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A medida que Japón ha cedido predominio en industria tras industria que en otra época elevaron a esta nación a la grandeza económica, han abundado los señalamientos de culpabilidad. Un desastre nuclear que elevó los costos de la electricidad. La falta de espíritu emprendedor. La fuerza laboral de China, relativamente barata.

Pero, con frecuencia cada vez mayor, líderes empresariales destacan un problema que el gobierno, cuando menos parcialmente, tiene el poder de controlar: un fuerte yen que ha vuelto productos japoneses, desde televisores hasta chips de memoria, prohibitivamente caros en el extranjero.

Una de las grandes razones, destacan analistas y algunos políticos, es simple, aunque generalmente no se menciona: un yen en altos niveles beneficia a la población anciana de Japón, que crece a grandes pasos, incluso si lastima a otras partes del país.

Al acelerar la ola de productos importados más baratos que entra a Japón, el fuerte yen está contribuyendo a la deflación, un descenso más extenso en los precios de bienes y servicios, lo cual ha contribuido a que los jubilados incrementen sus pensiones y ahorros. La inacción resultante sobre el yen, con base en un número cada vez mayor de economistas y políticos, refleja una nueva realidad política, al tiempo que indecisos dirigentes aborrecen molestar a jubilados de la generación de Posguerra que conforman más de un cuarto de la población y tienden a votar en altos porcentajes.

“La tolerancia de Japón hacia el fuerte yen y la deflación está arraigada en un choque generacional”, destacó Yutaka Harada, catedrático de Ciencia Política y Economía en la Universidad Waseda de Tokio. “Y por ahora, los adultos mayores están ganando”.

Este lunes, el gobierno divulgó el borrador final de una nueva estrategia económica que, arguye, contribuirá a romper lo que describió como un círculo vicioso de un fuerte yen y deflación. Pero, aun cuando el muy esperado plan identifica el meollo del problema como la población entrada en años de Japón y su menguante fuerza exportadora, algunos analistas destacaron que el modesto enfoque del gobierno no logra arremeter sobre los intereses enquistados, incluidos los ancianos, que se han interpuesto por largo tiempo al cambio fundamental.

Japón puede ubicar el comienzo del ascenso más reciente del yen en el pánico económico a lo largo del mundo que empezó en Estados Unidos y se extendió a Europa. Justo antes de los primeros sacudones de la crisis de la vivienda en Estados Unidos en 2007, el tipo de cambio se mantuvo en 123 yenes contra el dólar, ya que el Banco de Japón mantuvo las tasas de interés en bajos niveles para estimular el crecimiento, en tanto el dinero salía de Japón en busca de rendimientos mayores.

Tras el comienzo de la crisis, crecientes dudas con respecto a la firmeza de bancos estadounidenses y europeos y la capacidad de gobiernos para apoyarlos, la ola del dinero se revirtió. Japón, con su enorme colchón de seguridad de ahorradores internos, repentinamente se convirtió en un refugio para inversionistas, impulsando un alza del yen.

El yen registró un alto nivel de Posguerra de aproximadamente 76 contra el dólar en febrero y actualmente sigue cerca de ese nivel, comercializándose este miércoles en aproximadamente 78 contra el dólar.

No sería fácil revertir el valor de la divisa de Japón; las tendencias macroeconómicas en el mundo favorecen actualmente un yen fuerte. Tampoco es que la mayoría de los expertos estén sugiriendo que las consideraciones sobre los viejos sean la única causa de la parálisis política de Japón con respecto a cómo se puede revitalizar su economía.

La oficina del Primer Ministro japonés, Yoshihiko Noda, ha defendido el manejo de la divisa por parte del gobierno, no solo presentando su nuevo plan sino también destacando que a las empresas se les ha ofrecido 6,000 millones de dólares en subsidios para ayudarles a pasar a productos de mayor nivel, que son menos susceptibles a la competencia de otros exportadores asiáticos.

En el ínterin, el ministerio de Finanzas ha aplicado pequeñas medidas enfocadas a reducir el yen mediante la compra de un total de 200,000 millones de dólares en divisa estadounidense durante los últimos dos años. Sin embargo, algunos funcionarios dijeron que sus cuatro movimientos nunca tuvieron el propósito de hacer más que contener repuntes impulsados por especuladores.

Una medida más efectiva, dijeron economistas, sería que el banco de Japón esencialmente imprimiera más dinero, fomentando que cayera el valor de la divisa. La Reserva Federal ha hecho justamente eso en respuesta a la crisis financiera y la debilidad económica en Estados Unidos, manteniendo en bajos niveles el valor del dólar y contribuyendo a fomentar un firme aumento de las exportaciones estadounidenses.

Los detractores de lo anterior dicen que la enquistada burocracia del banco central se ha resistido a hacer algo similar en años recientes, debido a un anticuado temor a reavivar la rampante inflación de la economía de burbuja de los 80. Sin embargo, el banco argumenta que tiene poco sentido intervenir sin ajustes económicos de mayor alcance, como desregular a protegidas industrias nacionales a fin de impulsar la competencia.

A medida que continúan con intensidad ese tipo de debates, el yen supercargado apuntala la capacidad de los japoneses para comprar bienes extranjeros y para viajar al extranjero, pero sigue consumiendo los cimientos de la economía, lastimando a empresas que van desde la poderosa Toyota hasta las pequeñas como Kyouwa, que manufactura equipo de automatización fabril en la rural Seki, a una hora al oeste de la ciudad industrial de Shizuoka.

El dueño de segunda generación de Kyouwa, Ryuji Usuda, dijo que finalmente había decidido, después de haber perdido un importante cliente japonés el año pasado ante un rival coreano, que no tenía más opción que mudar su línea de producción a una nueva fábrica en Vietnam. Dijo que la planta le permitiría fabricar máquinas por 30 a 40 por ciento menos que en Japón.

“Muy pronto, nada se producirá en Japón”, dijo Usuda, de 40 años, quien notó que muchas de las fábricas japonesas a las que abastecía también se estaban mudando al Sureste de Asia.

El año pasado, el flujo entrante de productos provenientes del extranjero contribuyó con el primer déficit de comercio anual de Japón en 31 años. Algunos integrantes del Parlamento incluso han empezado a organizar algo similar a una insurgencia política. Sin embargo, han logrado escaso progreso para alterar el cálculo político que subyace.

“La fuerza del yen le roba a la juventud, pero aún no hay mucha conciencia aquí sobre las desigualdades generacionales”, dijo Keiichiro Asao del opositor Tu Partido.

 

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