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Desde que Juan escribió sus revelaciones en la isla griega de Patmos, en el siglo I, imaginarse y preparar-se para el fin del mundo ha ofrecido oportunidades comerciales. Hoy en día, en lugar de la salvación eterna, tenemos el movimiento de los “preppers” (los que se preparan para sobrevivir una catástrofe) y la “mochila de emergencia”.

La mochila, para que los preppers le lleven en la espalda, puede incluir alimentos liofilizados, una linterna operada a mano, cortapernos, una máscara antigas, un hacha que hace las veces de pala, otra pala, cantimploras para agua, cinta adhesiva, una tienda de campaña y, tal vez para días más soleados en una ruta de escape costera, una toalla de playa. Las mochilas se venden bien entre todo tipo de gente hoy en día.

En los viejos tiempos, el estadounidense típico que se preparaba para sobrevivir en caso de una catástrofe era un libertario rural que se oponía la amenaza del gran gobierno. En cambio, el prepper de la actualidad podría ser un médico urbano, un pequeño empresario o un profesor que se prepara para huir de un sinnúmero de amenazas: el impacto de un asteroide, una falla de la red eléctrica, una tormenta o incluso el tradicional acontecimiento cósmico.

El periodista Nick Bilton de The New York Times recientemente documentó cómo él mismo se convirtió en prepper. Tras contemplar la inestabilidad de los mercados financieros mundiales durante cierto tiempo, Bilton escribió: “Empecé a concebir el mundo como un sistema de sistemas insostenibles, una destartalada máquina en la cual la pérdida de una sola pieza (por ejemplo, el petróleo barato) podría descarrilar todo, desde el transporte por camiones hasta la distribución de los alimentos”.

Definitivamente, el mundo puede ser un lugar frágil y lo improbable puede suceder. Un recordatorio vio-lento de esto se produjo el 15 de febrero, cuando un meteoro que estrepito-samente atravesó la atmósfera sobre Sieria produjo una luz cegadora y una onda de choque que lesionó a más de mil personas y dañó edificios varios kilómetros a la redonda.

Así que, ¿cuándo es prepararse para un desastre un delirio y cuándo es cautela razonable? Cuando el fin de un ciclo en el calendario maya recientemente fue interpretado como una señal del fin del mundo el 21 de diciembre de 2012, la predicción se difundió. Muchos, incluyendo los mismos mayas, quedaron perplejos. Un titular de The Times en diciembre decía: “Están mayas de Brooklyn bastante seguros de que el mundo no se acabará el viernes”. De hecho, la forma en que un país reacciona ante una catástrofe inminente muchas veces puede reflejar el carácter nacional. Escribiendo en el sitio de Internet Latitude del International Herald Tribune, Masha Gessen contó que la bola de fuego que estalló arriba de Siberia fue recibida en dicha región con una especie de fatalismo. “¿Por qué? Porque esperan que un desastre se produzca en cualquier momento”.

Debido a su historia, escribió Gessen, “los rusos generalmente no esperan controlar lo que les pasa y no ven el punto de siquiera intentar hacerlo”. El otro factor, agregó, es una profunda desconfianza en las autoridades: “Ellos siempre asumen que una alarma de incendio es falsa”.