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  • The New York Times

A las 12:30 p.m. de un jueves, el director ejecutivo de Datalogix gateaba como araña por todo el piso de la sala de conferencias. A su alrededor, gerentes de contaduría y analistas de información lanzaban hacia arriba pelotas terapéuticas de nueve kilogramos, mientras otros empleados vestidos con ropa “Spandex” subían y bajaban corriendo las escaleras alfombradas del vestíbulo.

Una desarrolladora de programas informáticos, jadeante y con la cara roja, descansaba contra un barandal mientras una colega pasaba corriendo.

“¡A darle duro, Karin!”, gritó para animar.

Minutos después, tras recuperar el aliento, la desarrolladora estaba de regreso en la sala de conferencias para terminar su cuarto grupo de sentadillas con salto mientras un entrenador excesivamente musculoso estudiaba sus formas.

Desde el verano de 2010, Datalogix, en Westminster, Colorado, ofrece estas clases, llamadas CrossFit, dos veces por semana para sus empleados. CrossFit antes tuvo popularidad entre elementos de las fuerzas del orden y militares, pero, a últimas fechas, empresas grandes y pequeñas – al decidir que los programas para ponerse en forma pueden fortalecer la moral de los empleados, mejorar la productividad y reducir las primas de los seguros médicos – se han interesado en el entrenamiento. Esta tendencia en aumento rápido a estar en forma combina el levantamiento de pesas, la gimnasia y el entrenamiento de resistencia, que ha atraído a más de 10 millones de practicantes en todo el mundo, un 60 por ciento de ellos son mujeres, según la compañía.

“Mi entusiasmo por el CrossFit no tiene límites”, señaló Eric Roza, de 45 años, un director ejecutivo de Datalogix, en excelente forma y optimista.

De hecho, su entusiasmo lo llevó a abrir, junto con su esposa, CrossFit Sanitas, un gimnasio de 930 metros cuadrados en el centro de Boulder, Colorado, donde, por lo general, hace ejercicio a las 5:30 a.m., cinco días a la semana, aunque, en ocasiones, se une a sus empleados también.

Roza solía correr ultramaratones de 160 kilómetros, pero optó por el CrossFit después de lesionarse en 2008.

“Me enganché de inmediato”, dijo después del entrenamiento en la sala de conferencias, con la camiseta verde ejército empapada en sudor. “Era como crac o heroína”.

Así es que cuando algunos empleados en Datalogix organizaron su propia competencia para bajar de peso hace tres años, para ver quién podía perder más kilogramos, Roza empezó a dar clases de CrossFit en la oficina. Contrató a Pat Burke, el dueño de otro gimnasio de CrossFit – o “caja” como se le dice a menudo por su diseño con poco mobiliario y sin florituras – para impartir las clases.

Burke, un exmarine, lleva halteras, aros gimnásticos y pelotas terapéuticas, dependiendo del entrenamiento del día. Para variar la rutina, podría aparecer con neumáticos para tractores, que empleados de Datalogix voltean y golpean con mazos en el estacionamiento, mientras colegas menos entusiastas los miran desde las ventanas. Roza estima que 50 de los 200 empleados en las oficinas centrales de Datalogix han participado en las clases de CrossFit. Los participantes, quienes firman una exención de responsabilidad por lesiones, se han quitado cerca de 135 kilogramos colectivamente; al menos, esa es la cantidad que Roza derivó de entrevistas informales con empleados.

Existen otros beneficios menos cuantificables. Karin Eisenmenger, de 46 años, la directora de administración del orden, y quien corría por las escaleras cuando su compañera descansaba jadeante, dice que las clases han unido a las personas de distintos departamentos que podrían nunca haberse conocido.

CrossFit es una de muchas prestaciones en Datalogix, donde toda una gama de otras opciones – como clases de defensa personal y cursos de programación en lenguaje Java – están disponibles dentro de las instalaciones y son gratuitas. Las iniciativas de la compañía para estar en forma, llamadas DLX Fit, le cuestan a la empres alrededor de 25,000 dólares anuales, dijo Roza. La mayor parte es para CrossFit.

