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  • The New York Times

A los 30 años de edad, Chen Kuo tenía aquello con lo que muchos chinos sueñan: su propio departamento y un empleo bien pagado en una corporación multinacional. Pero a mediados de octubre, Chen abordó un vuelo a medianoche rumbo a Australia para iniciar una nueva vida sin perspectivas seguras.

Como cientos de miles de chinos que parten cada año, ella se sintió impulsada por una sensación predominante de que le pudiera ir mejor fuera de China. Pese a los enormes éxitos económicos de China en los últimos años, se sintió atraída por el medio ambiente más sano de Australia, sus servicios sociales vigorosos y la libertad de iniciar una familia en un país que garantiza las libertades religiosas.

“Es muy estresante en China; en ocasiones estaba trabajando 128 horas a la semana auditando mi compañía”, dijo Chen en su departamento de Beijing unas horas antes de partir. “Y será más fácil criar a mis hijos como cristianos en el extranjero. Hay más libertad en Australia”.

China está perdiendo a profesionales calificados en cantidades récord. En 2010, el último año para el cual hay disponibles estadísticas completas, 508,000 chinos partieron rumbo a los 34 países desarrollados que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. Eso es un aumento del 45 por ciento respecto de 2000.

Países individuales reportan que la tendencia continúa. En 2011, Estados Unidos recibió a 87,000 residentes permanentes provenientes de China, muchos más que los 70,000 del año anterior. Los inmigrantes chinos están impulsando auges inmobiliarios en lugares tan variados como la Ciudad de Nueva York, donde algunos agentes de bienes raíces emprendedores están aprendiendo mandarín, hasta la isla mediterránea de Chipre, que ofrece una ruta hacia un pasaporte de la Unión Europea.

Pocos emigrantes procedentes de China citan la política, pero está debajo de muchas de sus preocupaciones. Hablan sobre una estrategia de desarrollo a toda cosa que ha arruinado al medio ambiente, así como un tejido social y moral en deterioro que hace que China se sienta como un lugar más frío que cuando ellos estaban creciendo. En general, existe la sensación de que, pese todos los logros de las últimas décadas, la trayectoria política y social de China sigue siendo altamente incierta.

“La gente que forman la clase media en China no se siente segura sobre su futuro y especialmente sobre el futuro de sus hijos”, dijo Cao Cong, profesor asociado en la Universidad de Nottingham que ha estudiado la migración china. “No piensan que la situación política sea estable”.

La mayoría de los migrantes parece ver un pasaporte extranjero como un seguro contra el escenario del peor de los casos en vez de cómo un abandono completo de China.

Inversiones en el exterior

Un gerente basado en Shanghái en una compañía de ingeniería, que pidió no se mencionara su nombre, dijo que invirtió a principios de este año en un proyecto inmobiliario en la Ciudad de Nueva York con la esperanza de eventualmente conseguir una tarjeta de residente. Bloguero mordaz sobre acontecimientos actuales también, dijo que había sido visitado por funcionarios de la agencia de seguridad pública local, lo que aceleró su deseo de un pasaporte estadounidense.

“Una tarjeta de residente es una red de seguridad”, dijo el gerente. “El sistema aquí no es estable y uno no sabe lo que va a suceder después. Quiero ver cómo se dan las cosas aquí en los próximos años”.

La turbulencia política ha reforzado esta sensación. Desde principios de este año, el país se ha visto sacudido por las revelaciones de que Bo Xilai, uno de los líderes de más alto nivel en el Partido Comunista, dirigía un feudo que, según versiones oficiales, se involucró en asesinato, tortura y corrupción.

“Sigue habiendo mucha incertidumbre y riesgo, incluso al más alto nivel; incluso al nivel de Bo Xilai”, dijo Liang Zai, un experto en migración en la Universidad en Albany. “La gente se pregunta qué va a suceder dentro de dos o tres años”.

La sensación de incertidumbre afecta también a los chinos más pobres. Según el Ministerio de Comercio chino, 800,000 chinos estaban trabajando en el extranjero a finales del año pasado, en comparación con 60,000 en 1990. Muchos están en empresas pequeñas – servicios de taxis, pesca o agricultura – y les preocupa que su clase haya sido pasada por alto por el auge que ha experimentado China desde hace 30 años. Aun cuando cientos de millones de chinos han salido de la pobreza durante este periodo, la brecha entre ricos y pobres en China es una de las más amplias del mundo, y la economía está siendo dominada cada vez más por las grandes corporaciones, muchas de ellas estatales.

