•   ATENAS, Grecia  |
  •  |
  •  |
  • New York Times

Esperó toda su vida este momento, y muchos líderes europeos lo vieron como la última mejor esperanza de Grecia para la estabilidad. Pero para Antonis Samaras, dirigir a su país no es para nada divertido.

“¿Piensa que alguien puede ser feliz siendo primer ministro de Grecia?”, preguntó en voz baja en una entrevista, apoyando los codos en las rodillas. “Este es el puesto más difícil del mundo. Todo es doloroso”.

Desde que asumió el poder en junio después de dos tumultuosas elecciones, Samaras ha estado trabajando para restablecer la credibilidad de Grecia y disipar todos los temores de que el país pudiera abandonar el euro, aun cuando la severa austeridad que debe imponer para mantener al país en la moneda común avive una nueva ola de intranquilidad social.

Sentado en su oficina en la Mansión Máximos, prácticamente declaró que había logrado ese objetivo. “Hay absolutamente cero riesgo de que Grecia abandone el euro”, dijo. Pero sugirió que las condiciones para seguir siendo miembros del euro habían conllevado un creciente costo político y económico.

"Nuevo fenómeno social"

En una semana en que estallaron protestas violentas en Grecia y España contra las medidas de seguridad más estrictas y el creciente desempleo, después de otras manifestaciones masivas en el normalmente tranquilo Portugal, Samaras advirtió a la comunidad internacional que ponga estrecha atención en “este nuevo fenómeno social” que recorre a Europa.

“Esto es producto de esta crisis enorme y de esta recesión enorme en las que estamos”, dijo. “Así que debería hacer sonar la alerta para nuestros aliados y el mundo occidental: que si esto sucede en Grecia y España y mañana en otros países, deberían asegurarse de que no se intensifique”.

Mientras lucha para mantener el lugar de Grecia en Europa, Samaras está librando una ardua batalla para contener el daño internamente. El desempleo se sitúa en 24 por ciento y está aumentando, y en más del 50 por ciento para los jóvenes, una situación a la que llamó su “problema No. 1”. El producto interno bruto del país ha descendido 25 por ciento desde 2009, y unas 400,000 pequeñas empresas están en riesgo de cerrar en los próximos meses.

Esta es la razón de que Samaras esté pidiendo más tiempo – hasta 2016 en vez de 2014 – para llevar a la práctica un nuevo paquete de 15,000 millones de dólares de medidas de austeridad profundamente impopulares, incluidos recortes al sector público y las pensiones y nuevas categorías impositivas, así como 2,600 millones de dólares en impuestos nuevos. Grecia necesita dar estos pasos para liberar 40,000 millones de dólares en ayuda financiera el mes próximo de parte de sus prestamistas internacionales. Sin esa liquidez, advirtió Samaras, el país enfrentaría el colapso.

Samaras dijo que uno de sus días más felices desde que asumió el poder fue cuando su gobierno llegó a un acuerdo básico sobre las medidas de austeridad. Pero la troika de prestamistas – la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional – deben decidir aún si rubricar el paquete cuando se reanuden las conversaciones en Atenas.

La historia reciente no es prometedora. Los negociadores de la troika abandonaron Grecia indignados recientemente, cuestionando si el país realmente cumpliría sus promesas, después de que repetidamente falló en alcanzar objetivos financieros.

También se espera más discusión dentro de la indisciplinada coalición de Samaras, la cual por primera vez en la historia griega moderna ha unido a su partido de centro-derecha Nueva Democracia, a los otrora poderosos socialistas y a un partido más pequeño, la Izquierda Democrática. Que el primer ministro tenga éxito determinará si su gobierno puede durar todo el invierno; ya no digamos cumplir su mandato de cuatro años, como espera.

Samaras está decidido a llegar hasta el final. “Este es un gobierno de cuatro años”, dijo.

Su mensaje a los griegos fue claro: Mantengan la fe, mejores días están por venir. “Lo que les digo es que ‘Hay esperanza’”, dijo. “Eso es todo lo que puedo ofrecer”.

