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Micaela Pallini estaba de pie en medio del embriagador perfume del sambuca con aroma a anís en la destilería romana dirigida por su familia durante cinco generaciones y señaló a una brillante hilera de botellas que salían de la línea de empaque.

Recientemente tuvo la oportunidad de duplicar la producción del popular licor italiano y extender el alcance de la compañía de 137 años de antigüedad contratando más personas para una empresa conjunta con un socio italiano.

“Pero no seguimos adelante”, dijo Pallini, directora ejecutiva de Pallini, que vende licores, incluidos sambuca y limoncello, en todo el mundo. “Si la empresa fracasaba, las leyes italianas hacen casi imposible recortar nuestra fuerza laboral para ajustar los costos”, dijo. “Es un riesgo que no podíamos permitirnos correr”.

Mientras Italia se tambalea al borde de la crisis de deuda de Europa, su mercado laboral notablemente rígido se ha vuelto un pararrayos para los problemas fiscales y económicos de la nación. La economía está inmersa en una prolongada recesión, y el desempleo se mantiene por encima del 10 por ciento, en gran parte porque miles de pequeñas compañías como Pallini enfrentan obstáculos al crecimiento cada vez más insalvables.

El Primer Ministro Mario Monti está abordando el asunto de frente, un desafío en un país asediado por la corrupción, la burocracia paralizante y un torpe sistema judicial cuyos fallos en casos laborales a menudo se inclinan hacia mantener a la gente en sus empleos de por vida. Después de una cáustica batalla con los poderosos sindicatos de Italia, Monti impulsó en la primavera medidas destinadas a ayudar a la economía creando incentivos para que las empresas hicieran contrataciones; en parte facilitando también reducir las fuerzas laborales en tiempos de crisis económica.

La revisión ha sido bienvenida por los patrones y no podía llegar en un momento más crítico para Italia. La economía, la más grande de la zona del euro después de las de Alemania y Francia, sigue siendo una de las más ricas del mundo en términos de riqueza familiar neta. Pero el Fondo Monetario Internacional ha pronosticado sólo una lenta recuperación para Italia si no se adoptan cambios de políticas. La carga de deuda del gobierno italiano es la segunda más grande después de la de Grecia, en 120 por ciento del producto interno bruto, y el FMI espera que aumente a 125 por ciento este año.

Italia también enfrenta un peligro más inminente: A medida que la crisis del euro se ha extendido a la otra gran economía en problemas de la región, España, los inversionistas han elevado frecuentemente los costos del endeudamiento de Italia por encima del 6 por ciento en medio de temores de que Roma eventualmente tuviera que pedir ayuda financiera a sus socios europeos.

Aunque las revisiones del mercado laboral pudieran ayudar, economistas dicen que no es seguro que aviven el crecimiento con la suficiente rapidez para enmendar las finanzas de Italia.

“Seguimos lejos de ofrecer un nuevo diseño general de las instituciones del mercado laboral italiano”, escribió Luca Nunziata, profesor de economía en la Universidad de Padua, en un informe reciente para CESifo, un grupo de investigación económica. La cuestión, dijo, es si las reformas “pueden encarrilar de nuevo al país”.

El crecimiento real pudiera depender también de liberar el potencial de pequeñas empresas como Pallini. En muchas formas, la compañía, fundada en 1875, representa el rostro de la industria italiana. Aunque la etiqueta de “hecho en Italia” es promovida con grandes íconos de marca como Ferrari, Gucci o Barilla, la columna vertebral de la economía son las pequeñas empresas como la de Pallini que emplean a entre 10 y 30 personas. A menudo, las compañías han estado en la familia por generaciones.

Después de la Primera Guerra Mundial, se estableció una boutique Pallini al lado del Panteón. En los años 60, el padre de Pallini, Virgilio, se amplió a una fábrica más moderna en las afueras industriales de la ciudad, donde la compañía aún produce sus licores. Actualmente, 26 personas están involucradas en la producción y venta de los dos productos principales de Pallini, sambuca romana y limoncello, para exportar a mercados en Estados Unidos y Europa. La compañía de propiedad privada tuvo 10 millones de euros, o 12.3 millones de dólares, en ingresos el año pasado.

