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  • The New York Times

Durante una plática en San Francisco, la primavera pasada, la doctora Susan Love, la famosa autora de un libro sobre cáncer de mama, amonestó a la elite de investigadores por ignorar las necesidades de las personas que padecen cáncer. “La única diferencia entre un investigador y un paciente es un diagnóstico”, dijo al público. “Todos somos pacientes”.

Fue una conferencia profética en una forma escalofriante. Menos de dos meses después, a Love le diagnosticaron leucemia mieloide aguda. No presentaba síntomas evidentes y se enteró de la enfermedad sólo después de una revisión y exámenes rutinarios de sangre.

“Poco sabía que estaba hablando de mí misma”, dijo en una entrevista. “De verdad que salió de la nada. Me sentía muy bien. Corrí cinco millas el día anterior”.

A Love, una cirujana, se la conoce mejor por ser la autora del libro de grandes ventas, “Dr. Susan Love’s Breast Book” (Da Capo Press, 2010), actualmente en su quinta reedición. También es presidenta de la fundación Dr. Susan Love Research Foundation, la cual se centra en la prevención e investigación del cáncer de mama para erradicarlo. Sin embargo, después de décadas de una incansable defensoría en nombre de las mujeres con cáncer de mama, Love se encontraba en un papel desconocido, con una enfermedad extraña.

“Hay una sensación de choque cuando te pasa a ti”, dijo. “En cierto sentido, me habría impactado menos, si hubiera sido cáncer de mama porque es muy común, pero tener leucemia, es un mundo que no conocía. Aunque seas médico, cuando te dan noticias impactantes como ésta, pareces olvidar todo lo que sabes y te asustas igual que todos”.

Debido a que se detectó temprano la enfermedad de Love, tuvo algo de tiempo para buscar segundas opiniones y escoger a su equipo de médicos. Escogió a City of Hope en Duarte, California, debido a su vasta experiencia en trasplantes de médula ósea. A los 65 años, Love se sorprendió al enterarse de que se la consideraba entre los pacientes “ancianos” para este tipo de leucemia.

La ingresaron en el hospital y se sometió a quimioterapia. Debido a que su hemograma no repuntó, su estancia duró unas extenuantes siete semanas.

Fue a su casa por sólo dos semanas y regresó al hospital para un trasplante de médula ósea, donada por su hermana menor, Elizabeth Love de Graci, de 53 años, quien vive en la Ciudad de México.

Aunque no hubo ningún incidente en el trasplante en sí mismo, las siguientes cuatro semanas fueron una experiencia terrible. Love desarrolló dolor y neuropatía por los medicamentos de la quimioterapia. Su esposa, la doctora Helen Cooksey; su hija Katie Love-Cooksey, de 24 años, y sus hermanos le brindaron apoyo las 24 horas del día. Love-Cooksey dormía en el hospital cada noche. “No estuve muy coherente en esa época, pero mi familia siempre estuvo ahí”, señaló Love. “Fueron mis grandes defensores”.

El trasplante “es algo bastante asombroso”, dijo Love. Su grupo sanguíneo cambió de O positivo a B positivo, el mismo de su hermana. También heredó su sistema inmunitario, y le desapareció una alergia al níquel que había tenido toda la vida. “Ahora puedo usar joyería barata”, dijo. Retornó al trabajo en enero.

A Love le dijeron que su enfermedad está en remisión, aunque su sistema inmunitario sigue comprometido y es más susceptible a las infecciones. Así es que evita las multitudes, los viajes aéreos y otras fuentes potenciales de virus de resfriados e influenza.

Aunque Love siempre ha sido una firme defensora de las mujeres que reciben tratamiento contra el cáncer, dice que su enfermedad y tratamiento fortalecieron su comprensión de aquello por lo que pasan las mujeres con cáncer de mama o de otros tipos al someterse al tratamiento.

“Hay pequeñas cosas como dedos de los pies entumecidos o tener menos vigor para fortalecer de nuevo los músculos después de un mes de descanso en cama”, dijo. “Hay un daño colateral considerable por el tratamiento al que subestima la profesión médica. Existe la sensación de: ‘Tiene suerte de estar viva, entonces, ¿de qué se queja?’”.

Love dice que su experiencia la envalentonó en su búsqueda por centrarse en las causas de las enfermedades, en lugar de en nuevos fármacos para tratarlas.

“Creo que ahora soy más impaciente y tengo más prisa”, señaló. “Se me recordó que no sabes cuánto tiempo tienes. Se diagnostica a mujeres todos los días. No podemos darnos el lujo de esperar a que se nos ocurra un nuevo plan de márquetin. Tenemos que deshacernos de esta enfermedad, y no hay ninguna razón por la que no podamos hacerlo”.

La gente que sigue siendo escéptica sobre la capacidad para erradicar el cáncer de mama debería examinar la historia del cáncer cervical, comentó. Hace décadas, se aconsejaba a una mujer con un papanicolaou anormal que se sometiera a una histerectomía. Ahora existe una vacuna para prevenirla”.

Love, quien escribió un libro titulado “Live a Little!”, dijo que la enfermedad también ha hecho que esté agradecida porque no hizo a un lado su “lista de deseos”, y a que ha viajado por el mundo y se ha concentrado en el trabajo que encuentra desafiante y satisfactorio.

“Sólo te recuerda que nadie saldrá vivo de aquí, y no sabemos cuánto tiempo nos queda”, notó. “A mi hija le digo que, ya se trate de cambiar al mundo o de pasarla bien, deberíamos hacer lo que queramos hacer. Ahora bebo vinos caros”.

Impacta aunque sea médico

“Hay una sensación de choque cuando te pasa a ti...Aunque seas médico, cuando te dan noticias impactantes como ésta, pareces olvidar todo lo que sabes y te asustas igual que todos”, reconoce la doctora Susan Love.