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  • The New York Times

BM Catalysts, un productor británico de convertidores catalíticos y otras partes del mofle, es un ejemplo del tipo de exportadores exitosos que podría parecer que valida la apuesta histórica que aceptó el primer ministro David Cameron al plantear la posibilidad de que Gran Bretaña se salga de la Unión Europea, si no se producen suficientes cambios desde Bruselas.

Apoyadas con el valor a la baja de la libra y una fuerza de trabajo con menos de las restricciones laborales que hay en muchas partes de Europa, las exportaciones industriales británicas, lideradas por compañías como BM y nombres mejor conocidos como Land Rover y Mini, podrían encontrar mercados de crecimiento en las dinámicas economías de Asia y Latinoamérica, en lugar de seguir dependiendo del mercado común de Europa, limitado por la normatividad.

Y, con todo, la idea de que a Gran Bretaña le pudiera ir mejor fuera de los 27 integrantes de la Unión Europea, adoptada casi con fervor religioso por una facción reducida, pero influyente dentro del partido conservador de Cameron, no es, de ninguna forma, ampliamente aceptada por la mayoría del electorado del país, según las encuestas de opinión.

Ni tampoco es la creencia de los altos ejecutivos de BM Catalysts. A ellos les preocupa que el retiro de Gran Bretaña de la Unión pueda dificultarles más hacer negocios en Europa.

En términos simples, Gran Bretaña ya tiene suficientes problemas compitiendo en las economías regional y mundial, sin dificultar más las cosas arriesgando su acceso abierto al comercio con el continente, a donde, actualmente, va 58 por ciento de sus exportaciones.

El retiro británico de la Unión Europea “sería un gran problema para nosotros”, dijo Mark Blinston, el director comercial de BM, la cual depende de la Unión para un tercio de sus ventas, mismas que sumaron 22 millones de libras, o 34 millones de dólares, el año pasado.

De hecho, BM, basada en Mansfield, en el norte de Inglaterra, ya empezó a tener problemas en Europa, no debido a la burocracia en Bruselas, sino por las crudas realidades del comercio competitivo.

BM ha perdido nichos del mercado a últimas fechas ante su principal rival, AS, basada en España, país con una de las economías con mayores problemas en Europa. Debido a que la recesión y el desempleo elevado han hecho que bajen los costos españoles del trabajo, AS ha podido vender más barato que BM en el importante mercado automotriz alemán, así como en su propio terruño, Gran Bretaña.

“Estamos preocupados”, notó Blinston. “Los cambios económicos en otro mercado pueden tener realmente un efecto en ti”.

En una encuesta de opinión, levantada después del discurso de Cameron el 23 de enero, en el que llamó a un referendo sobre si su país seguía siendo miembro de la Unión Europea, 40 por ciento de los británicos dijo que votaría para salirse. Sin embargo, casi la misma cantidad, 38 por ciento, dijo que se opondría al retiro.

Quien resaltó la dura realidad comercial fue el gobernador entrante del Banco de Inglaterra, Mark J. Carney. En sus primeros comentarios públicos ante el Parlamento en febrero, Carney señaló que desde 2000, la parte de Gran Bretaña de las exportaciones mundiales disminuyó cerca de 50 por ciento, la baja más pronunciada entre las 20 economías más grandes del mundo.

Esa disminución es más alarmante si se considera que ocurrió en un momento en el que la libra ha perdido hasta un tercio de su valor contra otras divisas importantes, una de las devaluaciones monetarias más grandes en la historia de Gran Bretaña.

Si todo lo demás sigue igual, una libra más barata debería hacer que los activos británicos, ya sean exportaciones o construcción de fábricas en el país, sean un negocio más ventajoso para compradores e inversionistas extranjeros.

Sin embargo, un creciente número de economistas y expertos en políticas públicas en Gran Bretaña y Europa dicen ahora que tan solo la moneda barata no es suficiente para hacer que Gran Bretaña siga siendo competitiva. Argumentan que los dolorosos ajustes que efectuaron el gobierno y la industria en España, Irlanda, Portugal y Grecia detuvieron la pérdida de competitividad que ya llevaba una década y que fue la raíz de la crisis de la deuda soberana en Europa.

