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  • The New York Times

Durante más de una década, expertos en vinos han discutido sobre el impacto del cambio climático en las uvas para vino, la diva de la agricultura, un cultivo muy popular, criado y mimado en todo el mundo.

Ahora, los científicos plantean una nueva pregunta: ¿Cuando se lleven uvas a zonas nuevas, suponiendo que el tiempo más caliente y la lluvia que disminuye hagan que las regiones actuales no sean adecuadas para esos cultivos, qué les hará su llegada a los animales y las plantas que ya están allí?

¿Habrá un conflicto entre las proseccos y los pandas en China? ¿Se complicará la polémica cacería de lobos cerca del Parque Nacional Yellowstone con los nuevos viñedos que desplazan a todo lo demás: lobos, alces y cazadores?

“Una de las estrategias de adaptación para los viticultores será cambiarse a zonas que tengan un clima adecuado”, señaló Rebecca Shaw, una científica en el Fondo de Defensa Ambiental y autora de un ensayo nuevo, publicado en Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. “Esta adaptación tiene el potencial de amenazar la sobrevivencia de la vida silvestre”.

O, en palabras del nuevo estudio: “Los viñedos tienen efectos de duración prolongada en la calidad del hábitat y podrían impactar significativamente los recursos de agua dulce”. Además de introducir químicos y fertilizantes que esterilizan, lo cual reconstituye al ecosistema, los viñedos maduros “tienen un bajo valor del hábitat” para las especies nativas “y los visitan con mayor frecuencia las especies no nativas”.

Shaw cree que se debería guiar, hasta cierto punto, el movimiento de la agricultura de todos tipos en suelo que otrora fue frío e inhóspito, debido a su impacto en los ecosistemas existentes. “La adaptación de los agricultores que siguen cultivando esa cosecha y que desplazan a la vida silvestre es algo que necesita muchísima más atención en todas partes”, notó.

Hace un año, Noah Diffenbaugh, un climatólogo en la Universidad de Stanford, hizo un estudio en el que se pronostica que un incremento en el calor en la atmósfera tendría como resultado mayor volatilidad en los precios del maíz.

Sin embargo, la industria vinatera representa un blanco más refinado para el estudio, dado lo delicado de la cosecha y las generaciones de información que se han recopilado sobre qué tanta luz solar, lluvia y calor producirán una uva con el equilibrio ideal de azúcar y ácido.

La industria vitivinícola ha pasado por un cambio impulsado por el clima durante 15 años, marcados por cosechas recientemente ricas en regiones que fueron frías, así como por el establecimiento de nuevos viñedos como Burrowing Owl Estate Winery en la Columbia Británica, en el oeste de Canadá, o Yaxley Estate en Tasmania, la isla al sureste de Australia.

Indicadores alarmantes

No obstante, sigue centrado firmemente en sus tradicionales tierras interiores – Borgoña en Francia, Toscana en Italia, California en Estados Unidos. Sin embargo, estas regiones tradicionales – en particular las que parecían tener la mezcla perfecta de suelos, sol y temperatura – enfrentan un futuro incierto.

Robert Pincus, un científico del Instituto de Cooperación para la Investigación en Ciencias del Ambiente en la Universidad de Colorado, escribió en 2003: “Algo tendrá que ceder donde la cultura de la producción de vinos está estrechamente emparentada al actual clima”.

En el ensayo nuevo, los autores usan 17 modelos climáticos distintos para anticipar cuáles de las actuales zonas vitivinícolas enfrentarán un incremento en el calor y una pérdida de precipitación pluvial, y cuales áreas se calentarán lo suficiente para ser hospitalarias para la vitivinicultura. Pronostican que según la mayoría de los modelos climáticos, se perderá algo así como 47 por ciento de la tierra adecuada para las uvas para vino en las zonas de Chile que tienen un clima tipo mediterráneo. Asimismo, indican que 59 por ciento de las tierras vinícolas en Norteamérica – en su mayor parte en California – estarán bajo severa tensión por el calor y el descenso en la precipitación pluvia, y que 74 por ciento de ese tipo de tierra en Australia ya no será compatible para la viticultura.

La cifra equivalente para las áreas mediterráneas de Europa es la más asombrosa: 85 por ciento de los suelos actualmente adecuados se volverían hostiles para los viñedos en 2050.

Sin embargo, lo que preocupa más a los conservacionistas es la propagación de la viticultura a lugares más silvestres, y no sólo por los animales grandes a los que pueda desplazar, sino también a las plantas nativas más pequeñas.

Conforme cambia el clima, dijo Lee Hannah, el principal autor y un científico del organismo Conservation International, “las cosas con patas y alas se van a mover más rápido, las plantas se moverán más lento. Así es que es muy seguro que el cambio en la agricultura humana, y, en este caso la viticultura, se moverá más rápido de lo que evolucionen las plantas”.

En su ensayo, pronostica que la “Norteamérica occidental tiene el área más grande, en la que aumenta la huella ecológica” que es apta para las uvas para vino, en especial en las montañas Rocallosas, cerca de la frontera entre Canadá y Estados Unidos. Los conservacionistas han deseado gran parte de ella porque quieren crear un corredor del Yukón a Yellowstone para la migración sin obstáculos de diversos tipos de vida silvestre, como el berrendo.

 

Europa sería la más perjudicada

eLa cifra equivalente para las áreas mediterráneas de Europa es la más asombrosa: 85 por ciento de los suelos actualmente adecuados se volverían hostiles para los viñedos en 2050.