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Desde hace tiempo famoso como el eje de los flujos monetarios globales, el forjamiento de acuerdos y – sobre todo – la discreción, el centro financiero de Londres se ha convertido últimamente en un núcleo de una forma de actividad diferente: el escándalo financiero y el comportamiento inaceptable.

Operadores deshonestos que trabajan desde las oficinas londinenses de American International Group, UBS y JPMorgan Chase han registrado miles de millones de dólares de pérdidas en los últimos años. Los intentos para manipular una importante tasa de interés – la tasa ofrecida interbancaria de Londres, o Libor – se originaron en los pisos de operaciones de algunos de los bancos más grandes y más antiguos en Londres, como Barclays. Funcionarios gubernamentales de ambos lados del Atlántico están investigando cuántos bancos más se unieron.

Los tabloides que fustigan a los banqueros han agasajado a los lectores con relatos de ejecutivos de altos ingresos de Barclays – uno de los cuales lleva el improbable nombre de Rich Ricci – que probaron su suerte en las pistas de carreras.

Londres es difícilmente la única ciudad que ha caído bajo debido a las fechorías financieras, o donde residen los banqueros agresivos. Pero gracias a una tradición de siglos de conducta financiera cortés, se ha enorgullecido de estar por encima del resto, y los banqueros de la vieja escuela ahora lamentan que ese ya no sea el caso.

¿Qué sucedió?

Cundió la codicia, dijo Alexander S. Hoare, socio administrativo de C. Hoare & Company, fundada en 1672, quizá el último de los bancos de propiedad familiar que durante siglos fueron la base cultural y comercial de la City, el distrito financiero de Londres.

Como virtualmente todas las instituciones antes fieramente independientes de Gran Bretaña fueron absorbidas por bancos globales más grandes en las últimas dos décadas, la industria financiera en Londres se ha vuelto menos un club de caballeros y más como Wall Street, quizá demasiado grande, extensa y pendenciera para que sea vigilada de manera efectiva.

“Hemos visto una cultura altamente ajena que ha penetrado a todos estos grandes bancos”, dijo Hoare, sentado en una de las lujosas salas de estar del banco, de cuyas paredes contemplan fijamente los retratos de las 10 generaciones de Hoare de mirada severa que dirigieron el banco antes que él y sus primos. “Y toda esta regulación no ha solucionado el problema de la toma de riesgos excesiva”.

No son sólo los tradicionalistas como Hoare quienes dicen que las cosas están mal.

En una serie de informes elaborados por el Fondo Monetario Internacional el año pasado sobre el sistema financiero británico, el fondo advirtió la supervisión de las actividades de la banca de inversión y el multibillonario mercado de Londres “necesita ser mejorada” y que “sin una supervisión intensiva de la toma de riesgos de la banca de inversión no puede asegurarse la estabilidad financiera nacional y mundial”.

Por supuesto, nadie espera un regreso a los acuerdos que eran forjados por los ex alumnos de Eton durante un almuerzo de dos horas en el comedor de los socios. Con el fin de las comisiones fijas en 1986, los bancos estadounidenses y europeos penetraron en el mercado, y pronto estaban ganando mucho dinero los banqueros y operadores híper-ambiciosos, aunque menos bien conectados, que tomaban sus rebanadas de los billones de dólares que pasaban por la City.

Kleinwort Benson y Morgan Grenfell fueron comprados por grandes bancos alemanes, S.G. Warburg pasó a ser propiedad de UBS. Cazenove, el corredor de bolsa de la reina, pasó más recientemente a formar parte de JPMorgan Chase.

En ocasiones, los británicos tradicionalistas que dirigían a estas instituciones se quedaron. Pero en la mayoría de los casos se fueron.

Incluso el centro geográfico empezó a cambiar, con el centro de gravedad ya no dentro de los 2.5 kilómetros cuadrados que comprenden la City. En 2005, Barclays abandonó su antigua base en Lombard Street por las brillantes torres de Canary Wharf.

De hecho, fue esta invasión bancaria y el rápido crecimiento de Londres en un centro de operaciones globales lo que provocó que Barclays se alejara de sus raíces cuáqueras y reclutara a Robert E. Diamond Jr. para crear su propia operación de banca de inversión. Diamond renunció en julio por el escándalo Libor.

Pese a algunas quejas sobre los crecientes salarios y riesgos, Gran Bretaña dio la bienvenida a la transformación. El empleo en las industrias financieras entró en auge, con los puestos de servicios financieros aumentando a alrededor de un millón actualmente respecto de unos 300,000 a principios de los años 80. Los crecientes ingresos ayudaron a compensar la declinación de las industrias manufactureras, y en la última década estimularon un crecimiento y un auge inmobiliario.

Ahora, la economía de 2.2 billones de dólares de Gran Bretaña se ve empequeñecida por los 15 billones de dólares en activos bancarios que se albergan en la City; alrededor de la mitad de los cuales toman la forma volátil de préstamos interbancarios y valores derivados de alto riesgo. Y la preocupación es que lo que una vez fue un activo se haya convertido en un pasivo, con la City volviéndose, de hecho, demasiado grande para ser regulada.

“Si la gente está recibiendo rendimientos y salarios fantásticos, eso significa que se está corriendo un riesgo; y es la labor del regulador hacer algo al respecto”, dijo Gerard Caprio, co-autor de “Guardians of Finance”, un libro que argumenta que han sido las actitudes laxas de los reguladores las que han contribuido principalmente a los recientes escándalos y crisis.

El gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn A. King, está encabezando a un nuevo equipo de supervisores dentro del banco central, llamado Comité de Política Financiera, que controlará a los bancos comerciales del país y los riesgos que representan.

Durante mucho tiempo contrario a la idea de los rescates bancarios, King fue filosóficamente aguijoneado cuando él y el gobierno tuvieron que apuntalar a los enfermos bancos británicos. Desde entonces, ha encabezado la carga para demandar no sólo una regulación más estricta y un capital más elevado, sino una separación de las operaciones de las funciones de recepción de depósitos; una propuesta que se espera se convierta en ley para 2019.

Durante un discurso reciente, Robert Jenkins, que es miembro del comité de supervisión reguladora de King, ofreció una solución novedosa – y, admitió, irónica – a la queja de los banqueros de que ellos y el país sufrirán por una regulación excesiva. Qué tal si los reguladores llegan a un acuerdo con los banqueros: nada de nuevas reglas y restricciones a cambio de que los bancos acepten tener un colchón de efectivo de 20 por ciento de los activos totales; más del doble de la cantidad que ahora se demanda a los bancos como una medida de seguridad básica.

Hay una pequeña probabilidad, por supuesto, de que una moratoria reguladora que está siendo pedida durante una ola de escándalos, pero la idea se remonta a un primer periodo en la historia de la City en que los bancos comerciales recibían depósitos y los bancos de inversión corrían los riesgos. Y como era solamente el capital de los socios el que estaba en juego cuando se hacían estas apuestas – no los depósitos de los clientes _, la necesidad de una regulación intrusiva no era tan grande.

Terry Smith, director ejecutivo de Tullett Prebon, una firma de corretaje londinense, argumenta a favor de un enfoque más radical: Hacer ilegal que los bancos de inversión y los bancos comerciales existan bajo la misma estructura corporativa.

“Cuando se combinan los bancos de inversión con los bancos comerciales, los banqueros de inversión siempre terminarán a cargo”, dijo. “Al dividirlos se tendrían bancos comerciales más fuertes y mejores bancos de inversión, y si eso nos hace retroceder al pasado, bueno, no hay nada malo en ello”.