Pero su mensaje a Europa fue igualmente claro: Sin su ayuda, sus promesas podrían sonar huecas. “Estamos cambiando, pero al mismo tiempo tienen que ayudarnos, tienen que ayudar en esta situación”, dijo. La alternativa, añadió, pudiera ser “el fin de Grecia”.

Samaras insistió en que esta ronda de austeridad sería la última. Aunque pocos griegos parecen creerle – y muchos están molestos por un escándalo de corrupción que ahora envuelve a su partido Nueva Democracia _, afirmó que las medidas serían manejables si los acreedores de Grecia permitieran que fueran puestas en vigor gradualmente en un periodo de cuatro años en vez de todas a la vez. Los prestamistas no han dado indicios de que estén dispuestos a acceder a su solicitud.

Atrayendo inversiones

Mientras tanto, Samaras está trabajando para atraer de vuelta la inversión al país, y bosquejó una agenda pro-europea que, dijo, ya había recorrido un largo camino hacia el restablecimiento de la credibilidad e imagen de lo que llamó la Marca Grecia. Incluye iniciativas para liberar los mercados, erradicar la corrupción y reemplazar la mano pesada de los oligarcas, los cárteles y el favoritismo con un sistema de meritocracia.

En un país altamente volátil, Samaras da la impresión de ser un personaje más bien de bajo octanaje. Hombre alto y delgado de 61 años de edad, nació en la clase gobernante del país y ha pasado toda su vida adulta en la política. Educado en el Amherst College en Massachusetts, donde un ex primer ministro, George A. Papandreou, estaba en el mismo dormitorio, habla serena y lentamente, sonriendo sólo ocasionalmente. Vestido con un sobrio traje gris y corbata azul, el día de la entrevista dijo que estaba combatiendo una fiebre.

Al preguntarse si había enfrentado los tipos de penurias que han caído sobre muchos griegos, dijo: “Todos nosotros en una forma u otra hemos enfrentado apuros muy difíciles. Estoy en la política; me quedé en mi casa por 11 años debido a la política”. Se estaba refiriendo a los años en los 90 en que dejó al partido Nueva Democracia por una disputa política.

“Gracias a mi familia no tuve problemas de ese tipo”, añadió, refiriéndose a problemas financieros. Pero dijo que sentía empatía por el pueblo griego. “Siento su dolor cada segundo”.

Nueva Democracia llegó al poder en parte aprovechando los sentimientos populistas, abordando el tema de la inmigración en elecciones que resultaron en el ingreso del partido neo-nazi Amanecer Dorado, conocido por sus ataques contra los inmigrantes, al Parlamento por primera vez. Los sondeos de opinión ahora colocan a Amanecer Dorado en tercer sitio, después de Nueva Democracia y el partido izquierdista Syriza.

En la entrevista, Samaras dijo que “las olas de inmigrantes ilegales” estaban azotando a Grecia, un “problema importante” que empeoraría si Siria implosionara y más refugiados cruzaran a Turquía y de ahí a Grecia. “Los inmigrantes ilegales se han apoderado de Atenas”, dijo, causando un “problema de salud pública” y un aumento en la delincuencia.

Pero, aun cuando se hizo eco de algunas de sus palabras, el primer ministro dijo que pensaba que Amanecer Dorado era una “burbuja que estallaría” y que sus miembros no eran “seguidores ideológicos”, sino que se habían unido por una sensación de desesperación “anti-sistema” en medio del empeoramiento de los tiempos económicos.

Dijo que no creía en la proscripción del grupo extremista, que ha votado con Nueva Democracia en importantes votaciones parlamentarias. “Creo que la democracia es tan fuerte que no es necesario adoptar medidas extremas”, dijo Samaras.

Sin embargo, es seguro que los próximos meses pondrán a prueba a la democracia griega. Mientras contemplaba los desafíos por venir, Samaras gesticuló ante una gran pintura alegórica que cuelga sobre su escritorio, la cual muestra a la libertad guiando al pueblo griego. “Cuando uno entra en la mañana y ve esto”, dijo, mirando hacia arriba, “se cobra fuerza”.