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  • The New York Times

Por casi 300 años, la fábrica Richard Ginori en esta localidad produjo vajillas de porcelana únicas, hechas a mano y decoradas elegantemente. Sus piezas han adornado museos, así como las mesas de los acaudalados del mundo y de los esperanzados de clase media. En marzo, el Palacio Pitti en Florencia exhibirá la porcelana Ginori de la época de la ocupación napoleónica de la Toscana.

Todo ello es poco consuelo, no obstante, para más de 300 obreros de la fábrica que encaran el desempleo porque, tras años de balances tambaleantes, la fábrica se declaró en bancarrota en enero.

Una fría mañana reciente, los obreros se juntaron en la entrada, esperando que un nuevo dueño pudiera salvar a la compañía y preservar la esencia de esta localidad, donde cada familia está conectada a la fábrica en una forma o en otra y se ubica cómodamente pegada a Florencia.

“Hay leyes para salvar a los pandas”, dijo Valentina Puggelli, una empleada de la oficina de comunicaciones de la compañía. “Nosotros queremos salvar algo igual de raro”. El cómo quebró una empresa fundada en 1735, que ha aguantado revoluciones en la industria y en los gustos populares, es tema de un considerable debate aquí.

Las respuestas hablan tanto de la desaparición de Richard Ginori como de fuerzas mayores que golpean a casi todos los fabricantes, pequeños y medianos, de Italia, en un momento de enorme competencia mundial y crisis económica interna.

Las cenas formales están desapareciendo gradualmente, y con ellas, el mercado de la porcelana hecha a mano, cuya producción es cuidadosamente lenta y costosa. Al igual que tantas industrias italianas de tamaño similar, la compañía tuvo que decidir entre tratar de preservar su estatus – y mercado – como productor para un nicho de alta calidad con la distinción de “Hecho en Italia”, o ser atractiva para mercados mundiales más amplios, de gustos menos costosos.

Optó por esto último y comenzó a fabricar productos más cotidianos – incluidas vajillas para obsequios promocionales de una cadena de supermercados _, colocando a la compañía en competencia directa con cerámicas más comunes. No obstante, los elevados costos de la mano de obra y los altos impuestos en Italia, la dejaron en clara desventaja. Ahora, muchos empleados atribuyen la decadencia de la empresa a esa decisión.

“Richard Ginori tiene que capitalizar su alta calidad”, señaló Giovanni Nencini, un empleado y portavoz de la fábrica por parte del sindicato Cobas. “Somos la Ferrari de la porcelana, pero los planes estratégicos de los últimos años redujeron la calidad de la marca”.

Desde luego que Richard Ginori no fue la única que enfrentó presiones. Ha sido una época difícil para los fabricantes de porcelana en todo el mundo. Muchas marcas famosas – Wedgwood, Spode, Rosenthal – tampoco han podido sobrevivir en un mercado inundado de vajillas utilitarias y más baratas, con frecuencia de China, donde se desarrolló por primera vez la cerámica con un cuerpo de barro blanco hace 1,500 años.

Los italianos compran ahora 60 por ciento de sus vajillas en China, según Confindustria Cermaica, el cabildeador del sector que representa a 273 fabricantes italianos de cerámica y a sus 37,000 empleados. En los últimos meses, la asociación acusó a los chinos de meter productos al mercado italiano por debajo del costo de producción, provocando que la Comisión Europea impusiera aranceles por importación – temporales, por ahora – de hasta 59 por ciento a algunas vajillas chinas.

A pesar de los esfuerzos de algunos dueños anteriores por levantar a Richard Ginori y conseguir a diseñadores de primera, como Paola Navone, la actual directora artística, la inversión no alcanzó, dicen los críticos, y el clima empresarial de Italia la limitó.

Hoy, los trabajadores fantasean que un dueño nuevo aportará “la misma iluminación y corazón”, señaló la decoradora Letizia Filippini.

Carlo Ginori, el marqués de Fiorentino, abrió la primera planta aquí, en 1735, después de explorar la Toscana buscando caolín, el barro blanco que es el ingrediente esencial de la porcelana.

El negocio floreció y permaneció en la familia hasta que se fusionó con Richard Ceramics de Milán en 1896 para convertirse en Richard Ginori. En esos días, la compañía hacía bajo pedido de todo, desde vajillas para trasatlánticos de lujo hasta las de lujosos hoteles y del Vaticano. Para los 1930, ya empleaba a uno 2,000 trabajadores que ejecutaban las visiones de Gio Ponti, uno de los diseñadores y arquitectos más renombrados de Italia.

El principio del fin, dicen muchos por aquí, comenzó hace unos 40 años, cuando la fábrica se convirtió en sólo otro activo de la cartera de inversiones de una sucesión de negocios italianos. Finalmente, en mayo pasado, los accionistas decidieron cortar por lo sano – tenían deudas por 75 millones de euros o cerca de 100 millones de dólares – y votaron por cerrarla.

En noviembre, liquidadores nombrados por el tribunal encontraron a un comprador en una empresa conjunta de Lenox, una compañía estadounidense de vajillas y artículos para regalo, y Apulum, una productora de cerámica en Rumania. Juntas, se comprometieron a adquirirla en 13 millones de euros (17.3 millones de dólares), conservar a 90 por ciento de la fuerza de trabajo e invertir en la marca.

Como parte del trato, el gobierno italiano acordó, temporalmente, no cobrar gravámenes impagos a cambio de la propiedad del Museo Richard Ginori, ubicado junto a la planta y donde hay productos por valor de millones de euros.

Sin embargo, el trato se vino abajo después de que un tribunal de Florencia planteó inquietudes sobre algunos de los aspectos legales. Los liquidadores tienen hasta mediados de mayo para encontrar un comprador, uno que reinicie la marca, reestructure las cadenas productivas y actualice las plantas, mientras protege a los trabajadores. Lenox y Apulum dicen que preparan otra oferta conjunta.

“Seguimos comprometidos con la inversión en la marca y en conservar la fábrica en Sesto Fiorentino; eso es parte de nuestro plan”, dijo William Robedee, director jurídico de Lenox. “La destreza italiana, su mismísimo ADN, es lo que hace que esto sea tan atractivo.