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La pesca de seis pequeñas embarcaciones pesqueras, las primeras en reanudar la pesca comercial en las aguas de Fukushima desde la catástrofe nuclear el año pasado, se empezaron a vender en los supermercados el lunes 25 de junio, dando esperanza e inquietud en una región que batalla para retornar a algo parecido a la normalidad.

Por ahora, la pesca se limita a los pulpos y bocinas, un tipo de caracol marino, porque se cree que esas especies capturan menos partículas radioactivas en el cuerpo. No obstante, los lugareños dijeron que es un hito para una fuente vital de alimentación y empleo en la región.

“El último año ha sido largo y duro, pero la cosa es que nunca me di por vencido como pescador”, dijo Toru Takahashi de 57 años, antes salir a navegar temprano, el sábado anterior, de Matsukawa, a unos 50 kilómetros al norte de la planta nuclear de Fukushima Daiichi donde ocurrió el desastre.

Sin embargo, la esperanza de los pescadores de reanudar el trabajo en aguas en las que pescaron por décadas causa inquietud por todas partes. Los expertos dicen que todavía no se comprenden del todo los efectos del desastre en el océano.

Horas antes de que salieran los barcos, el gobierno central prohibió con precipitación que los pescadores de Fukushima vendieran 36 tipos de pescado. Hasta entonces, no había habido ninguna prohibición explícita para pescar cerca de Fukushima, porque los pescadores de la región habían suspendido voluntariamente el trabajo después del tsunami y del desastre nuclear. A cambio, han recibido unos 125 millones de dólares del operador de la planta, Tokyo Electric Power.

“No nos oponemos a que los pescadores de Fukushima empiecen a pescar otra vez, si pueden mostrar que lo que están atrapando no contiene niveles elevados de radiación”, comentó Yasunobu Matsui, un funcionario gubernamental de seguridad alimentaria. “Sólo no queremos que cometan un error y pesquen el tipo equivocado”.

Japón todavía está lidiando con los efectos de las fusiones y otros problemas en la planta, que llevaron a la mayor liberación accidental de material radioactivo al mar del que haya registro. Los niveles de celsio radioactivo en la costa aumentaron más de 100,000 becquerelios por metro cúbico a principios de abril, unas 100 veces más alto que los niveles máximos detectados en el mar Negro después del desastre en Chernóbil en 1986, según un estudio coordinado por la Institución Oceanográfica Woods Hole en Massachusetts.

Lo que eso significa para la vida marina está lejos de estar claro, dijo Matsui. Fuera de la zona inmediata a la planta, la radiación es demasiado difusa para representar un riesgo inmediato para la salud humana, pero a los expertos les preocupa que el material radioactivo se acumule en la cadena alimenticia marina.

Los niveles de radiación en algunos peces exceden los límites de seguridad establecidos por el gobierno, de 100 becquerelios por kilogramo, incluido un pez furtivo que vive en las profundidades, en el cual se registraron 690 becquerelios por kilogramo. Sin embargo, otros productos del mar muestran lecturas insignificantes de radiación, incluidos los pulpos y los caracoles marinos que capturaron los pescadores de Soma.

“Dado que Japón tiene el índice más alto de consumo de alimentos marinos del mundo, la comprensión de las concentraciones y la asimilación en la biota marina es una tarea importante”, escribió Ken Buesseler, un químico marino que coordinó el estudio Woods Hole, en la revista Environmental Science and Technology en el otoño.

Los pescadores en Fukushima están desesperados por regresar a trabajar. Takahashi, el pescador que perdió su vieja barca en el tsunami, dijo que trabajó todo el año para conseguir otra, la Myojinmaru.

Ese sábado previo, los que se embarcaron en la Myojinmaru y otras cinco embarcaciones eligieron un sitio a unos 50 kilómetros de la costa, donde se pensaba que la radioactividad estaría diluida adecuadamente.

Regresaron 15 horas después para entregar cubetas de pulpo y caracol marino en un mercado de pescados y mariscos en Soma, todavía en buena parte en ruinas, sin gran parte del techo, mismo que arrastró el tsunami. Las pruebas no encontraron nada de radioactividad en lo que pescaron.

Fusayuki Nambu, quien dirige la cooperativa local Soma Futaba, dijo que se había planeado otra salida para finales de semana, y, después, los funcionarios elaborarían planes de pesca más detallados.

“Todavía tememos porque no tenemos ninguna garantía de que alguien vaya a volver a comprar alguna vez pescado de Fukushima”, dijo. “Pero no podemos quedarnos ociosos para siempre”.

No hay certeza de que la población, a la cual le inquieta la radiación en general, vaya a confiar en el pescado atrapado en las costas de Fukushima. Muchos japoneses son cautelosos de las garantías gubernamentales en cuanto a los resultados de las pruebas, y Tokyo Electric ha generado más sospechas entre la población al negarse a que expertos independientes estudien las aguas dentro de la zona de exclusión de aproximadamente 20 kilómetros alrededor de la planta.

“No creo que nadie mentiría ahora sobre los niveles de radiación, pero, al final, es el consumidor el que decidirá”, dijo Yoshiaki Saito, un mayorista que maneja atún, cangrejo y otros productos marinos en el mercado de pescado Tsukiji en Tokio. Incluso en Soma, donde los compradores son solidarios con la situación difícil de los pescadores de la ciudad, muchos no permiten que sus hijos ni sus nietos coman pescados y mariscos locales.

“Yo comería cualquier cosa que pesquen, pero para Minami, es otra historia”, dijo Yasuo Yoshizawa, de 63 años, refiriéndose a su nieta de ocho años. “Sí quiero ver que reviva la industria pesquera, pero la salud de nuestros niños es lo más importante”.

Para la industria pesquera de Fukushima, el desastre nuclear apresuró una prolongada decadencia, y algunos pescadores dicen que no se atreven a reanudar la labor mientras no se muestre que hay niveles bajos de radiación en más especies cercanas a la costa.

“Claro que estamos desesperados por volver a empezar a pescar”, dijo Kazunori Yoshida de la cooperativa pesquera en Iwaki, al sur de la planta. “Pero no es seguro”.