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No hay ningún letrero que marque la puerta a La Poderosa, un espacio de actuación y baile en el barrio del Raval, en Barcelona.

Al subir un tramo de escaleras hay un loft espacioso, pero acogedor, con una plataforma ligeramente elevada para las actuaciones en un extremo, un bar en el otro y algunas mesas y sillas.

Una tarde reciente, Javier Vaquero Ollero bebía una cerveza y hablaba sobre el futuro. “Realmente vivimos día a día”, dijo Vaquero Ollero, de 28 años, bailarín, coreógrafo y miembro del grupo que dirige el espacio. “No se puede hacer una proyección del futuro.

No se puede tener una idea de un proyecto o diseñar cierta clase de proyecto artístico que hacer en un año, porque en realidad uno no sabe si podrápagar la renta del mes que viene”.

El alquiler del loft de La Poderosa es de unos 1.100 dólares mensuales. Pero es difícil pagar eso cuando los fondos entran a cuentagotas. Al igual que la mayoría de las organizaciones artísticas en España, el espacio solía obtener la mayor parte de sus ingresos de subsidios públicos. En su apogeo, hace unos años, La Poderosa recibía aproximadamente 90 mil dólares anuales de fuentes gubernamentales. Usaba eso para pagar la renta, los artistas, los costos técnicos y pequeños salarios para tres empleados.

Ahora no recibe nada. La respuesta del gobierno a la recesión de España ha sido devastadora para la cultura. En Europa, hasta el 50 por ciento de los presupuestos de arte proviene de subsidios gubernamentales, mucho más que en otras partes del mundo. Las donaciones privadas en Europa generalmente no se pueden deducir de los impuestos, así que cuando se reducen los subsidios, es difícil generar nuevos ingresos para compensarlos. En España, la venta de entradas, la fuente de ingresos más importante que queda, ha sido afectada por un alza en el impuesto al valor agregado sobre los boletos, del 8 al 21 por ciento.

Un informe realizado para el Ministerio de Cultura y actualizado en 2012 encontró que desde 2009, en promedio las organizaciones culturales habían reducido su presupuesto o volumen de actividad en un 49,8 por ciento.

La situación afecta tanto al mundo experimental y subterráneo encarnado por La Poderosa, como a personalidades e instituciones convencionales más famosas.

El Gran Teatro del Liceo, en Barcelona, uno de los dos principales teatros de ópera del país, ha despedido a unos 100 empleados. Cuando se le preguntó qué había cambiado en el Liceo desde la crisis, Joan Francesc Marco, director general del teatro, dijo: “Todo”.

El tenor Plácido Domingo recientemente señaló: “La esperanza de todos es que regresemos al nivel de cantidad y calidad que teníamos antes de la crisis”.

Pero la cantidad es un problema abrumador en el Palacio de las Artes Reina Sofía, en Valencia, donde Domingo cantaba en “I Due Foscari”, de Verdi. Tanto el presupuesto como el programa de funciones del recinto han sido reducidos a la mitad, y el edificio diseñado por Santiago Calatrava, que abrió sus puertas en 2005, permanece inactivo la mayor parte del año.

Los recortes obligaron al Museo Nacional del Prado, en Madrid, a cancelar una retrospectiva planeada de Lucian Freud. El Teatro Real, en la misma ciudad, ha enfrentado recortes de un tercio de su presupuesto, lo que obliga a la cancelación de una serie muy esperada de tres años de producciones operáticas en colaboración con la Filarmónica de Berlín.

Vaquero Ollero es parte de un grupo de jóvenes artistas llamado Ocho de Octubre, bautizado así por la fecha del año pasado cuando se reunió por primera vez, en respuesta a una ola de reducciones de subsidios. La organización tiene como objetivo presionar al gobierno, capacitar a los artistas en estrategias de autosustentabilidad y conectar las artes con otras áreas que experimentan reducciones drásticas, desde salud hasta educación.

Hace unos años, un burdel abandonado en Madrid, se inauguró como una especie de microteatro, que ofrece obras cortas ante un público de sólo una docena. Tales experiencias íntimas de actuación se han ampliado a una especie de movimiento.

En dos ocasiones, Vaquero Ollero ha bailado en presentaciones que tuvieron lugar en casas particulares. Hay menos trabajo que hacer, dijo, pero sin necesidad de dar explicaciones a nadie  por el financiamiento, lo que se hace es más crudo y experimental.

“Cuando uno sabe que no tiene un teatro, provoca algo muy diferente”, explicó.