•   Port Clyde, Maine  |
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  • The New York Times

Encaminándose hacia su quinta hora de estar fileteando, con sus gruesas botas de goma chirriando sobre el piso de concreto mojado, Glen Libby, un pescador de oficio, parece más un cocinero asediado que el héroe de una revolución pesquera.

Hace cinco años en este impecable puerto pesquero inmortalizado por tres generaciones de Wyeth, Libby y una docena de compañeros se unieron para tratar de rescatar a su agotado banco de peces y a su profesión.

El resultado (‘’después de la prueba y el error con mucho error’’, en palabras de Libby) fue Port Clyde Fresh Catch, la primera compañía pesquera con apoyo comunitario de Estados Unidos, ahora parte de un creciente movimiento que trata de hacer de los pescadores locales a pequeña escala lo que la agricultura con apoyo comunitario hace por los agricultores.

En la cocina, las empresas pesqueras apoyadas por la comunidad requieren que los cocineros se pongan de acuerdo con anticipación para comprar cualquier pescado o marisco que atrapen los pescadores locales. A los pescadores se les pide que incluyan especies abundantes, como raya o gallineta, anteriormente rutinariamente lanzados sobre la borda.

Como alrededor de 80 por ciento de los pescados y mariscos que llegan a los platos estadounidenses son importados y como la ‘’trazabilidad’’ está a la orden del día, empresas pesqueras de apoyo comunitario de varios tamaños y ambiciones están surgiendo en todo Estados Unidos, desde Cape Ann en Massachusetts hasta Santa Bárbara en California. Hay unas 30 en el país, incluidas dos en Nueva York.

Port Clyde Fresh Catch nació en la crisis. La pesca está entretejida con la urdimbre y trama de la vida cotidiana aquí, un lugar donde el agua parece más dominante que la tierra. Los muelles de trabajo de la aldea aún parecen un Wyeth, vivos con remolcadores antiguos, trampas para langosta y chozas deterioradas por el tiempo que se ven empequeñecidas por las plantas de hoja perenne.

Pero la apariencia puede ser engañosa: Hasta recientemente, la ocupación pintoresca amada por ‘’la gente de lejos’’, como se llama a los residentes de verano, estaba al borde del colapso. De los 8,530 kilómetros de costa de Maine, sólo 32 kilómetros son muelles de trabajo, con el diminuto Port Clyde, originalmente llamado Herring Gut, siendo sede de la última flota de pesquería sobreviviente entre Portland y la frontera canadiense.

En la época en que Libby y sus colegas unieron fuerzas, enfrentaban la aniquilación de especies características de Nueva Inglaterra como bacalao y platija, en gran medida por la pesca excesiva y las redes que dañaban los lechos marinos, incluidas las de un creciente número de remolcadores industriales que pueden atrapar hasta 453,592 kilos de arenque al día.

La pesca excesiva sigue siendo un tema de discusión importante; se proyecta limitar la captura de bacalao hasta en 70 por ciento para el año próximo, dijo Peter Baker, director de los programas de Pesca en el Noreste del Pew Environment Group. La declinación constante del pez resultó en mayores regulaciones federales, incluidos límites sobre el número de días en el mar.

La pesca excesiva fue un factor que limitaba las utilidades de los pescadores. Otro fue la forma tradicional en que vendían lo que capturaban: a través de casas de subasta, que establecen los precios al mayoreo.

‘’Uno nunca sabía cuál sería el precio’’, dijo Libby, quien pescó el virus de la pesca excavando en busca de almejas de caparazón blando cuando era niño. ‘’En mi mejor temporada, ganaba un dólar por hora’’.

Él y sus colegas tenían una opción: Podían ‘’darse por vencidos y trabajar en McDonald’s’’, dijo, o unirse e intentar algo radical.

Unir fuerzas difícilmente fue fácil.

