•   Río de Janeiro  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La producción de petróleo de Brasil está cayendo, despertando dudas sobre lo que se suponía debía ser una bonanza petrolera. Las importaciones de gasolina están aumentando rápidamente, exponiendo al país a los caprichos de los mercados energéticos mundiales. Incluso la industria del etanol de la nación, alguna vez envidiada como un modelo de energía renovable, ha tenido que importar etanol de Estados Unidos.

Ha pasado media década desde que los brasileños celebraron el descubrimiento de enormes cantidades de petróleo en campos en lo profundo del par por parte de la compañía petrolera nacional, Petrobras, posicionando triunfalmente al país para entrar en las grandes ligas de los productores mundiales. Pero ahora se está desarrollando otro tipo de sacudida petrolera: la colosal compañía, desde hace tiempo conocida por su poderío, está perdiendo la competencia para llevar el ritmo de las crecientes demandas energéticas de la nación.

Abrumado por el mandato nacionalista de comprar barcos, plataformas petroleras y otro equipo a letárgicas compañías brasileñas, el gigante petrolero ahora está enfrentando una creciente deuda, importantes proyectos inmersos en demoras y campos más antiguos, alguna vez prodigiosos, que están produciendo menos petróleo. La abundancia submarina a su alcance también resulta endiabladamente compleja de explotar.

Ahora, en vez de simbolizar el ascenso de Brasil como una potencia mundial, Petrobras personifica el aletargamiento de la propia economía de la nación, la cual, después de crecer en 7.5 por ciento en 2010, se desaceleró a menos de un uno por ciento el año pasado, eclipsado por el crecimiento en otras naciones latinoamericanas como México y Perú.

Hasta recientemente, Petrobras era el segundo en valor solo detrás de ExxonMobil entre las compañías energéticas cotizadas públicamente. Pero su fortuna se ha tambaleado al punto en que ahora vale menos que la compañía petrolera nacional de Colombia. Esa caída ha acentuado un debate cada vez más encarnizado aquí en torno a los intentos de la Presidenta Dilma Rousseff de usar a Petrobras para proteger a la población brasileña contra la desaceleración económica de la nación.

“Antes se pensaba que Petrobras era indestructible, pero ya no es el caso”, dijo Adriano Pires, un prominente consultor de energía brasileño. “Petrobras es ahora una herramienta de la política económica a corto plazo, usada para proteger a la industria nacional de la competencia y combatir la inflación. Este proceso desastroso se intensificará si no se revierte”.

Rousseff, como su predecesor y mentor político, Luiz Inacio Lula da Silva, ha dependido fuertemente de compañías estatales como Petrobras para crear empleos e impulsar la economía. Como resultado, argumentan la presidenta y sus asesores principales, el de-sempleo permanece en niveles históricamente bajos, un enfoque en la gestión económica que contrasta significativamente con Europa y Estados Unidos.

En un discurso reciente, Rousseff explicó que la prioridad de su gobierno era sacar a millones de brasileños de la pobreza.

“Quienes apuesten contra nosotros”, advirtió, “sufrirán graves pérdidas financieras y políticas”.

Para impulsar los índices de aprobación de Rousseff en vísperas de una elección presidencial en 2014, Petrobras está construyendo nuevas refinerías, buscando petróleo en el mar y comprando la mayor parte de su equipo a compañías brasileñas, las cuales han creado decenas de miles de empleos y producido algunos beneficios políticos tangibles.

“Mi vida es mejor”, dijo Adinael Soares Silva, un soldador de 38 años de edad en una refinería de Petrobras en construcción en Itaborai, una ciudad cercana a Río de Janeiro. Dijo que le complacía su salario de unos 800 dólares al mes. “Donde estaban, no tenía suficiente para tener una cuenta de ahorros”, dijo. “Ahora lo tengo”.

Pero, aunque Petrobras ha ayudado a mantener bajo el de-sempleo de Brasil, en alrededor de 5.4 por ciento, un creciente coro de críticos señala los problemas obvios de la compañía, incluido su rezago de proyectos y su incapacidad para satisfacer la sed de petróleo del país, que le obliga a importar gasolina extranjera y venderla con pérdida.

Presión del gobierno

Después de que Brasil hizo sus descubrimientos de petróleo en aguas profundas en 2007, el gobierno presionó para poner a Petrobras firmemente en control de las nuevas áreas, una medida que, dicen los críticos, tensaría aún más a la compañía. Fue una marcada desviación de los años 90, cuando las autoridades pusieron fin al monopolio de Petrobras como parte de una reestructuración radical de la economía. Petrobras siguió bajo control estatal pero fue expuesta a las fuerzas del mercado, surgiendo como un híbrido que ágilmente competía con las compañías petroleras extranjeras.

