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  • The New York Times

Como muchos chipriotas, Charalambos Alexandrou ayudó a convertir a su país en un paraíso mediterráneo moderno.

A medida que el dinero fluía a los bancos de la isla después de que Chipre se unió a la Unión Europea en 2004, el país se embarcó en un auge de construcción. Él encontró una lucrativa actividad de techador, al principio para casas y tiendas elegantes, y luego para las mansiones que ocuparon el lugar de los huertos de olivo y los viñedos. La demanda de su habilidad se aceleró después de que el país fue admitido en la unión monetaria del euro en 2008.

Pero, recientemente, ha visto a sus finanzas deslizarse conforme los cimientos de su país se desmoronan durante el colapso del sistema bancario. Los severos términos del rescate internacional de 10,000 millones de euros (o 13,000 millones de dólares) del país han inmovilizado los fondos de todos, forzado enormes pérdidas sobre los ahorradores más estrictos y se espera que aceleren una recesión profunda que podría tomar años superar.

Alexandrou, de 30 años de edad, dice que comprende que la crisis de Chipre fue provocada por una mala administración bancaria e incluso corrupción financiera.

Sin embargo, lo que más pesar les causa a él y muchos otros aquí es que los banqueros centrales y otros funcionarios financieros internacionales, al dejar que los 860,000 ciudadanos del país sufran los pecados de unos cuantos poderosos, hayan hecho añicos la solidaridad de Chipre con la UE.

Chipre no es el primo pobre de la UE, dicen. Más bien, es un país con una población pequeña, pero notablemente multilingüe, sólidamente educada y hasta ahora cómodamente de clase media; personas que se consideran precisamente el tipo de europeos con los cuales el resto de la unión debería enorgullecerse de haber anclado su frontera con Medio Oriente.

Muchos chipriotas ahora sienten gran consternación y enojo por lo que consideran su excomunión económica.

“No todo aquí es ruso, o ganar dinero ilegalmente, o lavar dinero”, dijo Alexandrou. “La mayoría de nosotros somos personas normales que vivimos vidas normales”.

Estaba sentado, con gesto sombrío, con su esposa, Aliki, y su vigoroso hijo de 18 meses, Alexandros, en la sala de estar de su moderna casa blanca en las afueras de Nicosia. “Ahora vemos que nada bueno ha salido de la solidaridad europea”, dijo.

Para los chipriotas, unirse a la Unión Europea y adoptar el euro fueron grandes logros. Después de décadas de luchas internas y ocupación extranjera, Chipre consideró a la aceptación en la familia europea como una promesa de estabilidad y la oportunidad de forjar una economía más moderna.

Durante la época del auge, reconoció Alexandrou, Chipre, como muchos países europeos, vivió más allá de sus ingresos. Pero aunque es hora de que el país pague sus tonterías, dijo, “existe la sensación de que a nadie en Europa le importa realmente lo que nos suceda”.

Resentimiento y protestas

Algunos de sus conciudadanos han ventilado su resentimiento en protestas, gritando epítetos contra Alemania y quemando la bandera de la UE. Los chipriotas son relativamente estoicos en comparación con sus más fieros hermanos en la rescatada Grecia, pero hay un enojo profundamente arraigado por la percepción de que Europa está pateando a Chipre mientras está caído.

“Hicimos sacrificios para integrar a Chipre a la gran familia europea”, dijo la parlamentaria Antigoni Papadopoulou, mientras Chipre trataba de negociar un rescate. Pero “hay una verdadera falta de solidaridad europea”, afirmó.

Con estímulo y subsidios de Bruselas, Chipre se alejó de una economía agrícola para poner énfasis en los servicios que apoyan a las empresas, las finanzas y las comunicaciones. También se permitió que la manufactura decayera, y los productos hechos localmente – ya fueran zapatos o medicamentos – casi desaparecieron.

Los líderes de Chipre aprovecharon la oportunidad para proyectar de nuevo a la isla como un centro estratégico en la encrucijada de Europa, Medio Oriente y Asia. Su ambición era imitar a los ricos y discretos refugios del dinero europeos en Luxemburgo y Suiza, asegurando así una forma de vida cómoda para su pueblo.

Firmas financieras y corporaciones – muchas de ellas compañías fantasmas – establecieron oficinas, o al menos domicilios físicos. Los grandes incentivos fueron una tasa de impuesto corporativo súper baja de 10 por ciento y un estado de derecho estable basado en el sistema legal británico.

