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  • The New York Times

No hay un letrero que identifique a la puerta de La Poderosa, un espacio de danza y actuación en una calle descuidada en el barrio de Raval aquí. La puerta misma es baja y está situada varios centímetros por encima del suelo; para entrar, los visitantes tienen que trepar y agacharse.

Subiendo un tramo de escaleras hay un loft con una plataforma ligeramente elevada para las actuaciones en un extremo y un bar en el otro. En una tarde reciente, mientras el sol entraba a raudales por una pared de cristales, Javier Vaquero Ollero bebía una cerveza y hablaba sobre el futuro.

“Realmente vivimos al día”, dijo Vaquero Ollero, de 28 años de edad, un bailarían y coreógrafo y miembro del colectivo que opera el espacio. “No se puede proyectar para el futuro. No se puede tener una idea de un proyecto o diseñar un cierto tipo de proyecto artístico a un año de distancia, porque uno no sabe realmente si podrá pagar la renta el mes próximo”.

La renta del loft de La Poderosa no es muy alta: unos 1,100 dólares al mes. Pero es difícil pagar incluso eso cuando sólo entra una mínima cantidad de fondos. Como la mayoría de las organizaciones artísticas en España, el espacio acostumbraba atraer la mayor parte de sus ingresos de subsidios públicos. En el punto culminante, hace unos años, La Poderosa estaba recibiendo unos 90,000 dólares al año de varias fuentes gubernamentales. Se usaban para la renta, albergar a artistas y costos técnicos, y para dar a tres miembros del colectivo pequeños salarios como empleados. Ahora no recibe nada.

La burbuja de la vivienda que comenzó con la introducción del euro y estalló en España en 2008 no fue diferente de la que ayudó a causar una recesión en Estados Unidos. Pero la rígida respuesta a la crisis de España, enfocada en la austeridad, y las restricciones de la pertenencia de la nación a la zona del euro han evitado que eche raíces cualquier recuperación similar.

La recesión del país continúa profundizándose; el desempleo sigue aumentando. La tasa de desempleo alcanzó el 22.8 por ciento a finales del año pasado, más del doble del promedio europeo, y es mucho más elevado para los jóvenes.

Dos gobiernos sucesivos han reducido desesperadamente el gasto para cumplir las metas para la ayuda de la Unión Europea. En todo caso, las decisiones presupuestales no han frenado la crisis y han sido devastadoras para la cultura. Una proporción mucho mayor de los presupuestos para las artes en Europa – a menudo más del 50 por ciento – proviene de subsidios del gobierno que en Estados Unidos.

Las donaciones privadas en Europa generalmente no son deducibles de impuestos, de manera que cuando se recortan los subsidios, es difícil generar nuevos ingresos para compensar. Las ventas de boletos, la mayor fuente de ingresos restante, se han visto afectadas en España por un gran aumento en el impuesto al valor agregado sobre los boletos, a 21 por ciento respecto de 8 por ciento. (Usando las siglas del impuesto, el periódico El País acuñó una rima amarga, llamándole “IVA-guillotina”.)

Un informe serenamente devastador producido para el Ministerio de Cultura y actualizado a fines de 2012 encontró que, desde 2009, la organización cultural promedio había reducido su presupuesto o volumen de actividad en 49.8 por ciento.

En general, la situación para las artes en España es terrible, afectando tanto al mundo de vanguardia y experimental ejemplificado por La Poderosa como a instituciones y personajes mucho más famosos y establecidos.

El Gran Teatre del Liceu en Barcelona, una de las dos principales casas de ópera del país, ha despedido a alrededor de 100 empleados desde que comenzó la crisis. El tenor Plácido Domingo, sentado en el sereno vestíbulo del Hotel Arenas a orillas del mar en Valencia recientemente, dijo: “La esperanza para todos es que regresemos al nivel de cantidad y calidad que teníamos antes de la crisis”.

Pero la cantidad es un problema sobrecogedor en el Palau de les Arts Reina Sofía en Valencia, donde Domingo estaba cantando en la rareza de Verdi “I Due Foscari”. El presupuesto y el calendario de actuaciones de la casa de ópera han sido recortados a la mitad, y su retro-futurista edificio Santiago Calatrava, que fue inaugurado en 2005, por tanto permanece inactivo la mayor parte del año.

