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El gigantesco buque cisterna Neptune flotaba sin rumbo fijo en las cálidas aguas del Golfo Pérsico, con una capa fresca de pintura negra que apenas ocultaba su verdadera identidad como un barco iraní cargado de cientos de miles de barriles de petróleo que nadie está dispuesto a comprar.

El verdadero nombre del barco era Iran Astaneh, y era parte de una flota de unos 65 buques cisterna iraníes que sirven como instalaciones de almacenamiento flotantes para el petróleo iraní, cada uno después de recibir un maquillaje náutico para ocultar su origen y facilitar encontrar un comprador. A principios de julio, el Neptune había estado flotando ahí por un mes, y pescadores locales dijeron que había dos buques cisterna aún más grandes anclados cerca.

In, enfrentado a las sanciones económicas cada vez más estrictas impuestas por la comunidad internacional para obligarle a abandonar cualquier ambición de desarrollar armas nucleares, se ha mostrado renuente a reducir su producción petrolera, temiendo que el hacerlo pudiera dañar sus pozos. Pero Irán tiene espacio insuficiente para almacenar el crudo que no puede vender. Así que, mientras trabaja furiosamente en la construcción de capacidad de almacenamiento en tierra, ha recurrido al almacenamiento en el mar.

“Nunca hemos visto tantos sólo a la espera”, dijo Rostam, un pescador y contrabandista que regularmente trabaja en esta agua.

Después de años de desafío e insistir en que las sanciones apenas son sentidas internamente, los iraníes están reconociendo la ronda más reciente con creciente alarma. El Presidente Mahmud Ahmadineyad dijo recientemente que eran “las más fuertes hasta el momento”.

Expertos petroleros internacionales dicen que las exportaciones iraníes ya se han reducido en al menos una cuarta parte desde principios del año, costando a Irán unos 10,000 millones de dólares hasta ahora en ingresos perdidos. Muchos expertos dicen que las penurias apenas empiezan, ya que los precios del petróleo han estado cayendo y las ventas de Irán descenderían aun más con el embargo europeo que entró en vigor el 1º de julio.

“Están siendo exprimidos”, dijo Sadad Al Husseini, ex vicepresidente ejecutivo para exploración y desarrollo de Saudi Aramco, la compañía petrolera estatal saudita. “Es demasiado problema comprar petróleo iraní. ¿Por qué hacer enojar a Estados Unidos y Europa? Y el resto de la OPEP no está muy feliz con Irán tampoco”.

Un funcionarios petrolero keniano dijo recientemente a la agencia informativa Reutes que el país estaba cancelando un acuerdo para importar hasta 80,000 barriles de petróleo diarios de Irán después de que Gran Bretaña advirtió a Kenia que pudiera entrar en conflicto con las sanciones. Mientras tanto, Corea del Sur dijo que sus importaciones de petróleo iraní cayeron en casi 50 por ciento en mayo, comparado con abril.

El descenso en las ventas de crudo ha enfrentado a Teherán a múltiples desafíos. Además del impacto financiero, Irán tiene que decidir qué hacer con todo el petróleo que continúa produciendo. Irán está bombeando unos 2.8 millones de barriles diarios; ya un millón de barriles diarios menos desde principios de año. Pero está exportando sólo entre 1.6 y 1.8 millones de barriles diarios. El crudo no vendido está siendo almacenado en lo que se estima son dos tercios de la flota de buques cisterna iraní. La mayoría de los barcos están navegando en círculos por el Golfo Pérsico mientras Irán trata de vender la mayor parte del crudo pesado a precios de ganga.

Expertos petroleros internacionales estiman que Irán ahora está almacenando hasta 40 millones de barriles – aproximadamente dos semanas de producción – en los buques cisterna. Unos 10 millones de barriles adicionales están almacenados en tierra.

“Ahora nos vemos forzados a vender nuestro producto de exportación más valioso en secreto”, dijo Nader Karimi Joni, un periodista iraní especializado en petróleo. “Irán tenía una reputación grandiosa; ahora tenemos que falsificar facturas de cargamento, ocultar el origen del petrolero y almacenar crudo en barcos”.

El subterfugio opera en varios niveles, pero aquí, en las aguas frente a Bandar Abbas, todo gira en torno del buque cisterna, Neptune. Debajo de la pintura negra fresca, el caso del barco leva en nombre en inglés y en farsi de la compañía de buques tanque, NITC.

