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  • The New York Times

Debido a que el costo de algunos de los medicamentos contra el cáncer que salvan vidas excede los 100,000 dólares anuales, más de 100 oncólogos influyentes, de todo el mundo, dieron el paso insólito de unirse con la esperanza de persuadir a algunas de las farmacéuticas más importantes para que bajen los precios.

Los precios de las medicinas contra el cáncer han sido parte del debate sobre los costos de la atención de la salud durante varios años y hace poco llevaron a una protesta pública de los doctores en un importante centro oncológico en Nueva York. Sin embargo, la decisión de tantos especialistas, de más de 15 países, en cinco continentes, de unirse al esfuerzo es un signo de que los médicos que están en la línea del frente atendiendo a los pacientes, están adoptando un papel más activo para oponerse a los precios. En este caso, algunos especialistas incluyen a investigadores con vínculos estrechos con la industria farmacéutica.

Médicos e investigadores, especializados en leucemia mieloide, el cáncer crónico de la sangre, potencialmente mortal, sostienen en un comentario, publicado recientemente en internet por una revista médica, que los precios de los fármacos utilizados para tratar esa enfermedad son astronómicos, insostenibles y, quizá, hasta inmorales.

Sugirieron que cobrar un precio elevado por una medicina, necesaria para mantener vivo a alguien, es especulación, parecida a subir los precios de los artículos de primera necesidad después de un desastre natural.

“Abogar por precios más bajos de las medicinas es una necesidad para salvar la vida de los pacientes” que no pueden pagarlas, escribieron en Blood, la revista de las Sociedad Estadounidense de Hematología.

Aunque también notaron que los medicamentos utilizados para tratar otros cánceres son igual de caros, los doctores se centraron en los que conocen mejor: los que son para tratar la leucemia mieloide crónica, como el Gleevec, el cual es enormemente rentable para Novartis. Entre los críticos, está el doctor Brian Druker, quien fue el principal desarrollador académico de Gleevec, y tuvo que presionar a Novartis para que lo sacara al mercado.

Novartis arguye que pocos pacientes pagan el costo total del fármaco y que los precios reflejan el alto costo de la investigación y el valor de un medicamento para los pacientes. El Gleevec entró en el mercado en 2001, a un precio de unos 30,000 dólares anuales en Estados Unidos, escribieron los médicos. Desde entonces, el precio se ha triplicado, aun cuando Gleevec enfrenta competencia de cinco fármacos más recientes. Y esos son todavía más costosos.

Los precios también han sido tema de debates intensos en otras partes. La Corte Suprema de India falló recientemente que el fármaco no podría patentarse, abriendo el camino para el uso de alternativas genéricas que son muchísimo menos caras.

Falta ver el impacto que tendrá el nuevo comentario. Los autores, no obstante, tan sólo piden que se inicie un diálogo sobre la forma de establecer los precios.

El líder de las protestas es el doctor Hagop M. Kantarjian, presidente del departamento de leucemia del prestigioso Centro Oncológico MD Anderson en Houston. Muchos de los aproximadamente 120 médicos que firmaron el comentario – unos 30 de los cuales son de Estados Unidos – trabajan estrechamente con compañías farmacéuticas en investigaciones y pruebas clínicas. Dicen que están a favor de una industria farmacéutica saludable, pero piensan que los precios son mucho más altos de lo necesario.

“Si estás ganando 3,000 millones de dólares anuales con el Gleevec, ¿te las podrías arreglar con 2,000 millones de dólares?”, dijo en una entrevista Druker, quien ahora es director del Instituto Oncológico Knight en la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón. “¿Cuándo cruzas la línea de las ganancias esenciales para llegar a la especulación?”.

Una minoría accede al medicamento

Las ventas de Gleevec fueron de 4,700 millones de dólares en 2012, con lo que fue el fármaco de mayores ventas de Novartis. Tasigna, un fármaco más nuevo de Novartis para la leucemia, tuvo ventas de 1,000 millones de dólares.

Novartis dijo en una declaración el jueves: “Reconocemos que la sustentabilidad de los sistemas de atención de la salud es un tema complejo y recibimos bien la oportunidad de ser parte del diálogo”.