“Lo que se ha gastado aquí fue en un momento en que España tenía todo el dinero”, dijo sobre el edificio la directora del Palau, Helga Schmidt.

No se han salvado ni las ciudades más grandes ni las instituciones más importantes. Los recortes obligaron al Museo Nacional del Prado en Madrid a cancelar una planeada retrospectiva de Lucian Freud. El Teatro Real, en la misma ciudad, ha enfrentado recortes de un tercio de su presupuesto, que obligaron a la cancelación de una muy esperada serie de producciones de ópera en colaboración con la Filarmónica de Berlín.

Aunque las instituciones importantes han resentido importantes recortes, las más pequeñas han sufrido aún más severamente. La Orquesta de Girona, una orquesta de cámara en una ciudad universitaria unos 100 kilómetros al norte de Barcelona, tiene garantizado menos de 30 por ciento del apoyo que recibía hace apenas unos años. Después de años de una programación relativamente vigorosa, la orquesta pudo permitirse sólo un concierto este año.

Las organizaciones medianas como éstas – lo suficientemente grandes para tener gastos reales pero lo bastante pequeñas para haber visto la desaparición de sus subsidios relativamente menores – podrían terminar siendo las víctimas perdurables de una crisis financiera que eventualmente polarizará a la escena cultural, dejando sólo a las instituciones más grandes, los Prado y los Teatro Real, y a las más pequeñas. Pero para las instituciones importantes, con millones de dólares de costos fijos y cientos de empleados, la peor parte podría ser la incertidumbre perpetua.

“Lo que yo he pedido es que el gobierno me asegure durante al menos tres temporadas la cantidad de dinero que me darán sin recortes adicionales”, dijo Schmidt, de Valencia. “Porque hasta ahora siempre he tenido recortes de último minuto, y eso es perjudicial. Se tienen que cambiar las cosas de último momento. Se tienen que deshacer proyectos muy cuidadosamente elaborados. Denme tres temporadas, y puedo hacer planes”.

En los próximos años, las instituciones artísticas en España y en todo Europa tendrán que recurrir, para bien o para mal, a un sistema de financiamiento de las artes más similar al modelo privatizado de Estados Unidos. El director de mercadotecnia del Liceu, Martí Torres Mata, se unió a la compañía hace dos años después de una carrera en la industria minorista, y un recién anunciado proyecto de iniciativa basado en Nueva York busca apoyo para el teatro entre donadores estadounidenses.

Vaquero Oller, de La Poderosa, es parte de un grupo de jóvenes artistas llamado Ocho Octubre, por la fecha en el otoño pasado en que se reunieron por primera vez en respuesta a una ola de recortes de subsidios. La organización pretende cabildear ante el Gran Bretaña, capacitar a artistas en estrategias de autosustentabilidad y conectar a las artes con otras áreas que experimentan recortes drásticos, desde la salud hasta la educación.

Hace unos años, un burdel abandonado en Madrid abrió como una especie de microteatro, ofreciendo obras cortas ante un público de apenas una docena de personas. Esas experiencias de actuación íntimas se han convertido en una especie de movimiento. Vaquero Ollero ha bailado dos veces en puestas en escena que tuvieron lugar en casas de personas, y asiste a cada vez más de ese tipo. Se está trabajando menos pero, sin necesidad de responder ante alguien por el financiamiento, lo que queda es más puro y experimental.

“Cuando uno sabe que no tiene un teatro, provoca algo muy diferente”, dijo. “Afecta al trabajo. Las condiciones están cambiando, pero eso no significa que el trabajo vaya a empeorar”.

Para muchas instituciones más pequeñas, salir de la red de los subsidios aporta una inesperadamente bienvenida liberación de los formatos y la burocracia. “Ya no pasamos demasiado tiempo organizando, porque no se tiene que organizar nada”, añadió Vaquero Ollero. “Tenemos más tiempo para ensayar e investigar”.

Como las actuaciones de danza en Barcelona han menguado, Vaquero Ollero pasa más de su tiempo trabajando en el extranjero. Ha considerado mudarse a la Ciudad de México o Brasil.

“No estoy aquí para sufrir”, dijo.

 

Despedidos en la ópera

El Gran Teatre del Liceu en Barcelona, una de las dos principales casas de ópera del país, ha despedido a alrededor de 100 empleados desde que comenzó la crisis.