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  • The New York Times

No hay un proceso formal de nominación para elegir al hombre que sucederá al Papa Benedicto XVI, y hacer campaña por uno mismo es contraproducente. Pero los cardenales que acudirán a la Capilla Sixtina en marzo para elegir a un nuevo líder de la Iglesia Católica Romana han estado evaluando a los candidatos potenciales por años.

Se sintieron impresionados cuando el joven futuro cardenal de Manila, Luis Antonio Tagle, dijo a los obispos reunidos para un sínodo trascendental en Roma en octubre pasado que la iglesia debería escuchar más y admitir sus errores. Tomaron nota hace un año cuando el Arzobispo Timothy M. Dolan de Nueva York pronunció un afortunado discurso sobre la evangelización ante el Colegio de Cardenales, el día antes de que el papa le impusiera el solideo rojo de cardenal.

Ofrecieron una amable bienvenida al Cardenal Mar Ouellet en sus visitas al Vaticano, donde guía la selección de los obispos, pero algunos dijeron que prácticamente puso a dormir a la multitud durante su discurso en el Congreso Eucarístico Internacional en junio pasado en Dublín.

Estas impresiones, reunidas a partir de entrevistas con varios funcionarios eclesiásticos y expertos, podrían influir en el muy intuitivo y a menudo impredecible proceso que los cardenales usarán para decidir quien debería encabezar a la Iglesia más grande del mundo.

Los cardenales se reunirán el 1º de marzo, un día después de que Benedicto abandone el cargo y parta hacia Castel Gandolfo, la casa de verano papel en las colinas en las afueras de Roma. Los cardenales se reunirán todas las mañanas para discutir hacia dónde se dirige la Iglesia y, durante las comidas y cenas, tomar la medida del carácter, talento y experiencias de todos los demás, en base a relaciones y observaciones personales. Pero, indudablemente, también considerarán la geografía, el enfoque doctrinal y el estilo.

Para cuando los 117 electores cardenalicios entren en cónclave para elegir al próximo papa, deberán estar listos para votar.

Según las normas de la Iglesia, el cónclave empezaría el 15 de marzo, pero el portavoz del Vaticano dijo que podría comenzar incluso antes. Los cardenales, ansiosos por poner fin al proceso para el Domingo de Ramos el 24 de marzo, pudieran reinterpretar el periodo de espera obligatorio de 15 días, dijo el portavoz, Reverendo Federico Lombardi.

El periodo de espera estaba destinado a permitir tiempo para que los cardenales se reunieran después de la muerte de un papa, pero como la renuncia de Benedicto ya ha sido anunciada, los cardenales han sido avisados con anticipación y, de hecho, muchos ya han iniciado discusiones por teléfono y correo electrónico.

“La gente se muestra renuente a hablar sobre sí misma”, dijo el cardenal Francis George de Chicago, quien votó en el cónclave que eligió a Benedicto en 2005. “Así que uno acude a un amigo y le dice: ‘¿Puedes hablarme del cardenal tal?’”

“Las preguntas son regularmente sobre las cualidades que uno quiere ver en un papa. ¿Es un hombre de oración? ¿Está profundamente arraigado en la fe apostólica? ¿Puede gobernar? ¿Está profundamente preocupado por los pobres?”, dijo George en una entrevista telefónica. “Imorta mucho menos dónde esté viviendo o de dónde provenga”.

Las audiciones empezaron en serio el 17 de febrero, cuando el cardenal Gianfranco Ravasi, un italiano que es presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, predicó en el retiro cuaresmal papal, al que asistieron Benedicto y muchos de los cardenales y obispos que trabajan en el Vaticano. Predicar en el retiro cuaresmal es un elevado honor, concedido a Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger antes de que se convirtieran en el Papa Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI.

“No sólo será visto como un signo de a quién favorece el papa, sino que le dará una plataforma”, dijo John Thavis, el retirado jefe de la oficina romana del Servicio Noticioso Católico, una agencia noticiosa afiliada a la Iglesia, y autor de “The Vatican Diaries”. “La gente estará escuchando muy cuidadosamente”.

“La forma en que los candidatos se destacan generalmente no es por lo que están haciendo en sus arquidiócesis locales, que es lo que importa más para su propio pueblo”, dijo. “Es lo que hacen en el centro de la Iglesia universal”.

