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El huracán Katrina arrasó el negocio de construcción que Kevin Langley tenía en Nueva Orleans. A medida que la ciudad y el negocio luchaban por recuperarse, Langley llegó a creer que el espíritu empresarial era la solución a muchos de los males de Nueva Orleans – y del mundo. Como miembro de la Entrepreneurs Organization, capítulo Nueva Orleans, Langley volcó su energía para desarrollar el programa Accelerator de la organización. Pocos años después fue elegido presidente global de la EO y se embarcó en una gira empresarial estilo Forrest Gump, apareciendo en diversos lugares desde Egipto a Pakistán en donde se estaba escribiendo la historia.

¿El espíritu emprendedor es realmente la respuesta a los problemas del mundo? La siguiente conversación con Langley, de 47 años, ha sido resumida y editada.

P: En 2004, una compañía que usted ayudó a fundar, Ellis Construction, fue clasificada como una de las compañías urbanas de mayor crecimiento en Estados Unidos, con un ingreso anual de 13.7 millones de dólares y un crecimiento cuatrienal de 261 por ciento. ¿Cómo lo logró?

R: Con mucho trabajo, reconociendo las necesidades, contratando a personas muy eficientes y colaborando con nuestros clientes para desarrollar los mejores proyectos posibles.

P: Después llegó el huracán Katrina.

R: El agua subió metro y medio en nuestra empresa. Pasaron cuatro meses para que tuviéramos electricidad nuevamente en la oficina y nueve meses para que tuviéramos línea telefónica.

P:¿Qué le ocurrió a su negocio?

R: De un día para otro nuestros ingresos bajaron más de 50 por ciento. Hicimos lo que teníamos que hacer para sobrevivir. Reparamos muchos edificios y arreglamos muchos techos. Hay que aceptar cualquier trabajo disponible.

P: Usted ha dicho que Katrina fue determinante para usted en muchos aspectos, no sólo para su negocio. ¿Por qué?

R: Para mi, el huracán Katrina fue básicamente un telón de fondo muy dramático de lo que estaba ocurriendo en el resto del mundo. Katrina no provocó los problemas; puso de manifiesto los problemas en mi vida personal, en mi vida familiar, mi comunidad, mi estado, mi nación y el mundo. Hice el compromiso de que a medida que fuera reconstruyendo mi vida iba a ayudar a otras personas a reconstruir la suya.

P: ¿Puede decirnos cuál es el vínculo entre los problemas que vio en su vida personal y el mundo?

R: Pasé más tiempo educando a mis hijos y asegurándome de que escucharan historias de inspiración y superación de adversidades y no de personas que se sienten víctimas. En ese entonces mis trillizos tenían tres años. Cuando nos evacuaron fuimos a comer a un restaurante en Baton Rouge. Mi hijo estaba llorando, cansado, y dijo que quería ir a casa a dormir a su cama. Le explicamos que nuestro hogar siempre estaría en el lugar en donde nos encontráramos y que ahora tendría una nueva cama. Perdimos nuestra casa pero nuestro hogar estaba en donde estaba la familia.

P: ¿Después de esta experiencia, qué fue lo que le hizo pensar en el espíritu emprendedor?

R: Los empresarios y los dueños de pequeñas empresas en Nueva Orleans que, después de atender los problemas de seguridad que amenazaban la vida humana, se dieron a la tarea de reconstruir sus negocios y las cadenas de abastecimiento para proporcionar calidad de vida.

P: Desde luego, su ciudad nunca ha necesitado más servicios de construcción que inmediatamente después de Katrina. ¿No era más tentador enfocarse en la reconstrucción de su negocio y de su ciudad?

R: Si, era muy tentador pero lo que hago es más una misión de vida que un trabajo. Y sí me quedé a reconstruir el negocio pero lo hice de forma paralela a esta otra actividad.

P: ¿El cofundador de su empresa, Bret Ellis, todavía está involucrado en el negocio? ¿Cuáles son sus ingresos?

R: Si, él está dirigiendo activamente la compañía. Nuestros ingresos brutos son de más de 20 millones de dólares al año.

