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Durante los últimos meses, los políticos dominantes en Grecia y sus patrocinadores financieros en el norte de Europa han amenazado a los ciudadanos azotados por la austeridad del país con una propuesta ineludible: Sufrir el dolor a corto plazo de recortes gubernamentales o aceptar la aflicción a más largo plazo, por no mencionar la ignominia, de vivir fuera del euro.

Pero ahora, mientras Grecia enfrenta otro año de su economía con una contracción del 6 por ciento y como la tasa de desempleo de febrero alcanzó el 21.7 por ciento, un creciente número de griegos ha rechazado este ultimátum como una opción falsa.

Más bien, argumentan que pueden tener ambas cosas permaneciendo dentro del euro y rechazando las duras medidas para equilibrar el presupuesto que Europa ha demandado a cambio del dinero que Grecia necesita para seguir siendo solvente.

Ese, al menos, fue el mensaje de el resultado de la elección que sacudió a los mercados el 6 de mayo, en la cual los dos partidos dominantes que habían aceptado los términos del acuerdo de rescate de Grecia de 130,000 millones de dólares recibieron una paliza histórica.

El que se elevó como el segundo partido más popular del país fue Syriza, una coalición de partidos de izquierda que prometió mantener a Grecia en el euro y, entre otras cosas, incrementar los salarios, frenar los despidos del sector público y repudiar la deuda de Grecia.

Para los guardianes de la unión monetaria en Europa –por no mencionar al círculo político en Grecia– es la más peligrosa de las ideas.

El temor no es tanto que la plataforma de Syriza se vuelva política. Como se esperaba, su líder, Alexis Tsipras, fracasó en su intento de formar un gobierno después de las elecciones, como también el líder del partido socialista Evangelos Venizelos posteriormente esa semana. Esos esfuerzos continuaron en vano, y Grecia parecía encaminarse de nuevo a las urnas en junio.

El temor es más la visión de que los griegos están empezando a sentir que necesitan ceder a los términos de Europa. Si los griegos llegan a aceptar que podría haber una ruta más fácil hacia la recuperación, quizá los irlandeses, portugueses, españoles e italianos también lleguen a una conclusión similar.

Esa es la razón de que el ministro de relaciones exteriores de Alemania dijera recientemente que Grecia debe seguir adelante con los recortes acordados –un bastante drástico 5 por ciento de su producto interno bruto– o no recibirán ningún dinero más del rescate. Analistas estimaron que a Grecia le quedan unos 2,000 millones de euros en efectivo, los cuales le permitirían al gobierno funcionar hasta fines de julio o agosto. Sin el siguiente desembolso del rescate de unos 31,000 millones de euros, el país rápidamente incumpliría sus pagos de deuda y eventualmente se vería forzado a salir de la unión monetaria.

Pero lo que es sabiduría convencional en Bruselas, Berlín y las oficinas de gobierno en Atenas quizá no lo sea para los votantes cada vez más hartos de Grecia.

“Están faroleando, ¿sabe cuánto le costaría a Europa si nos saliéramos del euro?”, dijo Giorgos Liatsos, escupiendo prácticamente sus palabras con enojo mientras fumaba un cigarrillo tras otro dentro de una pequeña cafetería que posee en el centro de Atenas. Liatsos votó por Syriza y cree que el camino por delante para Grecia es permanecer en el euro y rechazar las condiciones de Europa.

“Al final, Europa es una palabra griega”, dijo.

Como muchos griegos que apoyan a Syriza, Liatsos está votando con su billetera, la cual, dijo, ha recibido una paliza. Hace dos años, ganaba unos 600 euros, o unos 775 dólares, al día; ahora su ingreso diario se ha reducido a entre 80 y 100 euros si tiene suerte.

Los griegos de todas las inclinaciones políticas están apuntando a los esfuerzos de personas como Liatsos en su demanda de que las condiciones estrictas del paquete de rescate sean relajadas.

Por el momento, Europa y el Fondo Monetario Internacional deben esperar hasta que se forme un gobierno antes de que puedan enviar un equipo a Grecia para decidir sobre el próximo desembolso de fondos del rescate. No se espera que llegue un nuevo equipo hasta julio cuando muy pronto, suponiendo que las nuevas elecciones se celebraran a mediados de junio.

Según el memorando que Grecia firmó con sus acreedores, el nuevo gobierno debe aprobar 11,000 millones de euros en recortes de gasto extra que incluirán amplios despidos, reducir los pagos de pensiones y recortes salariales antes de recibir el siguiente desembolso.

Pero mientras la economía griega continúa su caída libre y las obligaciones no pagadas del país se acumulan –analistas dicen que Grecia adeuda 6,000 millones de euros a exportadores vía reembolsos fiscales y a otros proveedores nacionales–, funcionarios gubernamentales han estado cabildeando ante la llamada troika de líderes extranjeros de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional para que relajen los recortes durante este año.

Según Gikas Hardouvelis, un destacado asesor económico del Primer Ministro Lucas Papademos y participante en las negociaciones sobre el rescate más reciente, el Fondo Monetario Internacional apoya una visión más relajada sobre los recortes a la luz de las penurias económicas que Grecia está enfrentando.

Pero es Europa, temerosa de alentar más equivocaciones estratégicas de Grecia, la que ha estado insistiendo en la línea de austeridad. Y el peligro de ese enfoque está creciendo día con día, dijo.

“Por la razón que sea, los intransigentes en Europa están diciendo que lo merecemos”, dijo Hardouvelis. “Han destruido el centro político aquí, y la posibilidad de crear otro Hugo Chávez no es cero”.

Por el momento, parece improbable que Grecia reciba la oportunidad de ver si Tsipras –con su propuesta de repudiar la deuda del país y oponerse a la privatización– se radicaliza tanto como Chávez, el líder venezolano.

Nuevos sondeos muestran que el apoyo a Tsipras ha aumentado del 16.7 por ciento que consiguió en la pasada elección al 27 por ciento; una cifra que, si se sostiene en una elección, le haría el mayor receptor de votos del país.

Ahí radica el peligro, dijo Hardouvelis.

Aparte de algún pequeño relajamiento en los recortes de gasto, no hay forma de eludir el hecho de que Grecia debe aplicar profundas reducciones presupuestarias en los próximos años.

“Alguien tiene que explicar al pueblo griego que no se puede conservar el pastel y comerlo al mismo tiempo”, dijo.

Y, añadió, si los griegos siguieran ignorando este hecho podrían encontrarse al margen mirando hacia el interior.

“La amenaza de que Grecia pudiera abandonar el euro es real”, insistió. “Si realmente quieren sacarnos, pueden hacerlo; sólo necesitan que 16 países lo acuerden”.