El caso de Ravasi ejemplifica la forma en que los cardenales examinan y sopesan los atributos de un candidato contra las necesidades de la Iglesia. Los líderes eclesiásticos ahora dicen que su mayor desafío es enfrentar una creciente ola de laicismo en Europa, Estados Unidos e, incluso, Latinoamérica, y Ravasi ha involucrado vigorosamente a los no creyentes en toda Europa con actos de alto perfil en ciudades como Estocolmo; París; Tirana, Albania, y Bucarest, Rumania.

En una época en que muchos prelados dicen que la Iglesia debe aprender a usar los medios sociales para evangelizar, tiene más de 35,000 seguidores en Twitter.

Sin embargo, para los cardenales y obispos en el Vaticano, según Sandro Magister, un experto en el Vaticano en la revista L’Espresso, “Ravasi es considerado demasiado ambicioso y demasiado inclinado a buscar el aplauso del público”.

Los otros italianos que son candidatos más sólidos, dijo Magister, son el cardenal Angelo Scola, el arzobispo de Milán y un teólogo que a menudo ha abordado los desafíos del laicismo y el islamismo en Europa, y el cardenal Angelo Bagnasco, el arzobispo de Génova y presidente de la conferencia episcopal italiana.

La personalidad quizá sea prominente, pero la geografía ha sido cada vez más un factor. Como la Iglesia se está encogiendo en Europa, y la mayoría de los católicos ahora vive en África, África y Latinoamérica, muchos católicos están pidiendo que los cardenales entreguen las riendas a un líder del sur mundial. La Iglesia nunca ha tenido un papa no europeo en la era moderna. (El último, según los registros del Vaticano, fue Gregorio III, un sirio, que fue papa hasta 741.)

Benedicto realmente ha aumentado el porcentaje de cardenales originarios de Italia y reducido el porcentaje de los procedentes del mundo en desarrollo. Pero no necesariamente votan en bloques geográficos. Se dice que los cardenales de Italia están divididos en facciones, según expertos eclesiásticos en Roma, como lo están los de Latinoamérica.

En el pasado, los cardenales con puestos en la burocracia vaticana tenían una ventaja porque habían pasado más tiempo con los obispos que llegaban de visita de todo el mundo. Los obispos elevados a cardenales son asignados a comités del Vaticano y se ven más frecuentemente en Roma.

“Lo más importante es el contacto personal”, dijo monseñor James P. Moroney, rector del Seminario de San Juan, en Boston, y un liturgista que ha trabajado en el Vaticano y en la conferencia episcopal estadounidense en Washington. “La reputación de alguien es muy importante, pero cuando se establece una relación personal, es cuando uno realmente se forma una opinión”.

En el último cónclave hace ocho años, hubo alianzas de cardenales liberales y conservadores. Pero esta vez, el espectro se ha reducido porque 50 de los cardenales fueron creados por Juan Pablo II y 67 por Benedicto, ambos conservadores doctrinales. (Los cardenales de más de 80 años de edad no pueden participar.)

“Esta vez, la mayoría de ellos están en la misma sintonía”, dijo monseñor Anthony Figueiredo, director del Instituto para la Educación Teológica Continua en el North American College, en Roma.

“Lo que va a ser clave en este cónclave es la persona, la personalidad”, dijo Figueiredo. “¿Es un hombre que realmente pueda hablar al corazón de la gente en este mundo secularizado y descristianizado donde las personas , enfrentémoslo, están abandonando la Iglesia y necesitan ser atraídas hacia el mensaje?”

 

Inquietudes de los Cardenales

“Las preguntas son regularmente sobre las cualidades que uno quiere ver en un papa. ¿Es un hombre de oración? ¿Está profundamente arraigado en la fe apostólica? ¿Puede gobernar? ¿Está profundamente preocupado por los pobres?”, dijo el cardenl Francis George de Chicago en una entrevista telefónica.

 

Un líder mundial

La personalidad quizá sea prominente, pero la geografía ha sido cada vez más un factor. Como la Iglesia se está encogiendo en Europa, y la mayoría de los católicos ahora vive en África, África y Latinoamérica, muchos católicos están pidiendo que los cardenales entreguen las riendas a un líder del sur mundial. La Iglesia nunca ha tenido un papa no europeo en la era moderna. (El último, según los registros del Vaticano, fue Gregorio III, un sirio, que fue papa hasta 741.)