“Llamo a CrossFit el golf nuevo”, dijo Roza. “No creerías con cuánta frecuencia surge durante las reuniones de negocios”.

Greg Glassman, un exentrenador de gimnasia, inició el CrossFit en Santa Cruz, California. En la siguiente década, creció de un solo gimnasio a un entrenamiento popular en todo el mundo. (Ahora hay 42 cajas para CrossFit tan solo en Sudáfrica.) En 2010, una sociedad con Reebok hizo que el CrossFit fuera más prominente. Reebok ha construido 15 gimnasios dentro de sus oficinas, o cerca de ellas, en todo el mundo, y planea abrir 11 más. En la mayoría de los casos, a los empleados de Reebok les hacen un descuento en la membresía.

El gimnasio más grande – conocido como Reebok CrossFit One, un espacio enorme, de 1,115 metros cuadrados, con seis entrenadores, 14 cuerdas para trepar y una red de carga para trepar, entre otras cosas – está en las oficinas centrales de Reebok en Canton, Massachusetts. Según Chris Froio, el director mundial de buen estado físico y entrenamiento de Reebok, más de 300 empleados llegan al gimnasio todos los días. Como la mayoría de los gimnasios de CrossFit, en éste hay clases para una diversidad de niveles de habilidad, y los ejercicios se escalan de conformidad con ellos.

Experiencias en Reebok y Microsoft

Así es que no es inusual encontrar a Anne McKay, de 74 años, una empleada de contabilidad, cargando sacos de arena de 2.25 kilogramos junto a Kenneth Gamble, un exjugador de los Jefes de Kansas City y ejecutivo de Reebok, quien prefiere los sacos de más de 45 de kilogramos.

Tales esfuerzos sin la supervisión apropiada pueden provocar lesiones. En 2008, Makimba Mimms, un extécnico en sistemas de información de la Marina estadounidense, demandó a un World Gym, afiliado a una empresa de entrenamiento CrossFit y a uno de sus empleados en Manassas, Virginia, porque argüía que una sesión de CrossFit especialmente intensa le provocó un padecimiento en el cual las fibras musculares se deterioran y entran en el torrente sanguíneo provocando daño renal. Un jurado le otorgó 300,000 dólares por daños.

Para evitar lesiones, Reebok dice que sus entrenadores en CrossFit One monitorean de cerca a todos los participantes, a los que también se solicita que firmen una exención de responsabilidad. La doctora Toni Yancey, una profesora de servicios de salud en la Universidad de California, Los Angeles, es partidaria de que la gente haga más ejercicio en el trabajo. Sin embargo, comenta que cree que la incorporación del movimiento a las rutinas sedentarias en la oficina tiene más sentido que empujar algo como CrossFit, en lo cual es poco probable que participe una gran parte de los empleados en el centro de trabajo promedio.

“Recesos para bailar, caminar juntos a las reuniones, sentarse sobre pelotas – estas cosas integran el movimiento físico a la rutina cotidiana”, dijo. “Y no tienes que bañarte después”.

La necesidad de un regaderazo no ha molestado a los ávidos usuarios de los centros de Reebok y otras empresas ya tomaron nota. ESPN y el minorista deportivo Finish Line consultaron a Reebok para el diseño de sus propias cajas CrossFit. En 2011, Glassman ayudó a integrar un equipo de ingenieros séniores en Microsoft con un curso de certificación Nivel 1 durante un fin de semana.

“Ahora hay 40 entrenadores CrossFit en Microsoft”, dijo, “y están enseñando a otras personas a cómo hacerlo”.

James Letchford, el director de márquetin de CrossFit, dijo que “un par de cientos” de empresas en Estados Unidos y Europa dan clases y membresías subsidiadas a su personal.

 

Millones de seguidores

CrossFit combina el levantamiento de pesas, la gimnasia y el entrenamiento de resistencia, lo que ha atraído a más de 10 millones de practicantes en todo el mundo, un 60 por ciento de ellos son mujeres.