•   Río de Janeiro, Brasil  |
  •  |
  •  |

Si hay un lugar que deja en claro los desafíos que enfrenta el catolicismo a nivel mundial, es Brasil, el país con el mayor número de católicos del mundo y que constituye una especie de laboratorio para poner a prueba las estrategias de la Iglesia para atraer a los fieles de vuelta al rebaño.

En una mega iglesia nueva en Sao Paulo, Marcelo Rossi, sacer-dote católico quien fue entrenador personal antes de unirse al clero, entona cantos a todo pulmón ante 25 mil feligreses. Otros sacerdotes brasileños interpretan canciones country en misa o escriben libros de consejos, con portadas adornadas con fotografías de hombres atractivos.

Al reflejar el cambiante panorama religioso con el que lidiará el sucesor del Papa Benedicto XVI, Brasil compite con Estados Unidos como la nación con más pentecostales, y el monopolio católico cede ante el aumento de iglesias evangélicas protestantes.

A pesar de la estatua del Cristo Redentor que se alza sobre Río de Janeiro, existe una profunda inquietud entre algunos católicos sobre el futuro de su fe, debido a la creciente secularización e indiferencia a la religión. Sólo el 65 por ciento de los brasileños dice ser católico, de acuerdo con el censo del 2010, comparado con más del 90 por ciento en 1970. Antes de que Benedicto anunciara que renunciaría al papado a fines de este mes, se esperaba que visitara Río de Janeiro, en julio, para la Jornada Mundial de la Juventud, una reunión de millones de jóvenes que tiene el objetivo de guiar a nuevas generaciones de católicos. Muchos de los fieles brasileños esperaban que ese viaje represen-tara un nuevo enfoque del Vaticano hacia las amenazas de la competencia evangélica y la secularidad.

Algunos en Brasil tienen la esperanza de que el nuevo Papa aún pueda visitar Río de Janeiro al comienzo de su pontificado; e incluso se sienten motivados porque dos brasileños, el Cardenal Joao Braz de Aviz y Odilo Scherer, Arzobispo de Sao Paulo, han sido menciona-dos entre los posibles candidatos a suceder a Benedicto. Pero otros parecen estar resignados a una mezcla de abandono y condescendencia por parte del Vaticano.

“Creo que van a mantener la misma línea de Benedicto”, dijo Silvia Fernandes, socióloga en la Universidad Rural Federal de Río de Janeiro, quien se especializa en el catolicismo.

Fernandes dijo que persisten grandes divisiones al interior de la Iglesia en Brasil, entre los arzobispos en el Amazonas, quienes se centran en los derechos humanos, la deforestación ilegal y las luchas indígenas, y el liderazgo católico más conservador y tradicional en el sureste brasileño relativamente próspero.

Luego están los sacerdotes cantantes que pertenecen a la Renovación Carismática Católica de Brasil, movimiento que busca vigorizar los servicios católicos con el tipo de vitalidad que los feligreses hallan frecuentemente en otras iglesias. El Vaticano ha aceptado a estos curas, pero solamente hasta cierto grado.

“A través de este movimiento, mucha gente se encuentra nueva-mente dentro de la Iglesia”, dijo Almir Belarmino, de 53 años, técnico en una compañía de tratamiento de aguas residuales quien fue uno de los 1.200 de asistentes a un retiro para gente en el movimiento carismático.

La mezcla de prácticas nuevas no es algo reciente en Brasil. Mu-chas personas dicen ser católicas pero también practican religiones derivadas de África, como el Candomblé, que fusiona la identidad de santos católicos con deidades africanas.

Al mismo tiempo, las iglesias evangélicas exitosas acrecentan su influyente bloque electoral en el Congreso brasileño y extienden sus operaciones en América Latina y África.

En Sao Paulo, la Iglesia Universal del Reino de Dios, una organización pentecostal multinacional fundada en Brasil en 1977, está destinando 200 millones de dólares a la construcción de una réplica del Templo de Salomón con diez mil asientos.

Los cantantes evangélicos también tienen enormes bases de fans, como sucede con Aline Barros, cantante de gospel ganadora del Grammy que tiene casi un millón de seguidores en Twitter.

Predicadores de televisión, como Silas Malafaia, líder pentecostal de Río de Janeiro, se han hecho conocidos tras arremeter contra simpatizantes del aborto legalizado y los derechos de los homosexuales.

El crecimiento del secularismo también amenaza a todas las iglesias en Brasil. Andrew Chestnut, experto en religiones latinoamericanas, en la Universidad Virginia Commonwealth, dijo que el segmento de más rápido crecimiento en el panorama religioso brasileño hoy podrían ser los no creyentes y las personas sin afiliación religiosa, que componen hasta el 15 por ciento de la población.

Para un país que apenas en 1980 registraba un nivel insignificante de personas que se autodenominaban ateas, este desarrollo es indicativo de cambios profundos en la sociedad.

En toda América Latina, cada vez más personas dicen no tener una afiliación religiosa, un fenómeno similar a lo que ha sucedido en Europa y Estados Unidos, pero un poco menos pronunciado, dijo Philip Jenkins, profesor de historia en el Instituto para Estudios de Religión, en la Universidad Baylor, en Texas.

Una señal de esto, indican algunos expertos, es una caída drástica en los índices de fertilidad, que para la iglesia significa menos niños que bautizar y confirmar, y menos candidatos a convertirse en sacerdotes y monjas.

La tasa de fertilidad brasileña, aproximadamente 1,83 hijos por mujer, se sitúa por debajo del nivel necesario para mantener la población estable.

“Si yo fuera un cardenal brasileño, estaría aún más preocupado por el tamaño de las familias y las tasas de fertilidad, que son muy buenos augurios de la secularización, que por el pentecostalismo”, dijo Jenkins.

Recientemente, uno de los asistentes al Carnaval de Río de Janeiro, Thiago Assis, de 30 años, un analista de sistemas quien es católico, dijo sentirse decepcionado por las opiniones conservadoras de Benedicto y tener la esperanza de que su reemplazo pueda acercar más a la Iglesia a él y a otros brasileños.

“Existe una gran expectativa de que el próximo Papa adopte actitudes más liberales”, dijo Assis, y agregó que él particularmente está en desacuerdo con la postura de la Iglesia respecto al uso del condón, que él describió como “una cuestión de salud”.