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  • The New York Times

El bloque de concreto expuesto de la sede del Bundesbank se erige como un bastión en las afueras del distrito financiero en el centro de esta ciudad, una estructura impasible y despiadada que en su mera masa evoca no sólo la resistencia obstinada del banco central alemán al cambio sino, sobre todo, su obsesivo empeño en aplastar la inflación.

Construido hace 45 años, el edificio modernista es difícilmente antiguo para los estándares europeos, sin embargo es un templo de tradición, personificando el espíritu de ésta que es la más conservadora de las instituciones.

“Estamos tratando de que se mantenga así”, dijo Reiner Bruckhaus, jefe de la división de gestión de construcción centralizada del banco.

Eso empieza con los pisos de granito, las sillas Barcelona en el vestíbulo (diseñadas por el gran arquitecto de la Bauhaus Ludwig Mies van der Rohe) y el grandioso mármol de Carrara blanco al lado de los elevadores, y llega hasta los techos de cuadrícula de madera en el piso superior.

“No encontrará ni siquiera el más ligero cambio”, dijo Bruckhaus.

Cuando el edificio fue erigido en 1967, el dominio que tenía el Bundesbank de la política monetaria europea no tenía oposición. Pero en la brumosa distancia del paisaje de Fráncfort, un cambio importante es evidente en la silueta de dos torres y tres grúas, la nueva sede del Banco Central Europeo; un recordatorio visible de la institución que ha suplantado al Bundesbank, al igual que el euro reemplazó al marco alemán.

Los líderes europeos establecieron la sede del Banco Central Europeo en Fráncfort como un símbolo de su estatus como heredero del Bundesbank. Pero el riesgo que representa la continua crisis de deuda de Europa demandó improvisaciones que no concuerdan con las enseñanzas conservadoras del Bundesbank.

Durante el verano, el presidente del BCE, Mario Draghi, siguió una política expansiva que fue una abominación para la vieja guardia, cuya causa fue defendida por el juvenil presidente del Bundesbank, Jens Weidmann. Él y sus simpatizantes basan sus opiniones, dicen, no en la rígida ortodoxia sino en la experiencia sacada del desastre de la hiperinflación y el éxito de apegarse a un sendero monetario.

En una unión cada vez más incómoda, el Bundesbank funciona como la pieza más grande del rompecabezas del BCE. Con más de 9,500 empleados de tiempo completo, el Bundesbank hace empequeñecer al banco central de 1,600 personas. Debido al personal limitado, el BCE depende del Bundesbank para manejar muchas de las funciones de respaldo de la moneda común.

Pero la influencia del Banco Central Europeo continúa creciendo. Los ministros de finanzas de la zona del euro estuvieron de acuerdo con un pacto que pone a entre 100 y 200 de sus bancos más grandes bajo su supervisión directa.

El matrimonio arreglado entre los dos bancos requerirá de enorme esfuerzo y flexibilidad. Como sugiere su sólida sede, el Bundesbank es capaz de un esfuerzo enorme y sostenido, pero la flexibilidad pudiera ser adversa a su naturaleza.

Fundado en 1957, el Bundesbank rápidamente se convirtió en una de las instituciones más respetadas de Alemania. La tropa detrás de Weidmann, de 44 años de edad, representa un grupo inusualmente unido, casi como una orden monástica, y se impregnan de la religión laica del banco; a menudo en la propia escuela del banco, una especie de Hogwarts para sus futuros magos financieros, en un castillo del siglo XII en la cima de una colina en la localidad de Hachenburg.

"Estabilidad de precios"

“Uno lo escucha en la primera clase”, dijo Silke Fruhklug, de 32 años de edad, graduada y empleada del Bundesbank. “Lo escucha en la última clase y todos los días entre ellos: estabilidad de precios”.

Fruhklug se casó con un compañero de clases y en su tiempo libre juega en el equipo de bádminton del banco centra, el cual en una noche reciente practicó en un gimnasio en el campus del Bundesbank después del equipo de balonmano. El banco también tiene una sociedad de teatro y un club de “artistas aficionados”, el cual exhibe en el vestíbulo de las oficinas centrales. Posee departamentos para empleados en mercados inmobiliarios herméticos como Múnich y aquí en Fráncfort. Los empleados retirados siguen almorzando en la cafetería, ayudando a nutrir la tan importante continuidad.

