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  • The New York Times

Kathleen Murphy Skolnik quedó boquiabierta en una mañana reciente mientras observaba la escalinata de un edificio de departamentos de 1939 en el centro de esta ciudad y señalaba al patrón en forma de V en la herrería, el mármol rosa oxidado sin pulir y un sencillo nicho en la escalera coronada por un pronunciado arco.

“Es tan hermoso”, dijo Skolnik, historiadora arquitectónica que vive en Chicago. “Y está tan deteriorado”.

Las palabras de Skolnik sirven como un lema no oficial para los ricos, variados y a menudo descuidados edificios que, dicen expertos, hacen de Cuba uno de los tesoros más importantes pero más pasados por alto de la arquitectura art decó del mundo.

Cuando unos 250 conocedores cubanos y extranjeros se reunieron recientemente en La Habana para el congreso mundial sobre art decó, hubo esperanza de que el evento fomentara un más amplio reconocimiento del patrimonio art decó de la isla y la urgente necesidad de preservarlo.

“Parte de nuestro propósito es hacer mucho ruido”, dijo Gustavo López González, subdirector del Museo Nacional de Artes Decorativas y uno de los organizadores. “Si en Cuba no apreciamos el valor de estos edificios, ¿cómo podemos esperar que la gente del exterior lo haga?”

La Habana es famosa por su deteriorada elegancia, y más de un millón de visitantes cada año caminan entre los edificios coloniales de La Habana Vieja, muchos de los cuales fueron construidos entre los siglos XVI y XVIII y cuidadosamente restaurados en los últimos 30 años.

Pero La Habana, como muchas de las ciudades provinciales de la isla, está salpicada de casas, edificios de departamentos, cines, teatros, hospitales y edificios de oficinas art decó que van de los audaces rascacielos verticales a los edificios modernos con sus elegantes líneas horizontales y esquinas curveadas.

Estos edificios característicos no son tan grandiosos como el Edificio Chrysler en Nueva York, y no hay un distrito art decó como el de Miami Beach, pero los fanáticos dicen que hay una riqueza inusual y una diversidad de variedad, mucha de la cual ha permanecido de pie – aunque con mal mantenimiento – durante 50 años de régimen comunista.

En el extremo del distrito de La Habana Vieja, por ejemplo, se levanta el Edificio Bacardí (1930), elaboradamente adornado y con influencia francesa, con sus pequeños pináculos ornamentales estilo zigurat y su fachada decorada con delicados patrones de hojas doradas y murciélagos de bronce, el logotipo del ron Bacardí.

En el principal bulevar del artístico barrio de Vedado está la mansión de 1927 de una famosa pareja de la alta sociedad del periodo, Catalina Lasa y Juan Pedro Baro. Sus interiores cuentan con ventanas de cristal de Lalique decoradas con bucles tipo conchas y rayos solares, y una grandiosa escalinata con pasamanos laminados con hoja de plata que es iluminada por altas ventanas de cristal de Baccarat de colores.

Más al oeste, en una plaza monumental, destaca el imponente Hospital Maternidad de los Trabajadores (1939), diseñado con la forma de un par de trompas de Falopio.

Propietarios de casas art decó pasan apuros para rehabilitarlas

La ausencia de un auge de la construcción durante los últimos 50 años ha salvado a muchos edificios históricos de Cuba de la destrucción de los desarrolladores. Sin embargo, una falta de recursos, la elevada humedad, el aire de mar salado y la incapacidad de los cubanos hasta hace un año para comprar y vender propiedades significan que muchos edificios están muy deteriorados. Los códigos de construcción mal aplicados y el hacinamiento en las casas han resultado en alteraciones baratas y de mal gusto en las casas que deberían ser designadas estructuras relevantes, dicen arquitectos.

Muchos dueños cubanos de casas art decó pasan apuros para encontrar el dinero o los materiales de construcción para un mantenimiento adecuado.

Regla María González ha gastado unos 6,000 dólares en restaurar su gracioso departamento en el Edificio López Serrano, un sitio característico de 1932 con relieves y una torre al fondo. Arreglo los marcos de las ventanas y las molduras de yeso, incluido el medallón del techo en el salón con su motivo de caracola de mar. Pero los marcos de las ventajas están más allá de la reparación, así que el año pasado González, que recibe una pensión de unos 10 dólares mensuales, vendió su auto Moskovich ruso por varios miles de dólares para poder reemplazarlas.

El resto del edificio ha sido menos bien cuidado. El diseño de rayos de sol geométricos en el piso de mármol del vestíbulo está intacto, y está adornado por un relieve de una figura similar a Mercurio con un casco alado del artista cubano Enrique García Cabrera.

Pero a la fachada le faltan trozos de mampostería, los pilares de apoyo en la base del edificio se están desmoronando, y, hace un año, trabajadores de mantenimiento que estaban reemplazando los elevadores retiraron las puertas originales; aun cuando el edificio está protegido por el Consejo Nacional para el Patrimonio Cultural. Expertos dicen que la estructura pudiera colapsar dentro de una década si no recibe extensas reparaciones.

“Es una vergüenza que un histórico edificio de art decó pudiera morir por falta de fondos”, dijo Sara Vega, hija de González, quien vive con su madre y está estudiando la historia del edificio.

También hay casos positivos: Mitzi March Mogul, ex presidenta de la Sociedad Art Decó de Los Ángeles, recordó que cuando visitó el Teatro Sierra Maestra de los años 30 en el barrio de Lutgardita en las afueras de La Habana hace unos años, era un “desastre”.

Ella y unos 150 conocedores del art decó visitantes – algunos vestidos con prendas de lo años 30 – admiraron el teatro restaurado, con su escenario flanqueado por altares estilo maya adornados con estilizadas serpientes y cabezas de jaguar.

Y el Edificio Bacardí ha sido restablecido a su antigua gloria en los últimos años por la oficina del historiador de la ciudad, que mantiene y administra gran parte de La Habana Vieja.

Juan García, un historiador arquitectónico cubano, dijo que la práctica de la arquitectura ha sido degradada por el gobierno comunista a favor del tipo de construcción pragmática favorecida por la ex Unión Soviética.

La práctica de la arquitectura privada ya no existe, poco espacio se dedica a la arquitectura en la prensa oficial, y muchos cubanos que crecieron desde la revolución de 1959 de Fidel Castro en gran medida están poco conscientes de su patrimonio arquitectónico, dijo.

Un buen primer paso, sugirió, sería recopilar un registro de los edificios art decó cubanos y luego ejercer presión para que algunos sean declarados característicos.

Geo Darder, un entusiasta del art decó cubano-estadounidense que presionó para que el congreso mundial bianual se realizara en Cuba (pese a la fuerte resistencia de algunos miembros estadounidenses que no favorecen los lazos estrechos con la isla), dijo que esperaba que la reunión condujera a más intercambios entre expertos en arquitectura estadounidense y cubanos, y que el naciente mercado inmobiliario de la isla fomentara la inversión.

 

descubrir el valor real

d “Cuando los cubanos vean que su casa vale algo – que el hecho de que sea art decó le da valor – y la reparen, entonces todo despegará”, opina Geo Darder, un entusiasta del art decó cubano-estadounidense.