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  • The New Yorker

¿Quién fue el hacedor de reyes en la elección presidencial de 2012? El Boss, por supuesto. Así como los primeros aleteos de una mariposa en África pueden desatar una cadena de eventos que culmine en un huracán, la larga odisea del gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, para conocer a su ídolo, Bruce Springsteen, llamado el Boss, podría ser el factor que decidió la competencia.

Sigan mi razonamiento: Christie idolatra a Springsteen y ha asistido a 130 conciertos de él. Pero su amor de admirador nunca ha sido correspondido. Como peregrino toda su vida al templo de Bruuuuce, él cita la letra de sus canciones en las ocasiones públicas más raras, en su tiempo libre toca acordes de guitarra en el aire e intercambia historias fetichistas de cintas piratas.

Cuando fue elegido gobernador en 2009, él tenía grandes deseos de que la banda sonora de Springsteen fuera parte de su triunfo, pero fue desdeñado.

Cuando Christie, para sorpresa de los absolutistas de la derecha, abrazó y elogió al Presidente Barack Obama por su rápida respuesta ante la devastación del huracán Sandy, muchos teóricos de la conspiración pensaron que se estaba acomodando para el 2016. La idea era que sería mejor tener una competencia abierta por la presidencia que esperar a que terminara el segundo mandato del hombre de quien había sido sustituto principal, Mitt Romney.

Empero, parece que hubo otro motivo en juego, más complejo (y más evidente).

Yo les dije a mis amigos, medio en broma, que Christie en realidad andaba buscando la oportunidad de conocer a Springsteen. Que él haría cualquier cosa, incluso matar el impulso del candidato de su partido, por tener la oportunidad de estar cerca del hijo preferido de Nueva Jersey. Eso explicaría por qué se estaba portando tan bien. Por supuesto, el lunes, en su llamada telefónica a Christie, que ahora se ha vuelto diaria, el presidente le pasó el teléfono a Springsteen. El gobernador jamás va lavarse esa oreja.

Unos días antes, él había conocido a Springsteen en un concierto a beneficio de las víctimas de Sandy en Nueva York. Después de eso, Christie se fue a casa y lloró.

“Nos abrazamos”, declaró Christie en una conferencia de prensa el lunes. “Él me dijo que es oficial: somos amigos.”

Así que el Boss ama al nuevo Hombre Grande. “Voy a atesorarlo para siempre”, agregó Christie.

Ahora bien, las encuestas de salida señalan que el huracán tuvo un efecto mínimo en la actitud de los votantes. Pero si, como muchos creen, la oportunidad para que Obama apareciera bipartidista y presidencial en la última semana de la campaña con uno de sus críticos más estridentes fue suficiente para inclinar a los votantes independientes en los estados indecisos... bueno, no hay más que decir.

En ese caso, no fue Sandy lo que determinó la elección. Fue el músico que compuso “Sandy”.

Claro, este abrazo podría condenar a Christie ente la base de su partido; esos elefantes nunca olvidan. Rush Limbaugh, el más malvado de los neandertales, llamó “loco” y “gordo” a Christie la semana pasada. Tengo la impresión de que Christie diría que es un precio muy bajo a pagar por la oportunidad de conocer a Sprinsgteen.

(Timothy Egan es escritor y colaborador de The New York Times.)