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  • The New York Times

Hace apenas cinco años, se construyeron varias terminales gigantescas para importar gas natural y satisfacer las necesidades energéticas de un Estados Unidos sediento de combustibles. Sin embargo, las terminales de miles de millones de dólares eran obsoletas aun antes de que se secara el concreto, ya que un auge inesperado en la perforación de nuevos yacimientos de esquisto desde Pensilvania hasta Texas, produjo una superabundancia de gas natural, nacional y barato.

Ahora, esas mismas compañías que tenían esas grandes expectativas sobre las importaciones proponen salvar esos elefantes blancos, gastando miles de millones de dólares más para convertirlos en terminales para exportar parte del gas extra de Estados Unidos a Asia y Europa, donde su precio es aproximadamente del triple.

Tal como la vez anterior, algunas de las costosas empresas podrían resultar ser malas inversiones.

La demanda del gas estadounidense – que se embarcaría en forma condensada, llamada gas natural licuado, o GNL – fácilmente podría ir disminuyendo para cuando realmente se echen a andar la nuevas terminales de exportaciones, dicen algunos especialistas en energía.

“Será más fácil exportar la tecnología para extraer gas de esquisto que exportar el gas en sí mismo”, notó Jay Hakes, el exdirector de la Administración de Información Energética del Departamento de Energía de Estados Unidos. “Conozco la presentación sobre que nuestros diferenciales de precios justificarán los altos costos del GNL. Ya veremos. Los gasoductos son un buen negocio. ¿El GNL? No está tan claro”.

Hasta los operadores de terminales reconocen que es probable que solo unas cuantas compañías suertudas podrán exportar gas porque puede costar 7,000 millones de dólares o más construir una terminal, y, solo después de un riguroso proceso regulatorio federal. Tan solo el proceso exploratorio para encontrar un sitio adecuado para una nueva terminal puede llevarse un año y costar 100 millones de dólares, dicen las compañías, solo se puede asegurar el financiamiento cuando se cierran acuerdos con compradores extranjeros para adquisiciones a largo plazo, de 20 años o más.

“Es un esfuerzo monumental lograr cerrar un trato como este, y necesitas socios ricachones”, dijo Mark A. Snell, el presidente de Sempra Energy, cuya sede está en San Diego y solicitó permisos para transformar una terminal para importaciones en una para exportaciones en Hackberry, Luisiana. “Solo hay un puñado de personas que pueden hacer este tipo de cosas”.

Frenesí por perforar

Son por lo menos 15 proyectos de terminales propuestas las que han presentado solicitudes regulatorias para exportar gas, y si se aprobaran todas, podrían exportar más de 707,921,164 metros cúbicos diarios, el equivalente a más de un tercio del consumo interno de gas natural.

Ambientalistas dicen que el tipo de aumento en la demanda produciría un frenesí por la perforación en esquisto que depende de la fracturación hidráulica en rocas duras, un método industrial que dicen hace peligrar el suministro de agua y contamina el aire. Dow Chemical, un gran usuario de gas natural, y algunos otros fabricantes expresan inquietudes en cuanto a que un auge en las exportaciones pudiera amenazar con un aumento de precios en el gas para las fábricas y los consumidores, y, básicamente, eliminar empleos.

Los oponentes ya están cabildeando en el gobierno de Obama para rechazar la mayoría de las terminales planeadas, y ya hubo protestas. Sempra, Exxon Mobil, Cheniere Energy y otras ya construyeron unas para importaciones en el Golfo de México. Con instalaciones para atraque y gigantescos tanques de gas ya construidos en terrenos que adquirieron y para los cuales se les otorgaron permisos, tienen una enorme ventaja sobre las compañías que todavía no las construyen. Cheniere, la única que aseguró una licencia para exportar, ya cerró acuerdos de adquisiciones a largo plazo para su GNL, y varias otras solo están unos cuantos pasos atrás.

También se espera que Dominion Power, que opera una terminal para importaciones casi ociosa cerca de Cove Point, en la bahía Chesapeake, en Maryland, proceda con la conversión para exportaciones, ya que tiene una ubicación estratégica cerca de los yacimientos de gas en la formación de esquisto Marcellus del Atlántico medio.

“Tienes que poder cambiar, adaptarte conforme suceden los cambios en el mundo”, señaló Michael E. Gardner, el gerente de la planta en Cove Point. Las compañías que tienen terminales para importación que ahora quieren exportar obtuvieron una victoria en diciembre cuando se dijo en un informe del Departamento de Energía que las exportaciones de gas natural licuado podrían producir 30,000 millones de dólares anuales en ingresos, sin hacer que aumenten en forma considerable los precios internos del gas.

