papel importantísimo, dando un espectáculo en el cual cada actor o actriz dio lo mejor de sí, aseverando la máxima artística de que en teatro no hay papel pequeño. No lo hay cuando todos dedican entusiasmo y talento para alcanzar la elipsis teatral, el todo por el todo, como en esta ocasión.

Centeno, una de las vecinas en el montaje de Socorrito, se ha situado como una directora lorquiana. El público amante del teatro aún recuerda su puesta en escena de “Poeta en Nueva York”, con la recordada actuación de Cristina Saballos.

José Arias, actor de gran trayectoria, desempeñó en el primer montaje el papel del Zapatero. Ahora cautivó al público al interpretar a un pícaro alcalde. Aníbal Almanza logra un Zapatero inmejorable. El desdoblamiento logrado al interpretar al titiritero, que no es otro si no el mismo Zapatero disfrazado, encierra un esmerado trabajo. Almanza, dueño de una excelencia actoral probada, cumple el deseo del propio Lorca, quien se propuso engañar a todos con este personaje sin que fuese descubierto antes de tiempo. La Zapatera, encarnada por la joven cantante lírica Valeska Lobo, nos regala su actuación de línea ininterrumpida, una actriz nata de buen calibre.

Cuánto y qué decir de este montaje teatral nicaragüense, que vale la pena mirar y disfrutar. Lorca, uno de los mejores retratistas de la psicología y el comportamiento social, nos habla de la frustración humana tocando las debilidades y fortalezas de la humanidad, de los conflictos entre la realidad de lo que se vive y lo que se desea; también es humor. Lorca escribe esta pieza en medio de una recuperación espiritual en Nueva York, adonde llega en búsqueda de mejores aires, lejos de la opresión provinciana de su tiempo, e inspirado en el espíritu femenino, alcanzando una alegoría del alma humana.

Si bien todo el elenco merece reconocimiento, una actriz se ha robado el corazón del público: Sofía Rocha Fiallos, también estudiante de piano y cantante lírica que ha demostrado un talento sin par, no solamente por su edad, 11 añitos, sino por su responsabilidad, entrega y creatividad al interpretar a la Nina, cuyo papel en la obra original fue escrito para un niño.

La Nina tiene gran participación, no solo por su peso actoral, sino además como elemento filosófico que da vida a la pieza. Representa la ternura, la inocencia, y al mismo tiempo la sinceridad y el desenfado para hacer y decir las cosas que muchas veces los adultos no se atreven.

Sofía destaca no solamente por su talento con la memorización del sustancioso papel, sino además por su grácil complicidad con la protagonista, su vocalización y un manejo escénico de primera. Sofía tiene en su hoja curricular gran camino recorrido, viniéndole de muy cerca los genes artísticos y culturales: es hija del destacado barítono Mario Rocha. Habrá que tener mucho cuidado con esta preciosura de actriz.

Aunque Sofía quiera ser “granjera y cocinera de su propio hotel de montaña”, no podrá olvidarse ni guardar fácilmente sus grandes dotes artísticas con las cuales Dios la creó para deleite y ejemplo. Ojala los directores la incluyan siempre en sus repertorios.

Actuación, Escenografía, Vestuario, Música y Luces, han creado una atmosfera que manifiesta la madurez alcanzada por el teatro nicaragüense. Felicitaciones a todos y cada uno de quienes hicieron posible este éxito. Reconocimiento especial merece el apoyo de la embajada de España en Nicaragua, gracias a los entusiastas León de la Torre y José Pintor, embajador y Cónsul respectivos. Gracias a todos por hacernos pasar un rato maravilloso. Para todos, mi respeto.

 

lesbiae@hotmail.com