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  • The New York Times

Grace, una viuda de 81 años de Colorado, perdió los ahorros de toda la vida hace poco a manos de unos ladrones de identidad que robaron su información personal y financiera. Tiene consejos, ganados a pulso, que brindar a quien quiera que reciba un telefonazo de un extraño.

“En cualquier momento que digan que ganaste un premio y te pidan que envíes dinero”, dijo, “cuélgales. Te dicen mentiras y que eres un ganador. No lo eres”.

La FBI advierte que “en especial, los ciudadanos mayores deberían estar alerta de los fraudes”. Dice: “Por lo general, a la gente que creció en los 1930, 1940 y 1950, la educaron para ser cortés y confiada. Los estafadores explotan estos rasgos”.

El robo de identidad ha sido el principal reclamo por delitos contra el consumidor en los últimos años. La Comisión Federal de Comercio (CFC) reportó más de 279,000 demandas en 2011, un salto respecto de las 250,000 en 2010. La cuenta de la CFC incluye datos de la FBI, organismos del orden público y organizaciones privadas, como Better Business Bureau.

Es “probable que (esas cifras) sean la punta del iceberg”, comentó Susan Grant, la directora de protección al consumidor en la Federación de Consumidores de Estados Unidos, un organismo aglutinador de cerca de 300 organizaciones no lucrativas. La centralización de la información no es un requisito, y muchas víctimas se avergüenzan demasiado para contar su triste historia.

Para la primavera pasada, Grace había perdido cerca de 66,000 dólares. Solicitó que no se revelara su apellido con la esperanza de quedar lo menos expuesta posible en la “lista de imbéciles” que los estafadores venden y compran entre ellos.

En el último año, los ladrones hicieron la transferencia de una cuenta bancaria de ella para controlarla sin su permiso, y anexaron su propio número telefónico para seguir teniendo acceso a ella. Le dijeron que había ganado cuatro millones de dólares y un coche Mercedes en una lotería de la firma Publishers Clearing House. Luego, duplicaron el premio fantasma a ocho millones de dólares y dos Mercedes. Los ladrones la exhortaron a enviar dinero para los “impuestos federales” y “aranceles aduanales” sobre los automóviles.

“Pensé que había tenido mucho cuidado”, dijo en entrevista telefónica arreglada por AARP, la organización nacional de defensoría de la gente mayor.

Les dijo que estaba preparada para pagar directamente esos costos. “No, nosotros tenemos que encargarnos de eso”, dijeron y le pidieron que les enviara el dinero. Cuando intentó chequear más, le dijeron que llamara a unas personas, las cuales se hacían pasar por “abogados” en Nueva York y “patrocinadores del concurso” en Washington, antes de ceder y mandar el dinero.

FBI: un delito difícil de procesar

La FBI dice que es un cuento viejo. “Desde hace muchísimo, la gente ha utilizado el nombre Clearing House para tratar de estafar a las personas”, contó Charles Pavelites, un agente supervisor de la FBI en el Centro de Demandas de Delitos en internet. Agregó: “Es difícil procesar a los estafadores, y aún más difícil si están en ultramar y abren cuentas para dar la idea de que están en Nueva York”.

Christopher L. Irving, un ejecutivo de Clearing House, dijo que las personas deberían ser cuidadosas cuando les piden dinero a nombre de esa firma. “Si les piden que manden dinero, no se trata de la verdadera Publishers Clearing House”, expresó. Agregó que la compañía reportó todos los casos de posibles fraudes a la base de datos de las fuerzas del orden de la CFC con el permiso de los acusadores.

El identificador de llamadas de Grace todavía muestra telefonemas desde Jamaica, al que usan los estafadores con frecuencia; ahora se niega a responder.

Policías en Colorado le dijeron que es poco probable que alguna vez pueda reclamar el dinero. Le aconsejaron que congelara las solicitudes de su información personal y financiera en las tres principales calificadoras de crédito, Experian, TransUnion y Equifax, lo cual hizo.

Cuenta que cree que, en un principio, los ladrones obtuvieron su perfil en una de las compañías al fingir que la necesitaban con propósitos de negocios.

Su sucursal bancaria le recomendó que adquiriera servicios de protección contra fraudes, en LifeLock, una de más de 20 firmas participantes, que típicamente cobran una cuota mensual por monitorear las calificaciones crediticias, las cuentas bancarias y las tarjetas de crédito de los clientes, e informarles a los clientes sobre actividades sospechosas.

