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Desde su fundación hace 127 años, la fábrica Fernández y Roche, en la periferia de la capital andaluza, ha superado todas las crisis que han enfrentado los fabricantes de sombreros.

La fábrica superó la tendencia de los años treinta que marcaba evitar los sombreros de ala. También sobrevivió la decreciente popularidad de las birretas y saturnos usados por los sacerdotes católico romanos. Y, actualmente, está haciendo frente a la baja que se registra en España en la venta del símbolo más elemental de Andalucía, el sombrero cordobés de ala ancha que usan los jinetes y toreros ocasionales.

Pero, a pesar de la crisis económica española, el fabricante de sombreros está saliendo adelante gracias a una fuente de ingresos insólita: la venta de miles de sombreros negros cada año a los judíos jasídicos de Satmar en Jerusalén y en el distrito de Brooklyn en la Ciudad de Nueva York.

“Nos están salvando de la crisis,” señaló Miguel García Gutiérrez, de 35 años, director ejecutivo de la fábrica Roche, oficialmente conocida como Industrias Sombrereras Españolas, que opera en un parque industrial de Salteras, a unos 14 kilómetros de Sevilla. “Existe un mercado importante en España en el sector de sombreros tradicionales pero con la crisis esas ventas se han desplomado entre 20 y 30 por ciento en los últimos tres años. Sin embargo, nuestras ventas de sombreros para los judíos ortodoxos están aumentando.”

El negocio está floreciendo a pesar de que los extraordinarios artesanos de Andalucía están sufriendo por la caída en la demanda que se observa en los débiles mercados internos. Esto incluye a todos los artesanos, desde los artistas de tercera generación que fabrican las “borlas” – los flecos sedosos que se balancean en los elaborados tronos religiosos – hasta las familias que bordan las vestiduras de las estatuas de la Virgen María que recorren las calles de Sevilla durante las importantes fiestas de Semana Santa de la ciudad.

Los satmars, una de las sectas jasídicas más grandes del mundo, con más de 150,000 miembros, abandonaron Hungría y Rumania después de la Segunda Guerra Mundial y se establecieron en Williamsburg, Brooklyn, su principal bastión. También existen comunidades en Jerusalén y Londres.

La fábrica española empezó a exportar sombreros a los enclaves del grupo establecido en Brooklyn en 1980, después de que un fabricante de sombreros estadounidense cerró sus puertas y una tienda de Brooklyn, Kova Quality Hatters, empezó a buscar nuevos fabricantes.

Hoy en día, la fábrica todavía produce las tradicionales monteras para los toreros, un nicho de mercado estable, y los sombreros militares con plumas que se elaboran utilizando una colección de más de 2,000 moldes de madera. Pero su producto de mayor crecimiento es el sombrero básico de fieltro negro que alcanza cifras de más de 12,500 piezas al año – que son adquiridas, en su mayoría, por la creciente secta Satmar. Más de 70 por ciento de todos los sombreros son exportados a Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Bélgica e Israel.

Los sombreros que se producen para el mercado de los judíos ortodoxos no figuran en ningún catálogo o sitio web. Los tres modelos más populares se caracterizan por su estilo distintivo y se identifican por sus nombres: Bent Up (copa tipo bombín), Snap Brim (ajuste de ala) y el Clergy (clerical) que no tiene pliegue en la copa y tiene las alas cosidas con un ribete.

“Podría parecer que son sombreros negros muy similares pero, en realidad, este grupo tiene sus propios modelos,” indicó García. “Los estilos están evolucionando constantemente. La copa puede ser más alta o más baja y la ala más ancha o más estrecha.”

Esas diferencias apenas perceptibles en los sombreros negros representan elementos importantes, según Ester Muchawsky-Schnapper, etnógrafa y curadora de una popular exhibición que atrae a 800 personas diarias al Museo de Israel en Jerusalén sobre las vidas y costumbres de los judíos jasídicos, incluyendo la secta Satmar y sus sombreros. Algunos grupos usan sombreros con cintas de satén alrededor de la copa que se amarran en un lazo del lado derecho mientras que otros lo usan en el izquierdo, dijo Muchawsky-Schnapper y agregó que estas diferencias dependen de la elección de los dirigentes y miembros de los grupos. Las alas constituyen una característica determinante.

“Podemos identificar a los diferentes grupos por sus sombreros,” indicó y observó que otra secta jasídica, los lubavitchers, traen un pliegue en forma de triángulo en la copa que significa “sabiduría, conocimiento y entendimiento.” Los satmars de Jerusalén usan un sombrero muy plano de pelo de conejo que es más aterciopelado que los sombreros satmar de Nueva York, señaló.

En el barrio de Borough Park de Brooklyn, Albert Ehrman pertenece a la segunda generación familiar que administra la empresa Kova Quality Hatters con medio siglo de antigüedad y fachada de ladrillo. Cada año viaja al sur de España con su esposa Miriam para inspeccionar personalmente los sombreros Clergy que son los más populares entre sus clientes satmar.

Este verano Albert Ehrman pasó horas con una pequeña regla de metal, midiendo las alas de los sombreros para verificar su uniformidad y pedir una “buena orilla afilada” para los sombreros Clergy, que últimamente se han ido estrechando y se han estado vendiendo hasta por 175 dólares en Estados Unidos. La fábrica está equipada con máquinas cardadoras de madera muy raras que datan de principios del siglo pasado y que son utilizadas para producir fieltro de piel de conejo, liebre y castor. La mayoría de sus 40 empleados aprendieron el oficio en la fábrica ya que no hay clases para sombrereros.

En verano, cuando el aire es seco, el fieltro es moldeado en copas y endurecido con una resina dorada de la India, antes de darle forma con vapor. Después, las costureras cosen las bandas, cintas y etiquetas, algunas en una clásica máquina de coser Willcox and Gibbs.

“Tratamos de eliminar los errores del sistema,” indicó Ehrman, levantando la voz por encima del ruido de la fábrica. “Nuestros clientes son mucho más precisos que los empleados de esta fábrica. La forma debe ser exacta. Cuando usan el sombrero, quieren que tenga una apariencia impecable, no solo una textura suave que se usa como caiga.”

Una visita a su tienda es un rito que pasa de generación en generación de familias que traen a los niños cuando cumplen 13 años para elegir sus Snap Brims y Clergys de fabricación española. Con frecuencia, los sombreros son llamados simplemente un “Roche,” abreviatura de la compañía Fernández y Roche aunque, por coincidencia, también significa “cabeza” en hebreo.