“La gente se siente relacionada con los objetivos del banco”, dijo Matthias Endres, de 43 años de edad y editor de la revista interna del Bundesbank.

Como Fruhklug, él se casó con una compañera graduada de la escuela en Hachenburg. Ha tomado vacaciones con su esposa y sus tres hijos en los tres hoteles del Bundesbank, en el Mar del Norte, en la Selva Negra y en un lago en Baviera.

La esposa de Endres, Simone, trabaja medio tiempo en el Museo del Dinero de la sede, que alberga unos 350,000 objetos, de los cuales aproximadamente 1,300 están en exhibición, incluyendo los billetes sin valor en denominaciones de millones y miles de millones de la hiperinflación de la era Weimar y ejemplos de dinero mercadería, como una barra de oro, un ladrillo de té e incluso una vaca disecada parada cerca de la entrada, un recepcionista bovino silencioso.

Los visitantes del museo pueden probar su suerte en el Juego de la Estabilidad, que imita la dificultad de manejar la oferta de dinero. Tomando la palanca de mando, los jugadores inyectan y retiran liquidez de la economía. Pero el juego funciona con un retraso en que, para cuando el sistema empieza a entrar en la inflación, es demasiado tarde para retroceder. Los formuladores de politicias alemanes, particularmente en el Bundesbank, subrayan ese riesgo cada vez que tienen oportunidad.

“Como dijo uno de mis predecesores: ‘Si coqueteas con la inflación, terminarás casado con la inflación’”, dijo Weidmann a un público en Berlín en noviembre.

Erich Keller, rector de la Universidad del Deutsche Bundesbank de Ciencias Aplicadas en Hachenburg, dijo: “Tenemos un lema, sólo un objetivo: estabilidad de precios”.

“Esta orientación hacia la estabilidad está en los genes del Bundesbank”, dijo. “Nosotros estamos introduciendo esos genes”.

El Bundesbank compró el castillo en la cima de la colina en 1974 por 3.9 millones de marcos alemanes, o lo que hoy serían unos 7.6 millones de dólares. El objetivo era tener un lugar donde capacitar al núcleo del Servicio Civil, preferiblemente alejados de las distracciones y tentaciones del mundo de la banca corporativa.

La colegiatura es gratuita. Los estudiantes son técnicamente servidores públicos y reciben estipendios mensuales de alrededor de 1,200 dólares para los recién graduados de bachillerato y unos 1,600 dólares para los empleados bancarios capacitados previamente. Tienen que regresar ese dinero si no van a trabajar para el Bundesbank o una de varias instituciones públicas más por al menos cinco años.

“En el último curso, estuvimos hablando sobre los acontecimientos recientes en la política monetaria”, dijo recientemente Thomas Fehrmann, vicerrector de la escuela, “y es realmente difícil para mí poner en claro a los estudiantes que hay algunas razones de por qué Draghi pudiera estar en lo correcto. Hay miembros del club y soldados de Weidmann”.

Oficialmente, Weidmann no es más poderoso que sus colegas de diminutos países miembros del euro como Malta y Luxemburgo. Extraoficialmente, como representante de la economía más grande de la Unión Europea y jefe del vigoroso equipo de expertos financieros del Bundesbank, se ubica sólo detrás de Draghi en influencia e importancia.

Los medios alemanes especulan sobre el tenor de la relación entre los dos hombres como las revistas de chismes dan seguimiento a las estrellas de “Twilight”. Desde que se opuso enfáticamente al plan de Draghi de compra de bonos, Weidmann regularmente escucha la pregunta de cuándo renunciará, como hizo su predecesor, Axel Weber.

Weidmann ha tratado de restar importancia al conflicto, que está latente hasta que la mera promesa de comprar bonos entre en acción.

“No estoy solo en el consejo del BCE”, dijo Weidmann en la conferencia en Berlín.

Sin embargo, pudera sentirse solo en los salones del Bundesbank, si tuviera que cambiar de postura y apoyar a Draghi contra la opinión de su propio personal.

“Somos demasiado conservadores para abuchearlo”, dijo Fruhklug. “Muchas personas escribirían correos electrónicos”.

El BCE y su influencia

La influencia del Banco Central Europeo continúa creciendo. Los ministros de finanzas de la zona del euro estuvieron de acuerdo con un pacto que pone a entre 100 y 200 de sus bancos más grandes bajo su supervisión directa.