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  • The New York Times

El universo del vino se ha estado expandiendo a un ritmo acelerado en la última década más o menos, y ningún lugar lo ilustra mejor que España. Nuevas denominaciones comerciales se han unido a nombres históricos. Regiones olvidadas se han reinventado a sí mismas. Y por todas partes, a pesar de la pobre economía del país, productos nuevos han saltado a la pelea mundial.

Mundial es el punto saliente. Ninguna región española es realmente nueva en la vinicultura. Ha sido parte de la cultura durante siglos, si no es que milenios. Sin embargo, a diferencia de los primeros miles de años, cuando el consumo era principalmente local, la vitivinicultura es ahora una empresa completamente mundial, y eso ha requerido nuevas formas de pensar y trabajar.

Uno de los ejemplos más destacados de la transformación de España es Montsant, una pequeña región catalana, anidada en las imponentes sombras de las montañas de pizarra en Priorat.

Priorat en sí misma es tanto vieja como nueva, una antigua región de la que pocos fuera de Cataluña habían oído hablar hace 30 años. Ahora es famosa por sus hermosos vinos tintos que logran combinar potencia y densidad con estructura, forma y un distintivo sentido de ubicación. Naturalmente, consiguen precios elevados.

Montsant es un descubrimiento aún más reciente. Se extrajo de la denominación más amplia de Tarragona apenas en 2001 y se le concedió aprobación oficial como una zona independiente. Aun desde entonces, se ha valorado en gran medida por su proximidad a Priorat, una asociación que ha tenido sus ventajas y desventajas.

Por una parte, debido a que el mundo valora enormemente los vinos de Priorat, Montsant ha obtenido atención como una fuente de tintos que se parecen a los de Priorat, pero por mucho menos dinero. Esto, claro, es bueno para el negocio. Por la otra, la equiparación constante con Priorat ha evitado que Montsant desarrolle su propia identidad. Esto, quizá, es malo para el alma.

Entonces, ¿cómo se parecen las regiones unas a otras? La proximidad es una cosa, pero a juzgar por muchos castillos comunes en Burdeos, a los que les gusta notar que se ubican justo en frente de los famosos Latour o Margaux, lo cual no siempre significa algo.

Montsant y Priorat sí usan muchas de las mismas uvas. Hileras de antiguas vides de garnacha y carignan, conocidas en Cataluña como samso y en Castilla como mazuelo o cariñena, persisten de lo que se sembró históricamente en la región. Se las ha suplementado con uvas internacionales, como syrah, cabernet sauvignon, merlot e, incluso, tempranillo.

Ambas regiones comparten también una perspectiva catalana, y, a diferencia de la geografía, nunca se debería subestimar el papel de la cultura.

No obstante, hay diferencias que separan a las regiones. La más significativa es el suelo. Los mejores viñedos de Priorat se ubican en laderas pronunciadas, con suelos extraordinarios, porosos, tipo pizarra, conocidos en catalán como “llicorella”, donde, naturalmente, se dan producciones bajas de uvas concentradas. En Montsant, el suelo es más variado, aunque con predominancia de arenas tipo granito. También difiere el microclima.

Mientras que los productores en Montsant se esmeran, en general, por alcanzar los mismos estilos de vino que se elaboran en Priorat, para mi gusto, no consiguen del todo el drama, la intensidad o la mineralidad distintivos de los vinos de Priorat. No obstante, son bastante deliciosos por derecho propio. Al final, no es un gran esfuerzo equipararlos con los de Priorat, siempre que se entienda que los vinos se parecen, pero no son idénticos.

Ahora falta la cuestión del alma. ¿Qué ofrece Montsant sin la carga de la comparación? El panel de vinos cató 20 botellas de cosechas recientes, principalmente de 2009 y 2010, junto con una de de cada uno de estos años: 2006, 2007, 2008 y 2011. A Florence Fabricant de The times y a mí se nos unieron dos invitados de restaurantes en Manhattan: Hector Perez, director de vinos de Casa Mono y Jill Roberts, directora de vinos del Marrow.

Todos apreciamos el equilibrio de los mejores vinos, particularmente porque las principales uvas, garnacha y carignan, se pueden desviar con facilidad hacia el reino de lo dulcemente afrutado, si no se manejan con cuidado. En cambio, encontramos una tendencia profundamente temática que unía a muchos de los vinos, que comprendía sabores de orozuz, terrosos y minerales con el ocasional componente herbal. También nos sorprendió encontrar tan pocos vinos abiertamente arroblados, a menudo una característica de ambiciosas regiones emergentes. “Esperaba mucho más alcohol, madera, mermelada y jugo”, comentó Jill después. “Sentí una verdadera destreza”.

Seamos claros: estos vinos son grandes, en su mayoría, con 14 a 14.5 por ciento de alcohol, pero eso se siente natural en su contexto.

Vaya que fue evidente la destreza en nuestra botella de primer nivel, la Orto Vins 2010, un vino integrado suavemente, en su mayor parte una mezcla de carignan y garnacha, con cantidades más reducidas de tempranillo (conocido en catalán como “ull de llebre”) y cabernet sauvignon, que no tiene alias catalán, al menos todavía no. Era puro, armonioso, hasta elegante, y aunque dudo que se lo confundiera con un Priorat, es un vino en el cual Montsant bien podría colgar su propia identidad.

Resulta que el vitivinicultor de Orto, Joan Assens, trabajó 15 años para Alvaro Palacios en Priorat antes de seguir su propio camino. Cultiva uvas en forma biodinámica y, además de la mezcla de bajo precio que probamos, elabora cuatro vinos de una sola vid, definitivamente, a precios de los Priorat, entre 85 y 125 dólares la botella.

Nuestra botella número dos fue una Coca I Fito 2007, de un vino estructurado y tánico, con fuertes sabores a anís y mentol. El vino era 30 por ciento garnacha, 20 por ciento carignan y 50 por ciento syrah. De hecho, varios otros de nuestros vinos de primer nivel tenían fuertes componentes de syrah, incluido el número cuatro, un Faunus 2010 de Ediciones i-Limitadas (30 por ciento). Siempre soy parcial hacia las uvas autóctonas. No obstante, me parece que estos vinos son una clara expresión de Montsant a pesar de la presencia de otras uvas, así es que es difícil quejarse.

Al mismo tiempo, nuestro vino número tres, el Clos de Noi 2009, se elaboró completamente con carignan. Era un vino vivaz con sabores terrosos a orozuz, y, a 19 dólares, nuestro mejor valor.

En total, fue un conjunto de vinos impresionante. Dada su ubicación, nunca se podrá remover físicamente de la sombra de Priorat. Sin embargo, es tiempo de pensar en Montsant como su propio vino.