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Son el elemento básico de la mayoría de las prácticas dermatológicas: las cremas y los ungüentos para tratar todo, desde erupciones hasta pie de atleta o sarna. Muchos doctores recetan los fármacos sin pensarlo dos veces. Sin embargo, son cada vez más los pacientes, dicen los dermatólogos, que se quejan de un aumento reciente, misterioso y rápido en el precio.

Por ejemplo, la betamethasone dipropionate, una crema utilizada para aliviar la picazón en la piel. En 2008, un tubo costaba 18.17 dólares. Hoy, la medicina cuesta 71.28 dólares, según el Libro Rojo, donde está registrado el precio al mayoreo de los fármacos. La crema Permethrin, que elimina los ácaros de la sarna, costaba 29.25 dólares en 2008, pero se disparó a 71.08 hoy día.

Los doctores y pacientes están perplejos por los elevados incrementos en los precios. “Me parece que algo está pasando, pero no tengo datos cuantitativos”, comentó el doctor Steven R. Feldman, un profesor de Dermatología en el Centro Médico Bautista Wake Forest en Winston-Salmen, Carolina del Norte. “Nunca habría pensado que estos medicamentos genéricos de antaño serían muy caros”.

Los ingresos agregados por los precios más altos han mejorado los balances de un puñado de compañías que hacen esos medicamentos, e, incluso, se los ha mencionado en la compra muy reñida de una de las empresas que pretende hacer Sun Pharmaceuticals, un fabricante de fármacos basado en India.

El fenómeno ofrece una ventana hacia el mundo turbio y a menudo ilógico de la fijación del precio de los fármacos, donde no siempre rigen las leyes de la oferta y la demanda de rigor.

“En la mayoría de los mercados, la economía básica diría que entre más bajo el precio, más alto el volumen”, dijo Les Funtleyder, el gerente del fondo de atención de la salud de Poliwogg, un fondo capital riesgo y de cobertura. “Pero la atención de la salud no es uno de esos mercados estándares”.

Cuando los médicos escriben la receta, no consideran, a menudo, el precio del fármaco. Y, dado que muchos pacientes tienen cobertura para los medicamentos que requieren receta médica, con frecuencia, también ignoran el costo. La situación puede crear una apertura lucrativa para algunas compañías, especialmente en un rincón de bajo perfil en la industria, como la dermatología, donde los incrementos en los precios podrían no atraer mayor atención. “Podrías tener a mucha gente con comezón, pero puede pasarla bien”, dijo Funtleyder. “Un sarpullido no es una emergencia de salud pública”.

Aun así, algunos médicos dijeron que los precios son inaceptables. “Los pacientes se quejan de eso en cada consulta”, comentó el doctor Mark G. Lebwohl, el presidente del consejo médico de la Fundación Nacional de Psoriasis y de dermatología en el Centro Médico Monte Sinaí en Manhattan. “Creo que es indignante que el costo de una crema genérica, o de cualquier crema, exceda el costo de una consulta médica”.

La mayoría de las cremas y ungüentos genéricos en Estados Unidos están hechos por tres compañías: Perrigo, Taro y Fougera, misma que hace poco adquirió Sandoz, la división de genéricos de Novartis. Es un negocio especializado, que requiere tanto el equipo como la pericia adecuados. Antes de obtener la autorización para hacer un fármaco, las compañías deben demostrarle a la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por sus siglas en inglés) que sus cremas se absorben a través de la piel en las mismas cantidades que las que son de marca, una tarea más difícil que demostrar que una píldora genérica es equivalente.

“Se requiere mucho más tiempo y es más caro lograr que se aprueben estas drogas”, dijo Brian Sheehy, socio administrativo de IsZo Capital, un accionista minoritario en Taro, quien dijo que el mayor escrutinio de la FDA a las prácticas de fabricación elevó los costos y obligó a algunas empresas a dejar de fabricar ciertos medicamentos. Así es que aun si aumentan los precios, “sigue sin valer la pena que alguien pierda el tiempo para abastecer al mercado”.

En total, los precios de más de una docena de los medicamentos dermatológicos genéricos han aumentado en forma significativa desde 2010, de acuerdo con el distribuidor Cardinal Health, que rastrea las fluctuaciones en los precios de los fármacos genéricas.

Express Scripts, el administrador de prestaciones de farmacia, encontró que el gasto total en medicamentos dermatológicos aumentó 18.2 por ciento en los primeros cinco meses de 2012 respecto del año pasado, causados principalmente por el incremento cada vez mayor en las recetas individuales.

Jim Grossman, un ejecutivo de relaciones públicas en Nueva York, dijo que se sorprendió cuando Target le pidió hace poco que pagara cerca de 24 dólares por una crema fungicida nystatin y triamcinolone que fabrica Taro, la cual ha usado durante años en forma intermitente. Había estado en la lista de genéricos que Target vende por cuatro dólares.

“Puedo entender por qué podría subir el precio, pero no subir seis veces de un jalón”, dijo Grossman. Agregó que Target le permitió pagar el precio de cuatro dólares cuando se quejó.

James Kedrowski, el director ejecutivo interino de Taro, dijo que la compañía hizo lo mejor que pudo para ofrecer precios justos a los clientes. Sin embargo, señaló, las estructuras de los precios en muchos de sus productos eran tan bajas que otros fabricantes de fármacos “se estaban saliendo porque no podían ganar nada de dinero”.

No quiere decir que las compañías no estén cosechando los beneficios de los incrementos en los precios. En un llamamiento de ingresos en mayo, el presidente y director ejecutivo de Perrigo,

Joseph C. Papa, dijo a los inversionistas que “un entorno favorable para fijar precios” en el negocio de los medicamentos con receta médica de la compañía era una razón importante por la cual las ventas habían aumentado 84 por ciento en el último trimestre.

Perrigo y Sandoz declinaron comentar sobre las estrategias para fijar precios. No obstante, Sandoz dice en una declaración que “creemos que los complejos genéricos dermatológicos, difíciles de fabricar, siguen ofreciendo gran valor a los pacientes y pagadores estadounidenses”.

Si los incrementos en los precios durarán, es materia de debate. Kedrowski dijo que en algunos casos los precios empiezan a bajar a medida que los competidores que habían dejado de producir ciertos medicamentos vieron una oportunidad y retornaron al mercado. Hasta hace poco, Taro era el único productor de nystatin, dijo, pero ahora la empresa tiene cuatro competidores. El precio de la crema que usa Grossman, una combinación de nystatin y triamcinolone, sigue siendo elevado.

“Básicamente, creemos que el mercado se resolverá solo”, dijo Kedrowski.

Un analista hizo eco de esa opinión al decir que hay signos de que ya empezaron a bajar los precios de algunos fármacos, aun si no se refleja en los datos disponibles, mismos que son notoriamente vagos.

Sin embargo, no todos están de acuerdo. La cuestión de si los precios seguirán siendo altos se ha convertido en detonante de una disputa entre Sun Pharmaceuticals, dueña de dos tercios de Taro, y accionistas minoritarios que han argumentado que las acciones valen más de lo que ofrece Sun. En julio, un comité especial del consejo de administración rechazó una propuesta de adquisición presentada por Sun, describiéndola como inadecuada.

Sheehy de IsZo Capital se ha opuesto a la adquisición argumentando que los precios más elevados llegaron para quedarse. “Es una situación extraña porque todos estos productos en lo individual son pequeñitos, pero colectivamente, son significativos”, agregó*.