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  • The New York Times

La planta baja del edificio en el número 139 de la calle Townsend tiene todas las marcas de una empresa emergente: iluminación expuesta, largas mesas comunitarias y un conjunto extraño de chucherías, incluida una caseta telefónica británica, color rojo bombero.

Sin embargo, el edificio industrial, de ladrillo, en el distrito Soma de San Francisco, no alberga a Twitter, Zynga o alguna otra prometedora compañía de internet. Son las oficinas de Wilson Sonsini Goodrich & Rosati, el bufete jurídico con medio siglo de antigüedad.

“Hay un beneficio de mercadeo”, dijo Yoichiro Taku, un socio en Wilson Sonsini, quien representa a muchas empresas en sus primeras etapas. “Es indudable que nos hace estar más a la moda”.

El nuevo puesto de avanzada de Wilson Sonsini refleja la mentalidad en evolución del bufete, en tanto que los abogados tratan de llamar la atención de las empresas emergentes. En un esfuerzo por forjarse credibilidad entre las nuevas compañías de tecnología, Wilson Sonsini y otros emplean un amplio conjunto de herramientas que incluyen ofrecer servicios gratuitos, congraciarse con las incubadoras y escribir blogs.

Tales esfuerzos son críticos. Aunque las empresas en las primeras etapas representan sólo 20 por ciento de las actividades del bufete, esas empresas pueden generar honorarios altos a medida que maduran. Wilson Sonsini y otros bufetes también hacen pequeñas inversiones en empresas emergentes jóvenes, lo cual puede redituar en años posteriores.

“Hace unos cuantos años no les habrían interesado a estas firmas las transacciones reducidas”, dijo Joseph A. Grundfest, un catedrático de derecho en Stanford. “Ahora, es lo normal nuevo”.

Durante años, Wilson Sonsini dominó en Silicon Valley, guiando a jóvenes compañías de tecnología, como Apple, Netscape Communications e, incluso, la malograda Webvan. En 1998, Lawrence W. Sonsini, el patriarca de la firma, presentó a dos estudiantes de licenciatura en Stanford en Sequoia Capital y Kleiner Perkins Caufield & Byers, dos de las principales firmas de capital de riesgo. Seis años después, Wilson Sonsini ayudó a su compañía, Google, a cotizar en bolsa.

Hoy, el bufete jurídico funciona en un espacio cada vez más abarrotado. En los 1960, cuando se fundó, sólo un puñado de bufetes tenía oficinas en la región. Hoy, veintenas cubren el área de la bahía.

“Estuvimos solos en este mercado durante un periodo absurdamente prolongado en los 1980 y 1990”, señaló Steven E. Bochner, un socio en Wilson Sonsini. “Ahora todos están aquí”.

Según Dow Jones VentureSource, la firma representó la mayor parte de las transacciones de capital de riesgo en la primera mitad de este año, con 157 operaciones, casi el doble de su competidor más cercano. Sin embargo, ya disminuyó su otrora control absoluto del mercado.

En la oleada más reciente de ofertas públicas iniciales de internet, el bufete jurídico mejoró el precio de venta de LinkedIn, así como los de Splunk y Palo Alto Networks. Sin embargo, no concretó a Zynga, Groupon ni, más significativa, a Facebook, que se fue con su rival, Fenwik & West.

Aunque nadie en Wilson Sonsini está centrado exclusivamente en las empresas emergentes, unos cuantos abogados han surgido como líderes en esta área. Taku, de 44 años, originario de Japón, quien se unió a la firma hace 16 años, ha ayudado a negociar sociedades con varias incubadoras, como AngelPad y Founder Institute, que ayudó a Wilson Sonsini a darle un primer vistazo a las empresas emergentes en ciernes. Y opera startupcompanylawyer.com, un sitio web personal, en donde reflexiona sobre temas como la incorporación y el financiamiento. Taku colabora con frecuencia con Todd Carpenter, quien ayudó a llevar el esfuerzo hasta la apertura de la oficina en Soma. Y Sonsini aún trata de reunirse con una o dos empresas emergentes a la semana.

Para los grandes bufetes jurídicos, buscar a las compañías jóvenes es una especie de acto de malabarismo. Por una parte, una firma quiere alcanzar a la cantidad más alta de empresas emergentes de la más alta calidad. Sin embargo, tiene recursos limitados, así es que tiene que ser selectiva.

Con ese fin, muchos han dado pasos para reducir el costo del financiamiento para emprendedores en las primeras etapas de las operaciones, mientras automatizan el proceso para que sea más fácil para los abogados. Fenwick & West ha estado en la primera línea de esta tendencia. Hace dos años, el bufete jurídico creó y publicó en internet documentos estandarizados para las transacciones para su descarga gratuita.

A principios de este mes, Wilson Sonsini hizo equipo con AngelList, una red de inversionistas y emprendedores, para también ofrecer gratuitamente en internet los documentos estandarizados para las transacciones. Aunque las empresas emergentes pueden recurrir a cualquier firma de abogados para efectuar los trámites, Wilson Sonsini ofreció hacerlo sin cobrar, si la empresa emergente se hace su cliente.

“Estamos tratando de mostrar que podemos agregar valor a la comunidad”, señaló Carpenter, quien trabajó en el proyecto AngelList con Taku y Bochner. “Entonces esperamos que cuando estas empresas emergentes necesiten un abogado, piensen en nosotros”.

Jack Smith, un trasplante londinense reciente y cofundador de Vungle, una plataforma publicitaria de videos, conoció a Taku a través de AngelPad. Taku ofreció diferir los costos por 5,000 dólares. Smith, quien había leído su blog, quedó convencido. También pudo sacar horas adicionales con Taku, conocido como Yokum, quien a menudo tiene un horario de oficina gratuito en AngelPad.

“Yokum fue una especie de celebridad para nosotros”, dijo.

Meses después, la empresa emergente sigue siendo un cliente, pero ahora se tiene que adaptar a una estructura de honorarios más normal.

“Nos cobran más”, dijo Smith. “Pronto te enteras de cuáles son las cosas con las que puedes molestar a tu abogado”.

A principios de este año, el bufete firmó un contrato por cinco años para el local en Soma, el diminutivo de barrio al sur de la calle Market, que está a una caminata corta de la oficina principal del bufete en San Francisco. Son cuatro los socios que trabajan en la oficina de Soma, pero también se pretende que sea un espacio abierto, de colaboración, que puedan usar las empresas emergentes y las organizaciones de emprendedores.

Un martes reciente, la oficina participó en la organización de una presentación para 30 empresas emergentes nuevas, una oportunidad para que presentaran sus productos a inversionistas potenciales y consiguieran tener acceso a una próxima conferencia de tecnología.

Aunque DEMO organizó la actividad, un negocio de conferencias tecnológicas, Wilson Sonsini ofreció gratis pizza y Trumer Pils, una popular cerveza fabricada en la cercana Berkeley. En otros momentos, el bufete ha realizado seminarios sobre contratación, así como actividades de empleados y liquidez, como las ofertas públicas iniciales y la privacidad de los datos, a las cuales asistieron reguladores de la Comisión Federal de Comercio.

“Estar a una milla de distancia puede marcar una diferencia enorme”, dijo Carpenter.