“Los pescadores son independientes’’, dijo Libby, malabareando un teléfono celular en una mano y un pico para sacar 14 kilos de gallinetas de un cubo con hielos en la otra. ‘’Quizá no te guste la gente, así que prefieres sentarte en un bote solo. Pero todo eso de ‘quiero ser el Llanero Solitario’ no funciona cuando las cosas se ponen difíciles, cuando la gente está pasando muchas penurias financieras. Entonces uno tiene que buscar alternativas, o abandonarlo’’.

Eliminaron al intermediario, procesando sus pescados y mariscos ellos mismos y luego vendiéndolos o embarcándolos directamente a los consumidores. La idea surgió después de que Libby y su familia escucharon a un agricultor hablar sobre la agricultura con apoyo comunitario. El grupo empezó con pedidos de camarón dulce invernal de Maine de parte de miembros de la iglesia unitaria en el cercano Rockland. Eso eventualmente condujo a demostraciones de fileteado desde la parte posterior de la camioneta pickup de Libby.

‘’Nadie se enriqueció’’, dijo Kim Libby, cuñada de Libby. ‘’Pero fue un buen estímulo para pagar la cuenta de la calefacción esa semana’’.

El grupo de Port Clyde se mostró ambientalmente proactivo, rediseñando sus redes para permitir que más peces juveniles escaparan. En vez de atrapar un gran volumen de una sola especie, el grupo buscó una captura más diversa y recibió un precio más cercano al costo de producción. Eso, a su vez, les permitió pescar a menor escala.

Ted Ames, un pescador retirado, Becario MacArthur y fundador del Centro de Recursos del Este de Penobscot, dijo que consideraba a las empresas pesqueras con apoyo comunitario una herramienta ecológica prometedora que puede ayudar a formar un grupo a favor de medidas de conservación como un área de protección intracostera de 48 kilómetros para el desove de los pescados limitada a botes pequeños.

‘’Las empresas pesqueras con apoyo comunitario no sólo dan a la gente productos marinos más frescos’’, dijo, ‘’dan a los pescadores locales la posibilidad de ser administradores del recurso’’.

El crecimiento ha dependido de todo tipo de factores, incluida la geografía. Aunque Port Clyde, aislado en una península a unos 72 kilómetros de Portland, ha reducido algunas de sus entregas debido a la distancia, el negocio está teniendo repercusiones en el puerto pesquero comercial de Gloucester en Cape Ann, a 45 minutos de Boston. Cape Ann Fresh Catch, iniciado por la Asociación de Esposas de Pescadores de Gloucester, se formó hace muchos años, compra a unos 30 barcos que usan ganchos, redes de malla, redes de arrastre y trampas, y colabora con un distribuidor y procesador mayorista local.

Aunque la sustentabilidad es parte del modelo de negocios, cómo eso se desarrolla en el agua es más complicado. Algunos pescadores son hombres de negocios primero, y ecologistas en segundo o en tercer lugar. Escribiendo sobre ‘’El dilema del consumidor de pescado’’ en la revista Edible Boston, Roz Cummins, miembro de Cape Ann, lamentó la prevalecencia del bacalao en el primer año de distribución del grupo.

Y no todos los pescadores usan métodos de pesca sustentables. Niaz Dorry, directora de coordinación de la Alianza Marina del Atlántico del Noroeste, argumenta que el tema de discusión no es tanto el tipo de equipo sino la escala.

‘’Lo que realmente importa es quien está detrás del timón y dónde ponen su equipo’’, dijo.

Las noticias más alentadoras quizá provengan de jóvenes como el hijo de Libby Justin, de 32 años de edad, quien había abandonado la idea de pescar, hasta que Fresh Catch le ofreció un ingreso más constante.

‘’No queríamos ser los últimos’’, dijo su padre de la herencia que fue uno de los sustentos vibrantes de las comunidades costeras. ‘’Aún pudiéramos serlo. Pero estamos tratando con ahínco de no serlo’’.