P: En el momento en que ocurrió Katrina, usted era uno de los primeros miembros de la EO, capítulo Nueva Orleans. ¿Cómo llegó a ser presidente mundial?

R: Fue un salto enorme. El programa Accelerator, en cuya elaboración trabajé como presidente, se ha extendido a 26 ciudades y cuatro países. La junta me dijo, “Nos encanta lo que estás haciendo y la visión de que el programa alcance niveles globales.” En los últimos tres años he viajado a 25 países y me he involucrado con emprendedores.

P: ¿Quiénes son estos emprendedores?

R: Después de la revolución viajé a Egipto para ayudar a jóvenes empresarios del sector tecnológico. Pasé tres o cuatro días asesorándolos y después me llevaron a la Plaza Tahrir. En medio de la plaza se nos acercó una joven empresaria y me dijo que su hermano había muerto en la revolución.

Esta joven egipcia quiere desarrollar una aplicación, un servicio 911 para viajar en países del tercer mundo. La aplicación se puede utilizar para identificar y encontrar asistencia médica cercana y para alertar a las redes sociales de que uno se encuentra herido.

P: ¿Cómo lo haría?

R: La Primavera Árabe fue iniciada por jóvenes empresarios. La persona que se prendió fuego en Túnez, Mohamed Bouazizi, era un vendedor callejero que tenía la idea de instalar múltiples carritos de fruta y su intención era comprar una camioneta pickup Toyota para remolcar los carritos. Lo que se perdió fue su esperanza.

P: ¿La Primavera Árabe no se produjo también porque la gente en Medio Oriente estaba cansada de no poder elegir a sus dirigentes?

R: Lo que intento decir es que nadie habla del hecho de que él era alguien que aspiraba crear su propia oportunidad económica y que, por ser ésta tan limitada, perdió toda esperanza.

P: Usted también ha fungido como presidente de los Global Student Entrepreneur Awards de la EO.

R: Estamos identificando a algunos de los mejores estudiantes con proyectos empresariales. Estamos en 358 universidades en 42 países. El último ganador fue Ludwick Marishane de Sudáfrica quien inventó un producto para bañarse sin agua y sin jabón por los problemas de higiene que se padecen en África.

P: ¿Qué ganan los estudiantes con estas competencias?

R: Logran pasar de un pensamiento pueblerino a un pensamiento global y darse cuenta de que pueden construir empresas que alcancen impactos dramáticos. Ludwick Marishane ya está pensando en distribuir su producto a nivel mundial pues podría ser utilizado en líneas aéreas o en desastres naturales, no sólo en África.

P: Usted también participó en la reunión cumbre del Grupo de los 20 en México.

R: Me trasladé a la Ciudad de México y le entregué personalmente al Presidente Felipe Calderón un comunicado. Fue un hecho trascendental en el ámbito mundial que la voz de los empresarios se pudiera escuchar en la reunión cumbre del Grupo de los 20.

P: El comunicado habla de impuestos más bajos y de barreras reglamentarias, ¿Cuánto puede lograr realmente un documento repetitivo de este tipo?

R: En el G-20, México asumió el compromiso de lograr que las pequeñas y medianas empresas tengan un mayor acceso a fondos disponibles. Ahora están hablando de lanzar un fondo de capital para empresarios.

P: ¿Qué más ha logrado?

R: En la EO hemos alcanzado el mayor número de miembros en su historia. Contamos con 8,700 miembros, 1,700 más que el año pasado, y nuestros miembros emplean conjuntamente a más de dos millones de personas. También nos estamos extendiendo a zonas del mundo que necesitan empresarios – Asia-Pacífico, Medio Oriente, Latinoamérica.

P: Recientemente usted terminó su presidencia en la EO. ¿Qué sigue?

R: Menos de uno por ciento de las empresas estadounidenses está involucrado en algún tipo de actividad de importación o exportación. Esta es una cifra impactante.

P: ¿Qué puede usted hacer al respecto?

R: Trabajaré como voluntario en el Departamento de Estado de los Estados Unidos para actuar como enviado empresarial.

 

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