•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

“Cuando la gente te muestre quién es, créele; la primera vez.”

Eso viene de la inimitable Maya Angelou (a través de la también inimitable Oprah Winfrey). Y yo estoy de acuerdo.

Así que me inclino por creerle literalmente a Mitt Romney cuando desprecia a casi la mitad del país ante un salón lleno de donadores ricos, en una cinta grabada subrepticiamente.

Como estoy seguro de que para ahora ustedes saben, Romney dijo que 47 por ciento de los estadounidenses que no pagan impuestos son personas:

“Dependientes del gobierno, que creen que son las víctimas, que creen que el gobierno tiene la responsabilidad de cuidarlas, que creen que tienen derecho a asistencia médica, a alimentos, a vivienda, a lo que sea.”

Y también dijo: “Mi tarea no es preocuparme por esa gente. Nunca la voy a convencer de que debe asumir su responsabilidad personal y cuidar de su propia vida.”

No hay manera de desdecirse o de darle vuelta a la verdad para enderezar esas palabras. De plano están mal. No es sólo la implicación, evidentemente falsa, de que la mitad del país es parasitaria. No es sólo la desolada perspectiva de que esa gente se regodea siendo la víctima. Es también su tajante rechazo de ese grupo: “Mi tarea no es preocuparme por esa gente.”

¿Esa gente? ¿Esos miserables campesinos que viven de gorra a la entrada del castillo? ¿Esos holgazanes con la boca abierta para recibir una cucharada del botín de los ricos? ¿Esos ingratos que aportan una bicoca y se llevan una gran compensación?

Sólo un hombre que jamás ha alzado la vista desde el fondo de la pobreza podría mirarlos con tanto desprecio.

En ese evento, Romney también dijo:

“Por cierto, tanto a mi papá como al papá de Ann les fue muy bien en la vida, pero cuando llegaron al final de su vida, y nos transmitieron su herencia, a Ann y a mí, los dos decidimos regalarla. Así que yo no heredé nada. Todo lo que tenemos Ann y yo lo ganamos a la vieja usanza, es decir, trabajando duro.”

¿Realmente este hombre puede ser tan ciego para creer que el hecho de ser el hijo de un ejecutivo automovilístico y gobernador no desempeñó ningún papel en su desarrollo y su acceso a las oportunidades? ¿Realmente puede creer que tener una familia con los medios para enviarlo a un prestigioso internado y después a algunas de las mejores universidades del país no tuvo nada que ver con ella y mucho que ver con él?

Ahora la campaña de Romney está totalmente dedicada al control de daños, tratando febrilmente de convencer a los estadounidenses de que no escucharon lo que oyeron, de que hubo alguna confusión. Romney primero dijo que “no había expresado con elegancia” sus comentarios. Después trató de recurrir a un argumento en contra de la distribución de la riqueza, diciendo que él cree en un país en el que “el gobierno interviene para ayudar a quienes lo necesitan”. Y agregó: “Somos un pueblo compasivo.”

Las débiles explicaciones de Romney huelen a falta de sinceridad y desesperación.

Y creo saber porqué: él está aterrado.

Romney está atrapado en su desesperado deseo de legitimidad. Es una clavija cuadrada tratando de introducirse en el círculo conservador de confianza.

Al tratar de hacerlo, dice lo que debe decir, pero no como debería decirlo. Sus datos están desfasados. Su sentido de la oportunidad está desfasado. Su tono está desfasado. Simplemente está desfasado. Por más que trate, él no encaja. Pero ahora está tan perdido en su sed por el puesto supremo que también se perdió a sí mismo. Las convicciones de las que nos apropiamos siempre acaban traicionándonos.

Romney, cuyo plan económico se llama “Creer en Estados Unidos”, demostró con brutal eficiencia que de hecho él no cree en Estados Unidos.

Alguna vez escribí lo siguiente:

“No tengo ningún pleito personal con Romney. No creo que sea malvado. Todo lo contrario: parece ser un esposo y un padre amoroso. Además, la maldad requiere convicción, cosa de lo que carece Romney. Pero es un hombre peligroso. La ambición sin principios siempre es peligrosa. La maleabilidad infinita es su propio vicio pues es infinitamente corruptible por otras personas de intenciones innobles.”

Pero los comentarios grabados de Romney abren la puerta de la duda. Ya no confío en la bondad básica de su constitución.

No es necesario operar con gran malicia para causar mucho daño. La falta de empatía y comprensión es suficiente. De hecho, un hombre convencido de su virtud incluso en medio de su vicio es el peor tipo de hombre.

Romney le sigue mostrando a Estados Unidos quién es. ¿Cuándo empezaremos a creerle?

(Charles M. Blow es articulista de opinión de The New York Times.)

Para comprar este artículo, le rogamos visitar nuestro sitio de la Web www.nytsyn.com/contact y comunicarse con uno de los representantes de ventas de The New York Times Syndicate enlistados allí y que sirva a su área. Para obtener ayuda técnica favor de hablar al 1-800-972-3550 o 1-212-556-5117.