Al no poder devaluar sus monedas como lo ha hecho Gran Bretaña, estos países de la eurozona recortaron el gasto, aumentaron los impuestos y despidieron a millones de trabajadores. Los beneficios resultantes en competitividad, por dolorosa y dura que haya sido su obtención, ya son evidentes. Todos esos países informan brechas presupuestarias más reducidas y mejoría en los déficits comerciales que, en algunos casos, han llegado a ser excedentes.

En efecto, según estas mediciones cruciales, Gran Bretaña está surgiendo menos como una dinamo económica, posicionada para convertirse en principal socio comercial de China, que como el sorprendente enfermo económico de una Europa comprometida a poner orden en su casa financiera.

Según la Comisión Europea, en la medida más pura de qué tanto más gasta un gobierno de lo que toma vía impuestos, el déficit principal de Gran Bretaña de 3.9 por ciento del producto interno bruto será el más grande en la Unión Europea este año.

Y, en el frente comercial, Austria y Francia son los únicos otros países europeos que, como Gran Bretaña, han experimentado un déficit comercial creciente desde el inicio de la crisis financiera en 2007. Hasta enero de este año, habían caído las nuevas órdenes de exportaciones de la industria británica durante 13 meses consecutivos, según estadísticas oficiales.

Es de suponer que son pocos los británicos que quieren provocar las penurias económicas que han padecido españoles y portugueses camino a un giro radical. Sin embargo, algunos economistas dicen que Gran Bretaña podría tener que seguir algunos de los ejemplos del continente, en lugar de distanciarse aún más, si quiere revertir su disminución en el comercio.

“Tan solo en los costos de mano de obra, Gran Bretaña no parece competitiva”, dijo Holger Schmieding, el principal economista del Banco Berenberg en Londres y autor de un informe reciente que muestra que ha estado detrás de España, Grecia, Italia e Irlanda en la reducción del costo de su fuerza laboral en los últimos años.

Aun más preocupante para los formuladores británicos de políticas es la disminución persistente como lugar preferido para la inversión extranjera directa, dinero que entra en el país y se mete a la construcción de fábricas, tiendas y otros tipos de negocios.

Otrora el innegable líder europeo según esta medición, desde 2007 España, Francia y Alemania han visto un crecimiento de la inversión extranjera o que permanece invariable, en tanto que ese dinero ha disminuido cinco por ciento en Gran Bretaña. En 2011, la inversión extranjera directa en Gran Bretaña fue de sólo 31,000 millones de libras.

“Es una tendencia muy preocupante”, dijo Martin Cook, un consultor en la consultoría sobre administración mundial Ernst & Young, la cual resaltó esta situación en un estudio reciente.

Hace poco, las compañías automotrices Ford y Renault, que tienen grandes operaciones en Gran Bretaña, pero batallan en el mercado europeo, anunciaron planes para expandirse en España. Estas acciones indican a los analistas que, al menos para los grandes productores de coches de precio medio destinados para Europa, España se está volviendo un lugar más atractivo para construir una planta que Gran Bretaña.

Claro que el futuro de Gran Bretaña como país exportador no sólo está vinculado a su capacidad para ofrecer convertidores catalíticos y modelos Ford Fiesta dentro de la Unión Europea. Como pretende Cameron, compañías como Land Rover y Mini elevarán la posición mundial británica, mismas que ayudan a alimentar el apetito voraz de China por los automóviles.

Sin embargo, dado que las exportaciones a China son de sólo 2.8 por ciento de la producción total británica – rezagada detrás de las ventas de Alemania, Francia e Italia a ese país _, hacer realidad el sueño de convertirse en un centro neurálgico industrial de alta calidad requerirá de un incremento considerable en la industria británica. De hecho, el crecimiento real en dinero extranjero ha sido en fondos que fluyen a los bonos del gobierno británico, los cuales han alcanzado alturas récord.

 

Ingleses divididos sobre la UE

En una encuesta de opinión, levantada después del discurso de Cameron el 23 de enero, en el que llamó a un referendo sobre si su país seguía siendo miembro de la Unión Europea, 40 por ciento de los británicos dijo que votaría para salirse. Sin embargo, casi la misma cantidad, 38 por ciento, dijo que se opondría al retiro.