Señaló que su inversión en Gleevec continuó después de la aprobación inicial, y se expandió su uso a otras enfermedades. También dijo que proporcionó Gleevec o Tasigna en forma gratuita a 5,000 estadounidenses no asegurados o infrasegurados cada año, y, a la fecha, ha dado medicamentos gratuitos a más de 50,000 personas en países de bajos ingresos.

Novartis y fabricantes de otros fármacos contra la leucemia mieloide crónica dicen que los precios reflejan su valor. Mientras que muchas medicinas contra el cáncer con precios elevados prolongan la vida en sólo unos meses en promedio, en general, se concuerda en que Gleevec y sus rivales son medicinas casi milagrosas que, en esencia, transforman una sentencia de muerte en una enfermedad crónica, como la diabetes.

“Es algo sorprendente que se centren en un cáncer en el que las medicinas de moléculas pequeñas han tenido el mayor impacto en beneficios a largo plazo”, señaló el doctor Harvey J. Berger, director ejecutivo de Ariad Pharmaceuticals, que vende el Iclusig, el fármaco contra la leucemia más reciente y más caro.

Berger dijo que el precio del Iclusig es de 115,000 dólares anuales, no de 138,000 dólares al año que se mencionan en el comentario. Pfizer dijo que el precio del suyo, el Bosulif, también se exageró en el artículo. Los fabricantes citan el precio en el que lo venden a los mayoristas, mientras que los autores del comentario se refirieron al que, según dijeron, refleja mejor lo que una farmacia le cobra al paciente.

Los otros fármacos contra la leucemia mieloide crónica son Sprycel de Bristol-Myers Squibb y Synribo de Teva.

En el comentario se nota que, a pesar de los programas de las farmacéuticas, una minoría de las aproximadamente 1.2 millones a 1.5 millones de personas en el mundo que padecen leucemia mieloide crónica reciben una de las medicinas. En muchos países en desarrollo, se dice, oncólogos abogan por los riesgosos trasplantes de médula ósea porque son procedimientos de una sola vez, que resultarían menos costosos que tomar el medicamento.

El artículo también dice que el índice de sobrevivencia para los pacientes en Estados Unidos parece ser menor de lo que debería ser, quizá debido a que los costos están obligando a los pacientes a no tomar la medicina. Los precios del fármaco son del doble en Estados Unidos que en muchos otros países, que a menudo ejercen cierta presión gubernamental o controles de precios que mantienen bajo el costo.

Aun si los costos extras pueden ser bajos, los sistemas sanitarios, en general, todavía deben pagar por el fármaco, dice el comentario. Y algunos pacientes dicen que no siempre es fácil hacer uso de los programas de asistencia.

Raven Riedesel de Winlock, Washington, dijo que diversas beneficencias la rechazaron – aunque todavía no lo intentaba con la propia Novartis – porque su esposo, un plomero, ganaba demasiado dinero. No obstante, el seguro del sindicato de él la hacía pagar 1,200 a 1,600 dólares mensuales como copago del Tasigna.

“Se requería todo lo que nos quedaba después de comprar los artículos de primera necesidad y cubrir los gastos fijos”, dijo Riedesel, de 28 años, con dos hijos pequeños. Está en una prueba clínica que le permite obtener el Tasigna gratis, misma que concluirá en noviembre.

Pacientes en Estados Unidos hicieron circular en internet una petición el año pasado en la que protestan por el precio del Gleevec, pero se abandonó el esfuerzo después de que se consiguieron unas 400 firmas.

Versiones genéricas de menor costo podrían entrar en el mercado estadounidense no antes de 2015, cuando vence la patente principal del Gleevec. No obstante, Novartis podría tratar de mantener firmes otras patentes para mantener a raya a la competencia. También trata de hacer que los pacientes cambien al Tasigna, cuya patente tiene mayor duración.

 

Precios astronómicos

Médicos e investigadores, especializados en leucemia mieloide, sostienen que los precios de los fármacos para tratar esa enfermedad son astronómicos, insostenibles.