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En las oficinas centrales de Facebook, un cartel rojo y blanco pegado a la pared pregunta sin rodeos: ¿Qué podría salir mal?

Abajo, en tinta negra, alguien garabateó unas letritas: “Todo”.

El cartel, uno de varios exhibidos por las extensas instalaciones, es parte de la cultura de arriesgarse con empresas emergentes de la compañía, como lo es el hecho de que la administración no ha quitado el que está pintarrajeado. Sin embargo, a medida que la compañía pierde lustre en Wall Street, este intercambio en la pared señala hacia el giro inverosímil que dio el cuento de hadas de Facebook. Otrora elogiada como la compañía tecnológica más valiosa que hubiese llegado a Wall Street, a finales de agosto, Facebook solo valía poco más de la mitad que hace tres meses. Los analistas de Wall Street se preguntan abiertamente si su director ejecutivo Mark Zuckerberg, tiene las habilidades empresariales para cumplir sus promesas.

Los problemas de Facebook comenzaron en serio con una oferta pública inicial excepcionalmente ambiciosas. Pareciera que hasta la gente de más edad que eligió Zuckerberg, de 28 años, para operar el aspecto empresarial de la compañía –Sheryl Sandberg, la directora ejecutiva de operaciones, y David Ebersman, el director ejecutivo de finanzas–, no tuvieron las habilidades suficientes para evitar el desastre. Ni tampoco los banqueros que manejaron la transacción, incluido Goldman Sachs y Morgan Stanley.

“La compañía padece una enfermedad clásica: cotizó en Bolsa a un valor demasiado elevado”, notó Dan Alpert, un socio en Westwood Capital, un banco de inversiones que no participó en la oferta de Facebook.

El reto para los ejecutivos de Facebook, dijo Alpert, es persuadir al mercado que no es una moda y que sus gerentes tienen el plan de acción para ganar dinero.

En lo que pasa como buenas noticias para Facebook hoy día, la firma de investigación de inversiones Morningstar, dijo que las acciones están casi lo suficientemente baratas como para considerar comprar, pero advirtió que el precio todavía no toca fondo.

Ese giro del destino refleja, de muchas formas, la tensión entre dos culturas lucrativas en Silicon Valley y Wall Street. Son tan simbióticas como mutuamente displicentes. Están igualmente centradas en hacer dinero, pero tienen distintos enfoques.

Wall Street quiere ver un crecimiento rápido en los ingresos, dada la todavía elevada tasación de cerca de 50,000 millones de dólares de Facebook. Los ejecutivos de esta aconsejan paciencia. Dicen que están construyendo las herramientas que cambiarán por siempre al mundo, pero todavía tienen que revelar cualquier detalle sobre cómo planean incrementar rápidamente las ganancias.

“Lo importante para nosotros es mantenernos centrados en el hecho de que hoy somos la misma compañía que fuimos antes”, señaló Ebersman en la primera teleconferencia sobre los estados financieros de la compañía a finales de julio. Inmediatamente después se cayeron las acciones.

Desde entonces, Ebersman se ha reunido con banqueros en ambas costas y reiterado ese mensaje.

“Piensan que todo va a salir bien, y que todos necesitan entender mejor a Facebook”, dijo un analista que lo escuchó hablar.

La compañía está tratando de mostrarles a los inversionistas que se está expandiendo agresivamente el negocio, invirtiendo en ingenieros caros y centros de datos. Sin duda que la oferta pública atiborró las arcas de bastante dinero.

Facebook también quiere que se sepa que no todos se están alejando de las acciones. Reed Hastings, uno de sus directores y director ejecutivo de Netflix, adquirió recientemente un millón de dólares en acciones. Sin embargo, fue una gota en la cubeta en comparación con los 9,000 millones de dólares en acciones que gente de dentro vendió al precio máximo de la oferta pública. Desde entonces, Peter Thiel, otro director y un inversionista original, ha vendido más de 20 millones de dólares en acciones, según un expediente en la Comisión de Valores y de la Bolsa de Estados Unidos. Los ejecutivos de Facebook se esfuerzan por mostrar que continúan soñando en grande.

Doug Purdy, el Director de Desarrollo de Productos, pintó el futuro de Facebook con gran entusiasmo. Un día, pronto, dijo, en tus noticias de Facebook en el teléfono móvil contendrán todo lo que quieres saber: qué noticias resumir, qué películas ver, dónde comer y dónde ir de luna de miel, qué tipo de cuna comprar para el primogénito. Todo estaría basado en lo que te gusta a ti y a tus amigos.

Se pulirían los algoritmos de Facebook para enviarte todo – “empujar” en palabras de Purdy. No se tendría que buscar.

Lo que no tuvo que decir fue que en este mundo futuro, no se necesitaría a Google. ¿Cómo se beneficiaría exactamente Facebook? “Hay una cantidad tremenda de valor aquí, porque damos al usuario valor en experiencia”, dijo. “Eso significa que los usuarios regresan a Facebook. Regresan una y otra y otra vez. Eso nos permite mostrar publicidad”.

Purdy, alto y efusivo, dibujó sus sueños en un pizarrón blanco. Había rectángulos que representaban teléfonos móviles, que es exactamente donde está el reto más urgente de Facebook.

“Nos centramos en construir los productos correctos”, señaló. “A final de cuentas, la experiencia del usuario, su deseo, su compromiso, son la más alta prioridad para nosotros. No hay dinero sin eso”.

Hay otro cartel en las instalaciones: “Nuestro futuro móvil”, dice. La compañía dice que ha orientado todo lo que hace a que Facebook sea más atractivo – y lucrativo – en los aparatos móviles. Promete presentar las nuevas características en las próximas semanas.

Analistas han señalado que Facebook se ha tardado en idear formas para hacer dinero con los aparatos móviles; la mitad de sus usuarios accede en teléfonos y tabletas. Dada su tasación excepcionalmente alta en la oferta inicial, la compañía está bajo una presión intensa para que muestre que su modelo de publicidad puede cumplir con el lucro que espera Wall Street.

Parte del escrutinio ha estado en el liderazgo de Zuckerberg. Las mismísimas cualidades que crearon el aura de cuento de hadas a su alrededor, incluidas sus juventud y ambición, son lo que cuestionan hasta sus admiradores.

“No creo que esté haciendo un mal trabajo al manejar la compañía, si eso significa establecer la dirección o impulsar la estrategia de los productos”, dijo una persona que invirtió en ella cuando todavía no cotizaba en Bolsa y que declinó que se le nombrara para evitar afectar su relación con Zuckerberg. “Está haciendo un trabajo pésimo en su manejo de Wall Street”.

No ayuda que Wall Street y Silicon Valley hablen lenguajes algo diferentes.

“Para Wall Street, piratas ejecutivos de 28 años son alienígenas”, comentó Sam Hamadeh, un emigrado a Nueva York desde la costa occidental de Estados Unidos, quien opera PrivCo, una firma de investigación, especializada en compañías que no están en la Bolsa. “Alguna vez, esa persona podrá ayudar. Cuando las cosas se echan a perder, realmente te ven en forma extremadamente escéptica”.

En el negocio de la tecnología, pocas compañías pueden mantener vivo por siempre el cuento de hadas. La que fuera una estrella tecnológica en ascenso, Sun Microsystems, ocupó anteriormente las instalaciones de Facebook. (Oracle la absorbió desde entonces.)

Facebook conservó algunas de las puertas originales. Se supone que son un recordatorio para el personal.