En una tarde reciente, los trabajadores metían botellas de limoncello en cajas adornadas con una florida impresión de un limonero, y envolvían con plástico las cajas de licor destinadas a Bélgica. Un químico inspeccionaba un lote de alcohol de durazsno usado en los bares en todo el mundo para los cocteles Bellini, mientras una máquina medía la canela, la flor de saúco y el cardamomo destinados a la infusión de un gigantesco tanque de sambuca.

Pero el sueño de Pallini de llevar a la empresa a una mayor escala y rentabilidad se ha topado con obstáculos. Por un lado, los costos laborales son prohibitivamente altos, debido a una serie de impuestos que principalmente se destinan a apoyar al torpe gobierno de Italia y una extensa red de seguridad social. Los salarios son establecidos a través de la negociación colectiva. Por un trabajador promedio con un salario neto de 1,100 euros al mes, dijo Pallini, el costo total para su compañía, incluidos impuestos y cargos sociales, es de 2,500 euros.

Esos costos han aumentado conforme la crisis europea se profundiza, añadió, porque el nivel de impuestos que paga para pensiones depende de la salud de las finanzas públicas, que se han deteriorado rápidamente. Sumar un nuevo turno de producción, dijo, “significaría un costo de mano de obra tan alto que no sería posible competir”.

Lo que es más, deshacerse de los trabajadores de bajo desempeño a menudo puede tomar hasta tres años y se incurren en altos costos legales. Los empleados a menudo presentan demandas para combatir los despidos y, en muchos casos, los jueves fallan a favor de su reinstalación. Mientras tanto, se sigue pagando al trabajador.

Pallini citó un juicio de dos años en el cual un juez reinstaló al empleado de una tienda de abarrotes que robó 80 euros (98 dólares) después de que concluir que el empleado no debería haber perdido su empleo por una cantidad tan pequeña.

En la propia fábrica de Pallini, un empleado sospechoso de robar tuvo que ser observado durante dos años antes de ser atrapado en el acto. La videocinta que había captado sus robos no era admisible en el tribunal, de manera que su padre y dos empleados tuvieron que pasar incontables horas reuniendo evidencia irrefutable para asegurarse de que los jueces eventualmente no reinstalaran al hombre.

En contraste, un patrón del sector privado en Estados Unidos podía haber suspendido al empleado tan pronto como el robo hubiera sido detectado, a menudo que un contrato sindical estuviera involucrado o se violaran las leyes contra la discriminación.

En otro caso, Pallini dijo que las leyes laborales italianas permitieron que un trabajador improductivo ejerciera su opción de trabajar tres años más allá de la edad de retiro, aun cuando el empleado era lento e incapaz de operar cierta maquinaria crucial. “Durante ese periodo podíamos haber contratado a alguien nuevo y dinámico”, dijo, “pero no pudimos porque era demasiado costoso añadir a otra persona a la nómina”.

Su padre, Virgilio, se siente alentado de que Monti esté facilitando más que las empresas reduzcan sus fuerzas laborales si la contracción en el crecimiento las pone en peligro. Pero está esperando ver cómo será aplicada la nueva ley, especialmente ya que la economía global titubeante pesa sobre las ventas.

Mientras tanto, padre e hija piensan en formas de crecer, la crisis financiera está constantemente en su mente. Están acumulando reservas de capital para evitar depender de los bancos para cualquier expansión.

“Los préstamos son muy costosos ahora, y están elevándose más conforme aumentan los diferenciales sobre la deuda italiana”, dijo Virgilio Pallini, citando tasas de interés comerciales de entre 7 y 10 por ciento. Varios clientes italianos están en horribles problemas financieros, añadió, “porque los bancos están destinando el dinero a comprar deuda del gobierno en vez de prestar a las empresas”. Pallini ha dejado de proveer a esos clientes por el riesgo de que no le paguen.

La contracción del crédito pone a las empresas italianas “en una enorme desventaja ante los comerciantes alemanes que están recibiendo financiamiento al 2 por ciento”, añadió su hija. “Demuestra cómo la enorme deuda de Italia realmente está siendo pagada por todos”.