Eso atrajo mucho dinero a Chipre, que se volvió más creativo en cuando a cómo manejarlo.

Firmas contables se establecieron aquí. Florecieron los fideicomisos, permitiendo a los depositantes colocar el dinero con un abogado, quien a su vez depositaba el dinero en una cuenta bancaria bajo un nombre diferente. Y, como se entiende ahora ampliamente, carretadas de dinero – hasta un tercio de todos los depósitos bancarios aquí – provenían de rusos que buscaban refugio ante la perspectiva de las confiscaciones de propiedades demasiado comunes en su país.

Pero el dinero fácil quizá fue demasiado fácil. Alexandrou, usando términos monetarios de la era británica, recuerda los tiempos de abundancia, después de que su país ingresó en la UE. “Uno iba al banco con un salario mensual de 400 libras, y el banco te daba un préstamo de 20,000 libras, más una tarjeta de crédito de 5,000 libras como bono”, recordó Alexandrou. “Vivíamos con dinero que no era nuestro”.

Después de que Chipre se unió a la zona del euro en 2008, la movilidad ascendente empezó a parecer más una burbuja a la espera de estallar. La moneda fácilmente convertible atrajo a incluso más personas y dinero de Rusia, Gran Bretaña y otras partes de Europa, además de alentar un auge de la construcción. Surgieron modernos edificios de oficinas, así como espaciosas residencias privadas, muchas con enormes cocheras para albergar a autos de lujo.

La crisis golpeó a todos

Alexandrou y los amigos con quienes creció apenas podían creer la transformación. A medida que despegaba su negocio de techado, también lo hacía su ingreso. Como casi todos a su alrededor, Alexandrou aún insistió en apartar dinero y ahorrarlo debidamente en el Banco de Chipre, el banco más grande del país.

Pero luego llegó 2010, cuando la crisis de la deuda de Europa alcanzó su apogeo, particularmente en Grecia. El trabajo de construcción se volvió escaso conforme los bancos chipriotas, abrumados por la deuda sin cobrar por préstamos riesgosos que habían hecho en Grecia y Chipre, suspendieron los nuevos créditos.

El golpe final, sin embargo, fueron las enormes pérdidas en que incurrieron los bancos chipriotas por sus tenencias de bonos del gobierno griego de alto rendimiento como parte del rescate internacional de Grecia.

Cuando Chipre procedió a solicitar un rescate a fines del año pasado a la llamada troika – el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional _, echaron raíces en Alemania y otros países norteños de la zona del euro las sospechas de que el dinero de los contribuyentes terminaría salvando a los bancos chipriotas y conservando al dinero de origen cuestionable, especialmente ruso.

El Banco de Chipre y Laiki Bank, que ahora se están consolidando como parte del rescate, eran famosos entre los residentes en Chipre por permitir a la gente depositar montones de dinero en efectivo sin hacer preguntas. Otros residentes dijeron que frecuentemente veían llegar a personas en largos vueltos procedentes de Medio Oriente y Rusia, portando sólo maletines negros con candados de combinación.

Y entonces, incluso la industria de la construcción de viviendas cayó bajo sospecha: ¿Era simplemente otra manera de invertir dinero lavado?

Cualquiera que sea la verdad, “todo lo que yo sé es que despertamos y repentinamente todos éramos pobres en Chipre”, dijo Alexandrou.

Se refería al repentino cierre de los bancos de la nación, que incluso después de reabrir están sujetos a estrictos controles sobre los retiros y las transferencias que durarán semanas, si no más.

Y como se impusieron pérdidas de hasta 60 por ciento a las cuentas de depósito por encima de los 100,000 euros en el Banco de Chipre, dijo que incluso muchos de sus amigos – no sólo los oligarcas rusos – estaban perdiendo grandes porciones de sus ahorros que tan diligentemente depositaron durante los años buenos.

Y hay mucho menos trabajo para él y para su esposa, cuyo empleo en una compañía de cerámica también depende de la industria de la construcción. Alexandrou hizo un gesto hacia su hijito, que alegremente desparramaba por el piso una caja de coloridos juguetes.

“Me preocupa”, dijo Alexandrou, “cómo lo criaré en los próximos años”.

 

La repentina realidad

Cualquiera que sea la verdad, “todo lo que yo sé es que despertamos y repentinamente todos éramos pobres en Chipre”, dijo Charalambos Alexandrou .