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  • The New York Times

Durante la mayor parte de mi vida profesional he trabajado en mi casa. La libertad de trabajar fuera de una oficina tradicional fue una de las razones principales por las que dejé el mundo corporativo hace ocho años, a los 23, para empezar una empresa de programas informáticos.

La idea de que todos los empleados deben sentarse en el mismo lugar durante ocho horas al día, cinco días a la semana, me parecía enloquecedoramente ineficiente. Yo sabía que estaba en el punto máximo de la productividad en ciertos momentos del día, con momentos regulares de calma intermedios. La flexibilidad para determinar cuándo y dónde trabajar hizo que fuera una mejor trabajadora.

Sin embargo, conforme creció mi compañía, pasó algo sorprendente: empecé a sentir el llamado de la oficina. Como empleada, todavía tenía pocos deseos de pasar todo mi día ahí. No obstante, como empleadora, quería asegurarme de que mis empleados trabajaran eficientemente. Pedir a todos que estuvieran en la oficina por lo menos parte de la semana parecía la forma más fácil de hacer eso. También vi el valor de las conversaciones que surgían cuando la gente estaba junta físicamente en un salón.

Cuando oí que Marissa Mayer, la directora ejecutiva de Yahoo prohibía a sus empleados que trabajaran en su casa, mi primer pensamiento fue: “Me alegra no trabajar en Yahoo”. Sin embargo, también entendía por qué se sintió obligada a promulgar la política, al menos por ahora. Está a cargo de una compañía enorme a la que se conoce por su expansión. La cuestión es si la política mejorará la productividad a largo plazo.

La idea de que todos deben estar en la oficina cinco días a la semana se remonta a cuando los trabajadores no contaban con la herramienta adecuada para trabajar en su casa, pero vivimos en un mundo muy diferente. Dado que la tecnología ha hecho que los empleados estén accesibles las 24 horas del día, y que se espera a menudo que trabajen horas extras, el tradicional horario de 40 horas es un anacronismo en muchas formas.

Yahoo argumentó en un memorando en el que anunciaba la nueva política que “algunas de las mejores decisiones y retroalimentaciones provienen de las pláticas en los pasillos y la cafetería, al conocer a gente nueva e improvisar reuniones de equipos”. Eso es cierto. Sin embargo, también es el caso de que algunas de las retroalimentaciones más creativas solo se dan cuando le das al cerebro humano un tiempo desestructurado para pensar. Las oportunidades de tales pensamientos despreocupados se presentan raramente en medio del barullo de la vida cotidiana en la oficina.

Replantear la oficina

En el mundo de hoy, donde estamos constantemente conectados y trabajando casi constantemente, se debería replantear la oficina como un lugar de reunión para comunicar ideas y reforzar lazos personales. Más allá de eso, se debería respetar y dar responsabilidades a los empleados para administrar sus propios horarios y completar el trabajo en su propio tiempo, desde donde quiera que ellos elijan. Este es el principio que yo he seguido en mi negocio, llamado Khush. Venimos a la oficina tres días por semana, durante cinco horas esos días, empezando a mediodía.

En 2011, nos adquirió Smule Inc., una compañía de aplicaciones más grande, y aprendí que la complejidad crece junto con el tamaño de un equipo.

Y, no obstante, sin importar el tamaño de la empresa. Los fundamentos de la productividad no cambian. La gente inteligente sigue trabajando mejor cuando puede escoger cuándo y dónde trabajar. Tal flexibilidad también ayuda a los empleados que son padres. Es frecuente que algunos de nuestros ingenieros tomen un descanso en la tarde para recoger a sus hijos en la escuela, luego regresan a terminar el trabajo. Y el trabajo siempre se termina a tiempo.

Comunicación es un reto

La comunicación es un reto cada vez mayor. Los detalles se pueden pasar por alto. Se pueden perder las oportunidades de la colaboración espontánea y mal interpretar la mejor de las intenciones.

COMUNICACIÓN ES UN RETO