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En la última década, Ty Hallock ha hecho cambiar de rumbo a su negocio de la creación de sitios de Internet hacia los medios sociales y hacia las aplicaciones móviles. En tres años más, espera estar de nuevo ante la mesa de dibujo.

Para prepararse, Hallock, de 29 años de edad, pasa una o dos horas diarias en su negocio, TopFloorStudio en Asheville, Carolina del Norte, dando seguimiento a noticias de capitalistas aventureros y empresas incipientes, tratando de adivinar la próxima frontera. Creó TopFloorUniversity, donde expertos enseñan a sus empleados y clientes lo último en desarrollo de aplicaciones. Cuando no pudo encontrar un buen plan de estudios sobre arquitectura de la información, él y un colega desarrollaron uno ellos mismos. Como un pretexto para aprender de las luminarias en su campo, Hallock incluso produce su propio podcast.

En busca de algo

“Uno siempre está en busca de algo que es casi desconocido, porque no se sabe cómo va a ser realmente el futuro”, dijo Hallock. “Aún no cumplo los 30, y estoy seguro de que en algún momento diré: ‘Ya es suficiente’”.

Pero el agotamiento quizá sea un lujo que Hallock nunca pueda darse. La necesidad de adaptarse constantemente es la nueva realidad para muchos trabajadores, mucho más allá de la industria de la tecnología de la información. Los mecánicos automotrices, los bibliotecarios, los médicos, los diseñadores de efectos especiales de Hollywood – virtualmente todos cuyo empleo sea tocado por la computación – están siendo obligados a encontrar nuevas formas más eficientes de aprender conforme la actualización se vuelve cada vez más importante no sólo para cambiar de carrera, sino simplemente para seguir siendo competitivos en su profesión seleccionada.

Regresar a la escuela durante meses o años no es realista para muchos trabajadores, que a menudo están solos tratando de determinar qué nuevas habilidades les harán más valiosos, o simplemente impedirán que caigan en la obsolescencia. En su búsqueda por ocupar un nicho valioso, están recurriendo a pequeños videos instructivos, foros entre colegas y cursos universitarios virtuales.

Linda Gratton, profesora de práctica administrativa en la Escuela de Administración de Londres, ha acuñado un término para esta necesidad: “maestría en serie”.

“No se puede esperar que aquello en que uno ha obtenido maestría le mantenga valioso durante toda su carrera, y se debe añadir a eso el hecho de que la mayoría de la gente ahora va a estar trabajando hasta entrados los 70 años”, dijo, y añadió que los trabajadores deben tratar de elegir especialidades que no puedan ser subcontratadas o automatizadas.

Las empresas han respondido invirtiendo más dinero en capacitación, incluso en la actual crisis económica, según varias mediciones. Han experimentado pagando a los empleados para que compartan su experiencia en redes sociales internas, creando videojuegos que enseñan y, dicen consultores de recursos humanos, atrayendo a empleados con ayuda para colegiaturas aun cuando dejen la compañía.

Los individuos también han asumido mucha responsabilidad de sus propias actualizaciones. Lynda.com, que cobra 25 dólares al mes por acceso a videos de capacitación sobre temas como la versión más reciente de Photoshop, dice que su base de clientes individuales ha estado creciendo en 42 por ciento al año desde 2008. Las universidades en línea como Udacity y Coursera están en vías de duplicar su tamaño en un año, según Josh Bersin de Bersin & Associates, una firma consultora que se especializa en aprendizaje y gestión de talento.

El número de médicos que participan en programas de educación continua ha aumentado en más del doble en la última década, y la mayor parte del crecimiento se origina en la creciente popularidad de las actividades basadas en Internet, según el Consejo de Acreditación para la Educación Médica Continua en Chicago.

La lucha no es sólo para mantenerse actualizado, sino para anticiparse a un futuro de cambios rápidos. Cuando el Colegio Comunitario Técnico de Asheville-Buncombre en Carolina del Norte quiso iniciar un programa para desarrollar aplicaciones para teléfonos inteligentes y tablets, el personal docente tuvo que considerar el nombre cuidadosamente.

Como archivista digital y de metadatos en la Universidad de Emory, Elizabeth Russey Roke, de 35 años de edad, ha tenido que mantenerse al día de los estándares en evolución que ayudan a las diferentes bases de datos a compartir información, aprender cómo archivar materiales “nacidos digitales”, y usar las computadoras para hacer que cobren vida las conexiones literarias y sociales entre diferentes colecciones. La mayor parte de su aprendizaje ha sido en el trabajo, complementado por algún curso ocasional o videos en Lynda.com.

Más fácil aprender en el salón de clases

“Para mí, es más fácil aprender algo en el salón de clases que por mi cuenta”, dijo. “Pero no puedo permitirme otros tres años en la escuela de bibliotecología”.

El cambio rápido es un desafío para las universidades tradicionales; los libros de texto e incluso las revistas especializadas a menudo se quedan rezagadas para ser de ayuda, dijo Kunal Mehta, estudiante de doctorado en bioingeniería en la Universidad de Stanford. Su campo es tan nuevo, y está cambiando tan rápidamente, comentó, que hay poco consenso sobre las prácticas establecidas y las habilidades necesarias.

“Es más difícil saber qué deberíamos aprender”, dijo. “Tenemos asesores con los que trabajamos, pero muchas veces no saben mejor que nosotros lo que va a suceder en el futuro”.

En vez de ello, Mehta, de 26 años, pasa mucho tiempo comparando notas con otros en su campo, al igual que muchos profesionales recurren a sus colegas para que les ayuden a mantenerse al corriente. La Red Internacional de Técnicos Automotrices, donde los mecánicos pagan 15 dólares al mes para intercambiar consejos sobre reparaciones, tiene más de 75,000 usuarios activos actualmente, respecto de 48,000 en 2006, dijo Scott Brown, el presidente.

En una economía donde el conocimiento nuevo y especializado vale tanto, quizá parezca anticompetitivo compartir experiencia. Pero muchos profesionales dicen que no lo ven así.

 

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