El barco, uno de los más pequeños de Irán, fue construido en 2000 en Corea del Sur. No lleva bandera, y su puerto de origen – Bushehr – primero fue cambiado a Valeta, Malta, el cual también ha sido repintado. Ahora decía Funafuti, la capital de la nación isleña de Tuvalu en el Océano Pacífico.

Para ocultar sus posiciones – y quizá ocular cuántos barcos cargados hay en el mar – los buques cisterna petroleros de Irán también apagan frecuentemente sus dispositivos de rastreo por GPS, según IHS Fairplay, una compañía de datos de rastreo de barcos con sede en Londres. Esta trazó el mapa de los últimos destinos conocidos de todos los buques cisterna de NITC, incluido el Iran Astaneh, y concluyó que los 21 fueron vistos por última vez en el Golfo Pérsico.

“Escuché que hay muchos más al norte cerca de las terminales petroleras”, dijo Rostam, el contrabandista, mientras conducía su pequeña nave al lado del buque cisterna. Los contrabandistas regularmente cruzan el Estrecho de Ormuz en pequeñas lanchas rápidas hacia la punta norte de Omán, dijeron Rostam y otros, recogiendo cajas de todo tipo de productos del mercado negro. A lo largo del camino, dijo Rostam, ve la evidencia física de la creciente tensión en la estrecha vía marítima que una quinta parte del petróleo del mundo debe surcar para llegar al mercado.

“Constantemente nos topamos con la Armada de Estados Unidos”, dijo Rostam. “Sólo nos detienen cuando nuestro barco está lleno de gente. No cuando estamos transportando mercancía”.

La armada de los Guardias Revolucionarios de Irán también está presente en las aguas y tiene su cuartel general en esta ciudad portuaria, comentó Rostam. La armada opera principalmente lanchas rápidas con lanzadores de misiles montados en la parte superior, con la intención de “superar en número” a barcos mucho más grandes de la Armada estadounidense con docenas de esas embarcaciones en caso de una confrontación.

Ese conflicto ha sucedido antes, y una derrota llevó a Irán a cambiar la doctrina militar de su armada. Durante un conflicto de un día en estas agua en 1988 entre Irán y Estados Unidos, una fragata iraní fue hundida, mientras que fuerzas iraníes afirmaron haber derribado un helicóptero estadounidense. Unos meses después, un barco de la Armada estadounidense derribó un avión comercial civil iraní, matando a 290 personas, un hecho que Irán conmemoró en julio. El país afirma que el avión fue derribado deliberadamente, mientras que Estados Unidos dice que fue un accidente.

La perspectiva de un enfrentamiento ahora pudiera crecer a medida que la presión aumenta en Irán mientras las sanciones, y los declinantes precios del petróleo, hacen profunda mella en los recursos financieros de Teherán.

Los precios del petróleo han caído en casi 10 por ciento desde principios del año – y aproximadamente 20 por ciento desde su clímax en marzo – debido al debilitamiento de la demanda de Europa, Estados Unidos y partes del mundo en desarrollo, así como una mayor producción de Arabia Saudita, Irak y Libia. Expertos petroleros estiman que los ingresos por exportación petrolera de Irán han descendido 35 por ciento en comparación con principios del año.

Cada vez más, funcionarios de Irán están advirtiendo a sus ciudadanos que se preparen para los tiempos difíciles por venir. Ali Akbar Salehi, el ministro de relaciones exteriores de Irán, hizo recientemente comparación con la guerra de ocho años entre Irán e Irak cuando discutió con reporteros las crecientes presiones sobre Irán.

El vicepresidente de Irán, Mohammad-Reza Rahimi, al hablar durante una conferencia religiosa, dijo que su país nunca sería detenido, y pidió el apoyo del pueblo, informó la televisión estatal. “Hoy, estamos enfrentando las sanciones más fuertes, y pedidos a la gente que ayude a los funcionarios en esta batalla”, declaró.

A bordo del Neptune, la tripulación sabía lo que eso significaba: matar el tiempo cuidando el crudo en el mar.

El 1º de julio, miembros de la tripulación caminaron penosamente por la cubierta bajo un sol abrasador y elevaron el ancla. Sabían que no iban a ninguna parte, pero aprovecharon la oportunidad de limpiar el óxido. Luego gritaron a los pasajeros en un esquife abajo, tratando de hacer una broma.

“Esperen cinco minutos”, dijo un marino. “Cuando el ancla caiga de nuevo, tomarán fotografías grandiosas”.

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