No hay acuerdo entre los expertos sobre la utilidad de tales servicios. “Yo no me inscribiría”, dijo Avivah Litan, quien se especializa en seguridad y fraudes en Gartner, una consultoría en negocios y tecnología. “Yo me preocuparía por aquello contra lo que no se pueden proteger”, notó, por ejemplo robos de cuentas bursátiles.

Es típico que las compañías de tarjetas de crédito personales protejan a sus clientes absorbiendo toda la pérdida del titular menos 50 dólares. Sin embargo, si usted termina debiendo a los cobradores de facturas 20,000 dólares en compras fraudulentas con tarjetas de crédito, por lo general, los monitores no cubren sus pérdidas, según Litan. También señaló que a menudo sólo pagan los gastos legales, dijo.

Ella agrega: “Pero si realmente estás paranoide, no daña comprar un servicio antifraudes”.

Michelle Jun, una abogada sénior en la Unión de Consumidores de San Francisco, dijo: “Nuestro consejo para los consumidores es que usen las herramientas que ya son accesibles y gratuitas”, como congelar el acceso sin contraseña a la información que tienen las empresas calificadoras de créditos. “Por lo general, el monitoreo de los servicios de crédito llega a los problemas cuando ya es demasiado tarde”, dijo Jun.

RETIRADOS entre las víctimas

James Van Dyke, el presidente de la empresa Javelin Strategy and Research, que patrocina un estudio de opinión anual sobre el fraude de identidad, apoya más a las firmas de monitoreo.

“Es menos factible que los estadounidenses mayores revisen sus estados de las cuentas financieras en busca de alguna posible actividad no autorizada, que los más jóvenes”, notó Van Dyke. Muchas personas no se enteran de las malas noticias sino semanas o hasta meses después, cuando se enteran por su banco o su compañía de tarjetas.

“Hay muchas más posibilidades de que la gente que detecta ella misma el fraude, lo haga con más rapidez y sufra pérdidas menores”, notó.

La Federación del Consumidor de Estados Unidos calificó hace poco 20 servicios de robo de identidad, con íconos de pulgares arriba y pulgares abajo, y también notó cuando creía que debía mejorarse algún servicio de protección.

La doctora Virginia Templeton, una médica general que es directora ejecutiva de Memory Care, un clínica sin fines de lucro en Asheville, Carolina del Norte, dijo que es frecuente que los pensionados, “personas independientes, de alto funcionamiento”, hayan sido víctimas antes de que se evidencien los problemas cognitivos que se desarrollan a medida que los procesos del cerebro se desaceleran en el envejecimiento normal.

Sylvia Easterling dijo que su madre de 82 años, una maestra de escuela retirada, y “una mujer lista”, que tiene su propio departamento en la casa de su hija, perdió varios miles de dólares en un fraude y estuvo a punto de perder mucho más.

Fue la segunda ocasión en su familia. La hija asistió a talleres sobre fraudes en la clínica Memory Care cuando su padre fue víctima poco antes de morir. Empezó a sospechar cuando notó que su madre estaba recibiendo un alto volumen de telefonemas.

Oyó por casualidad algunas de las conversaciones. En una, una mujer “fingía en el teléfono”, contó, “diciendo cosas que encuentro totalmente irritantes. Oí oraciones”. También se habló de un premio de 25 millones de dólares y de enviar dinero para pagar el impuesto sobre la renta. Los ladrones tenían el número del seguro social de su madre.

Una vez alertada, Easterling pudo interceptar un sobre de FedEx que contenía 12,000 dólares en efectivo que enviaba su madre a una dirección en Illinois. Comentó que su madre no quería que se mencionara su nombre.

“No entiende cómo pudo sucederlo esto a ella”, expresó. “Está desconcertada y avergonzada”.

Sid Kirchheimer, el columnista de “Scam Alert” del boletín semanal de AARP en internet, hizo una sugerencia para hacer que les sea más difícil estafar a los ladrones de identidades. Dijo que las personas mayores deberían dejar las tarjetas de Medicare en su casa.

“No lleven la tarjeta en la cartera”, dijo. “Saquen una copia y ennegrezcan algunos de los dígitos del número del Seguro Social. Una vez que hayan visto a su médico en el consultorio y que él tenga el número en el expediente, usted puede mostrar la licencia de conducir como identificación”.

Kirchheimer recopiló consejos entre vendedores de automóviles, técnicos, estafadores, denunciantes corporativos y otros que tienen información privilegiada para su libro “Scam-Proof Your Life” de 2006. Advirtió en entrevista telefónica: “Mi consejo es: no confíen en nadie”.