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Todo parecería indicar a hombres y mujeres en esta, la ciudad más grande de India, congestionada metrópolis empapada de humanidad de casi 20 millones de residentes, están limitados por al menos una aflicción en común: demasiada gente compartiendo muy pocos retretes.

Sin embargo, existe una diferencia: contrariamente a los hombres, las mujeres a menudo tienen que pagar por orinar. Así que durante varios meses, activistas sociales como Minu Gandhi han hecho campaña en la ciudad, argumentando que esta disparidad equivale a una flagrante discriminación, pidiéndoles a las mujeres que empiecen a exigir un derecho que la mayoría de ellas nunca habían contemplado: el Derecho a Hacer Pipí.

“Sentimos que este es un derecho civil básico”, dijo Gandhi, “un derecho humano”.

India ha tenido por largo tiempo un problema de salubridad. Datos recientes del censo arrojaron que más de la mitad de los hogares indios carecían de retrete, porcentaje que de hecho ha empeorado a lo largo de la década pasada pese a la creciente riqueza de India, a medida que barriadas y otras viviendas de calidad inferior a la norma han proliferado en ciudades en crecimiento. Sin embargo, lo que es único con respecto a la denominada campaña del Derecho a Hacer Pipí -cuyo llamativo título fue acuñado por los medios de comunicación de Mumbai y que ahora al parecer está a punto de lograr algunos de sus objetivos- es el argumento en el sentido que el baño en India está gobernado por una doble rasero.

Al igual que los hombres, las mujeres en aldeas a menudo deben orinar al aire libre, en campos. Pero a diferencia de ellos, ellas a veces soportan burlas e incluso ataques sexuales. Muchas mujeres en áreas rurales orinan en pequeños grupos, antes del amanecer, a fin de protegerse del acoso.

En Mumbai, conocida anteriormente como Bombay, millones de personas dependen de retretes públicos, los cuales suelen estar en edificios oscuros y sucios que operan como puestos de avanzada controlados por varones. El gobierno municipal suministra 5,993 baños públicos para varones, en comparación con apenas 3,536 para mujeres. Los hombres tienen 2,466 mingitorios adicionales. (Un estudio de 2009 encontró un desequilibrio incluso mayor en Nueva Delhi, la capital nacional, con 1,534 retretes públicos para varones y 132 para mujeres.)

Casi siempre, un encargado varón supervisa estos baños, cobrando cuotas. La corrupción menor en India es rampante, y los baños públicos no son la excepción: los hombres deben pagar por usar un retrete pero pueden usar los mingitorios sin costo alguno (con base en la premisa de que los orinales, normalmente solo un muro y un canal del drenaje, no necesitan agua). Sin embargo, las mujeres normalmente tienen que pagar por orinar, pese a regulaciones que asientan que no deberían hacerlo.

“Incluso si dices que te estás orinando, te dicen, ‘¿Cómo lo sabemos?’”, dijo Yagna Parmar, otra activista social involucrada en la campaña. “Así que piden dinero”.

En el extremo norte de la ciudad, dentro de una barriada conocida como Shivaji Nagar, cuando menos 350,000 personas -quizá el doble de esa cifra, con base en algunos estimados- viven apretujadas al lado de uno de los mayores tiraderos de basura de la ciudad. El número exacto de retretes públicos no es claro, pero, con base un estimado, el radio no es superior a 1 retrete por cada 300 personas. Las mujeres deben adaptar sus rutinas cotidianas: muchas visitan el baño temprano por la mañana para evitar filas y fisgones. Evitan beber mucha agua. Y llevan consigo cambio.

La campaña empezó el año pasado cuando una coalición de activistas sociales se reunió de varias partes del estado de Maharashtra, que incluye a Mumbai. Los organizadores en cada ciudad eligieron diferentes temas, incluidos violencia doméstica e igualdad en el acceso al agua. El grupo de Mumbai consideró campañas sobre vivienda, agua o salubridad -todos ellos grandes problemas en la ciudad- antes de decidirse por el Derecho a Hacer Pipí.

Al principio, esto fue visto como un tema un tanto frívolo“, dijo Mumtaz Sheikh, uno de los organizadores. ”Sin embargo, le dijimos a la gente: ‘No, este es un tema importante, y queremos trabajar en él’”.

Sheikh y otros activistas vieron una oportunidad de hacer mayor conciencia entre mujeres. Las mujeres constituyen actualmente casi la mitad de la fuerza laboral de la ciudad, pero incluso así muchas de ellas trabajan en empleos sin acceso a un retrete. En diversas partes de la ciudad, incluidos barrios pobres, los activistas han ido de puerta en puerta, reuniendo más de 50,000 firmas en apoyo a sus exigencias para que el gobierno local deje de cobrarles a las mujeres por orinar, construya más retretes, los mantenga limpios, suministre papel sanitario y un bote de basura, así como que contrate a encargados del sexo femenino.

El Dr. Kamaxi Bhati, médico e investigador, vinculó la situación de retretes en Mumbai a problemas de salud de la mujer, particularmente una alta incidencia de infecciones del tracto urinario e infecciones de la vejiga. Bhati dijo que beber agua era vital para mantener a raya ese tipo de infecciones, pero muchas mujeres intentaban reducir el consumo de agua para limitar la frecuencia con que tenían que ir a orinar. El hecho de no beber suficiente agua es doblemente peligroso, dado que las temperaturas pueden ascender a dígitos más de 40 grados en Mumbai.

“Es la responsabilidad del gobierno suministrar retretes”, dijo. “Supongamos que mi hijo tiene diarrea. ¿Qué hago si no puedo pagar?”

Funcionarios municipales estaban dispuestos a divulgar estadísticas sobre el número de retretes públicos en la ciudad pero, por lo demás, se negaron a comentar sobre el tema, con todo y una profusión de peticiones dirigidas a tres departamentos de la ciudad.

Las cuotas de los baños pudieran ser consideradas nominales, yendo de 2 a 5 rupias, (aproximadamente 4 a 9 centavos de dólar). Pero, en India, el límite de pobreza es tan bajo que el gobierno definió en fecha reciente a los pobres urbanos como la gente que vive con menos de 29 rupias al día.

“Para mí, es caro”, dijo Shubhangi Gamre sobre el costo de ir al retrete. Ella vive en Shivaji Nagar y gana aproximadamente 27 dólares mensuales trabajando en una farmacia. “Le hace mella a nuestro dinero para comida. ¿Cómo podemos costear todo?”

Quizá los meses de peticiones y campaña rendirán fruto. La semana pasada, activistas sociales se reunieron con funcionarios de la ciudad que les informaron de nuevos planes para construir cientos de retretes públicos para mujeres a lo largo de la ciudad. Algunos legisladores locales ahora están jurando que construirán retretes para mujeres en cada uno de sus distritos.

Nada es oficial todavía, y las promesas a menudo no se convierten en realidad en la política india. Sin embargo, los activistas sienten que el impulso temporal ahora está a su favor.

“Por supuesto que es un buen sentimiento”, dijo Supriya Sonar, integrante de la campaña, diciendo que el grupo por el Derecho a Hacer Pipí actualmente está haciendo labor de convencimiento para que las mujeres sean contratadas en los proyectos propuestos. “Nuestro trabajo real empieza ahora”.