“Esto se ve impulsado por un temor de salir perdiendo en China”, dijo Biao Xiang, un demógrafo en la Universidad de Oxford. “Ir al extranjero se ha vuelto una especie de apuesta que podría producir algunas oportunidades”.

Zhang Ling, el dueño de un restaurante en la ciudad costera de Wenzhou, es uno de los que están preocupados. Su extendida familia de agricultores y comerciantes reunió su dinero para enviar a su hijo a estudiar el bachillerato en Vancouver, Columbia Británica. La familia espera que él entre en una universidad canadiense y un día consiga la residencia permanente, quizá permitiéndoles a todos trasladarse al extranjero.

“Es como una silla con diferentes patas”, dijo Zhang. “Queremos una pata en Canadá por si acaso una pata se rompe aquí”.

La emigración en la actualidad es diferente de la de décadas pasadas. En los 80, los estudiantes empezaron a ir al extranjero, y muchos de ellos se quedaron allá cuando países occidentales les ofrecieron la residencia después del levantamiento de la Plaza de Tiananmen en 1989. En los años 90, los migrantes chinos pobres captaron la atención internacional al pagar a “cabezas de serpiente” para que los llevaran a Occidente, en ocasiones en barcos de carga como el Golden Venture que encalló frente a la Ciudad de Nueva York en 1993.

Ahora, años de prosperidad significan que millones de personas tienen los medios para emigrar legalmente, ya sea a través de programas de inversión o enviando a un hijo al exterior a estudiar con la esperanza de asegurar un punto de apoyo a largo plazo.

Gobierno chino ofrece beneficios

Wang Ruijin, secretaria de una compañía de medios de Beijing, dijo que ella y su esposo estaban presionando a su hija de 23 años para que se postulara para una escuela de posgrado en Nueva Zelandia, con la esperanza de que pueda quedarse allá y abrir la puerta para la familia. No piensan que pueda conseguir una beca, dijo Wang, así que la familia está pidiendo dinero prestado como una especie de inversión a largo plazo.

“No sentimos que China sea adecuada para personas como nosotros”, dijo Wang. “Para avanzar aquí se tienen que ser corrupto o tener conexiones; nosotros preferimos una vida estable”.

Quizá indicando que el gobierno está preocupado, el tema ha sido ampliamente debatido en los medios oficiales. Fang Zhulan, profesor de la Universidad Renmin en Beijing, escribió en la revista semioficial Foro del Pueblo que muchas personas estaban “votando con los pies”, llamando al éxodo “un comentario negativo por parte de los emprendedores sobre la protección y la materialización de sus derechos en el sistema actual”.

El movimiento no es en una sola dirección. Como las economías están estancadas en Occidente y las oportunidades de empleo son limitadas, el número de estudiantes que están regresando a China aumentó 40 por ciento en 2011 comparado con el año anterior. El gobierno también ha establecido programas de alto perfil para atraer de vuelta s los científicos y académicos chinos ofreciéndoles temporalmente varias ventajas y beneficios. Sin embargo, Cao de Nottingham, dice que estos programas han logrado menos de lo pregonado.

“Quienes regresan pueden ver que se volverán chinos comunes después de cinco años y estar en la misma mala situación que sus colegas” que ya están en China, dijo. “Eso significa que pocos se estén sintiendo atraídos para quedarse a largo plazo”.

Muchos expertos en migración dicen que las cantidades se alinean con las experiencias de otros países en el pasado. Taiwán y Corea del Sur experimentaron enormes éxodos hacia Estados Unidos y otros países en los años 60 y 70, aun cuando sus economía estaban despegando. La riqueza y la mejor educación crearon más oportunidades para ir al extranjero y muchos lo hicieron; entonces, como ahora en China, en parte debido a inquietudes respecto de la opresión política.

Aunque esos países eventualmente prosperaron y adoptaron sociedades abiertas, el interrogante para muchos chinos es si el equipo de liderazgo entrante de Xi Jinping, elegido tras puertas cerradas, puede llevar a China a la siguiente etapa de avance político y económico.

“Me emociona estar aquí, pero me intriga el sendero del desarrollo”, dijo Bruce Peng, quien obtuvo un grado de maestría el año pasado en Harvard y ahora dirige una compañía consultora, Ivy Magna, en Beijing.

Peng se quedará en China por ahora, pero dice que muchos de sus 100 clientes tienen un pasaporte extranjero o les gustaría uno. La mayoría ahora posee o administra pequeñas o medianas empresas, que han sido exprimidas por las políticas que favorecen a las empresas estatales.

“En ocasiones, la misma situación de su propiedad y su compañía puede ser muy complicada”, dijo Peng. “Algunas personas quizá quieran vivir en una situación más transparente y democrática”.