Hoy, Petrobras parece mucho menos ágil. En 2012, su producción cayó 2 por ciento, la primera declinación en años.

La industria energética internacional también está cambiando, especialmente en Estados Unidos, a medida que el impulso cambia hacia la extracción de petróleo y gas natural de formación bituminosas pegadas a la costa. Se piensa que Brasil tiene grandes reservas bituminosas, pero el gobierno sigue enfocado en sus costosos megaproyectos en aguas profundas.

“Estados Unidos está trazando de nuevo el mapa petrolero mundial, mientras que en Brasil la euforia ha dado paso a la inercia”, escribió Folha de Sao Paulo, uno de los diarios más influyentes de Brasil, en un editorial reciente.

Petrobras sigue careciendo de suficientes refinerías capaces de procesar petróleo crudo, lo que le obliga a comprar crecientes cantidades de gasolina en el extranjero. Y sigue perdiendo dinero en las importaciones de gasolina mientras el gobierno mantiene los precios nacionales del combustible relativamente bajos, para impedir que la inflación se acelere en una economía de lento crecimiento. Para agravar las cosas, la demanda de gasolina de Brasil aumentó en alrededor de 20 por ciento en 2012.

Analistas de energía afirman que el gobierno central está usando a Petrobras para promover sus propios objetivos políticos. El gobierno de Rousseff, por ejemplo, ha elaborado medidas destinadas a revivir a la industria de astilleros del país, requiriendo que Petrobras compre muchos de sus barcos y plataformas petroleras a astilleros brasileños.

Estas empresas, sin embargo, han pasado apuros con grandes excesos de costos, en ocasiones entregando las embarcaciones tardíamente o no entregándolas, afectando a las esperanzas de Petrobras de satisfacer ambiciosas metas de producción.

Además, están los retrasos en las refinerías petroleras en construcción. Uno de esos complejos, en el estado de Pernambuco, fue concebido en 2005 como una forma de que Brasil forjara lazos políticos más estrechos con la Venezuela rica en petróleo. Ocho años después, Venezuela aún no ha invertido en el proyecto, el cual ha enfrentado varios retrasos mientras Petrobras soporta todo el costo de la construcción.

Acumulación de problemas

Describiendo la acumulación de problemas en Petrobras, Exame, una importante revista de negocios de Brasil, acusó directamente al gobierno de “destruir a la compañía más grande de Brasil”, y acompañó la afirmación con una ilustración de un dispensador de combustible de una estación de reabastecimiento en forma de horca.

La sensación de desaliento refleja, al menos en parte, la estatura de Petrobras. Fundada en 1953, ejerce influencia en esferas más allá de la industria energética, patrocinando todo desde festivales literarios hasta la celebración del Carnaval en Salvador, en el noreste de Brasil.

Pese a los desafíos que enfrenta, Petrobras sigue siendo lucrativa y está mucho menos restringida por la ideología política que algunas otras grandes compañías petroleras nacionales. En México, por ejemplo, Pemex ha retenido desde hace tiempo su estatus de monopolio pese a las declinaciones en la producción, y ahora el gobierno está considerando abrirlo a una mayor inversión privada. Petrobras también es mucho más transparente que Petróleos de Venezuela, la compañía petrolera nacional que Hugo Chávez, el difunto presidente, transformó en un pilar extremadamente politizado de su gobierno.

Maria das Gracas Foster, la directora ejecutiva de Petrobras, ha sido excepcionalmente franca sobre los problemas de la compañía. En recientes llamadas de conferencia con analistas, dijo que la producción petrolera debería seguir siendo constante este año o quizá incluso declinar ligeramente de nuevo. Pero también respondió agudamente a los críticos, afirmando que la producción de los nuevos campos en aguas profundas había llegado a 300,000 barriles diarios. Para 2020, la compañía espera duplicar la producción general a 4.2 millones de barriles al día.

Otros ejecutivos de la compañía han buscado de manera similar moderar las expectativas de que Brasil entre en una fase vigorosa de independencia energética.

José Carlos Cosenza, alto ejecutivo de Petrobras, ha advertido que Brasil necesitaría importar grandes de cantidades de combustible durante casi otra década. Además, se espera que la demanda de gasolina aumente aún más conforme los brasileños compren más autos.

Sin embargo, Petrobras podría necesitar más que duras auto-evaluaciones.

“Dado el creciente atractivo que el petróleo tiene en todas partes del mundo, los mercados energéticos están esperando un cambio en la forma en que el gobierno de Brasil maneja sus recursos petroleros”, dijo Christopher Garman, jefe de estrategia de mercados emergentes en Eurasia Group, una firma consultora de riesgo político.

No es indestructible

“Antes se pensaba que Petrobras era indestructible, pero ya no es el caso”, dijo Adriano Pires, un prominente consultor de energía brasileño.