Muchos especialistas en energía esperan que el gobierno de Obama apruebe varias licencias para exportación en el siguiente par de años, y se podría empezar a exportar en 2015.

Los planes para un auge en las exportaciones de gas se basan en la teoría de que el gas estadounidense seguirá siendo barato durante décadas, mientras el suministro asiático y europeo sigue siendo reducido y caro. Se espera que la demanda mundial de gas natural se expanda por décadas, conforme los países buscan un remplazo para el carbón, la energía nuclear y el petróleo, cada vez más caro, dicen especialistas en energía.

Si se pudieran construir las terminales estadounidenses mañana, tendrían una oportunidad perfecta en el mercado. El exceso en la producción en Estados Unidos hizo que bajaran los precios del gas natural en más de dos tercios en este país desde 2008.

Los precios del gas en la mayoría de los demás países del mundo son mucho más altos porque están vinculados al petróleo, que sigue siendo comparativamente más caro. Los precios del gas en Estados Unidos son de menos de 3.50 dólares los 28 metros cúbicos, en comparación con 10 a 11 dólares en Europa. Son aún mayores en Asia, en especial en Japón, donde es de más de 17 dólares porque el país ha estado tratando de remplazar la perdida potencia nuclear con gas natural.

Los precios del gas en Estados Unidos enfrentarán presión ascendente conforme aumenten las exportaciones, las plantas de electricidad cambien de carbón a gas y las compañías usen más gas natural en la manufactura y para las flotillas vehiculares.

Competitividad afectada

“Con los precios del gas estadounidense en aumento, el GNL estadounidense podría quedar fuera del alcance del mercado”, dijo Noel Tomnay, el jefe de investigación sobre gas mundial en la consultoría Wood Mackenzie. “Aun sin las exportaciones de GNL, el precio va a subir”.

Empieza a erosionarse la indexación del gas asiático y europeo a los precios del petróleo. Al mismo tiempo, se construyen enormes gasoductos por toda Asia para proveer a China, en tanto que es posible que los nuevos hallazgos de gas en Australia, el este de África y el este del Mediterráneo inunden los mercados con más gas natural licuado. Rusia, un importante productor de gas, también actúa agresivamente para proteger sus mercados.

Y el costo de embarcar y procesar el gas licuado afectará la competitividad de los proveedores estadounidenses.

Nikos Tsafos, un analista en gas de PFC Energy, dijo que si el actual precio del gas de poco menos de 3.50 dólares por 28 metros cúbicos aumenta a 6 dólares, “para cuando llegue a Asia, habrá duplicado el precio y eso significa que no hay arbitraje”.

La mayor amenaza, a largo plazo, es que se extienda el auge del esquisto estadounidense en ultramar. Estados Unidos tiene una gran ventaja; el inicio de la perforación del esquisto se ha tardado mucho en Europa, Sudáfrica y Sudamérica por las inquietudes ambientales, la escasez de agua y los obstáculos políticos.

Sin embargo, China, que potencialmente tiene más recursos de esquisto que Estados Unidos, está posicionada para el desarrollo. Y Polonia, Gran Bretaña y Argentina avanzan con más perforaciones de esquisto.

La resistencia de organizaciones ambientalistas como el Club Sierra podría ayudar a detener algunos proyectos de exportación, en especial fuera de la región del Golfo de México, donde ya existen las industrias del petróleo y el gas. Y fabricantes como Dow Chemical hacen campaña contra las exportaciones sin trabas para mantener bajos sus costos.

En conjunto, estos factores harán que sea muy difícil recaudar suficiente financiamiento para los proyectos de exportaciones. Los que construyen terminales de GNL notan que se propusieron más de 20 terminales para importaciones hace una década que nunca se construyeron, debido a la oposición local o la falta de permisos gubernamentales y financiamiento.

“¿Se podrá financiar a todos estos proyectos? Es una buena pregunta”, dijo Marvin Odum, el presidente de Shell Oil Co., que busca varios posibles sitios para el GNL en los cuales invertir. “Es probable que el resultado de esto sean las exportaciones de GNL sin restricciones”.

Importando experiencia

Países de todo el mundo están importando experiencia en perforación, así como equipo para abrir sus propias reservas de gas con las mismas técnicas de la fractura hidráulica.