•   SHANGHÁI, China  |
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  • The New York Times

Lin Lu recuerda el día en diciembre pasado cuando un hombre de negocios chino se apareció en la concesionaria de autos en la cual trabaja en el norte de China y pagó un BMW Serie 5 Gran Turismo nuevo; totalmente en efectivo.

“Llegó con dos amigos a bordo de un maltratado Honda”, recordó Lin. “Uno de sus amigos portaba unos 60,000 dólares en una gran maleta blanca, y el comprador traía el resto en una pesada mochila negra”.

Llegar con casi 130,000 dólares en efectivo a una concesionaria suena extraño, pero no es exactamente poco común en China, donde las cuentas de hotel, las compras de joyería e incluso los honorarios por conferencias a eruditos visitantes rutinariamente se pagan en gruesos fajos de renminbi, la divisa de China.

Después de todo, éste es un país donde los compradores de casas hacen los pagos del adelanto con camiones llenos de efectivo, y donde se ha sabido que los despachos legales en las grandes ciudades contratan vehículos blindados para la entrega del efectivo necesario para pagar los salarios mensuales.

Pese a todos los elementos modernos de China – las nuevas superautopistas, las rutas de trenes de alta velocidad y los elevados rascacielos _, analistas dicen que este país aún prefiere pagar las cosas a la antigua, con libros contables, máquinas contadoras de billetes y efectivo constante y sonante.

Muchos expertos dicen que no es una negativa a entrar en el siglo XXI sino por desconfianza, del gobierno hacia sus ciudadanos y viceversa.

Hacer negocios en China requiere mucho efectivo porque las autoridades chinas se niegan a imprimir un billete de mayor denominación que el de 100 renminbis. Eso es el equivalente a 16 dls. Desde 1988, el billete de 100 renminbis, con el rostro de Mao Zedong, ha sido el billete más grande en circulación, aun cuando la economía ha crecido en 50 veces. (El ícono nacional del país, el Presidente Mao aparece en casi todos los billetes: los de 1, 5, 10, 20, 50 y 100 renminbis.)

Economistas y funcionarios gubernamentales chinos a menudo sugieren que imprimir billetes de mayor denominación avivaría la inflación. Sin embargo, hay otra razón.

Ricos y pobres prefieren hacer negocios en efectivo

“Estoy convencido de que el gobierno no quiere un billete mayor debido a la corrupción”, dijo Nicholas R. Lardy, una destacada autoridad sobre la economía china en el Instituto Peterson para la Economía Internacional en Washington, señalando que ayudaría a facilitar los pagos corruptos a funcionarios. “En vez de camiones llenos de sobornos en efectivo la gente estaría usando sobres, y saldría más dinero del país”.

Todas las compras, sobornos y acaparamiento obliga a China a imprimir mucho papel moneda. China, que hace un milenio fue el primer gobierno en imprimir papel moneda, representa alrededor de 40 por ciento de toda la producción de papel moneda en el mundo, según un informe publicado por la Corporación de Impresión y Acuñación de Moneda de China. Ajustado al tamaño de su economía, China tiene unas cinco veces más efectivo en circulación que Estados Unidos.

En Estados Unidos, la denominación más alta impresa es 100 dólares; en Japón, es el billete de 10,000 yenes, que vale unos 100 dólares; el de 500 es el billete en euros de más alta denominación, con valor de unos 650 dls. Ninguna economía importante se ha limitado a un billete de tan baja denominación como China.

Al hacer del billete de 100 renminbis el más grande, los ciudadanos de la nación necesitan más de ellos para comprar un televisor o un reloj suizo, ya no digamos un auto, una casa o un yate, el cual según medios estatales de China fue comprado hace unos años por hombres que llevaban dos maletas llenas de efectivo.

El seguimiento de esos billetes conforme recorren esta economía en auge ofrece un fascinante vistazo de cómo funciona el sistema financiero de China, y cómo algunas partes del país siguen estancadas en el pasado.

“En grandes partes de China, sigue pareciendo como el Estados Unidos de los años 50: La mayor parte de todo está en efectivo”, dijo Jeffrey R. Williams, director ejecutivo del Centro Harvard en Shanghái y ex ejecutivo bancario que ha trabajado en China durante más de 30 años. “En Estados Unidos quizá haya una contadora de billetes en un banco, pero aquí todos los cajeros la tienen”.

Aunque las ciudades costeras de China han florecido durante los 30 años de prosperidad económica, economistas dicen que el interior del país sigue siendo pobre y estando desconectado de los aspectos más modernos de la red financiera. Como resultado, los pobres prefieren hacer negocios en efectivo.

A los ricos también les gusta el efectivo, y típicamente ocultan su dinero en la economía clandestina para evitar el escrutinio gubernamental de su riqueza. Como es el caso en otras economías en desarrollo de Asia, las tarjetas de crédito y los cheques fácilmente rastreables no se usan comúnmente.

No confían en el gobierno

“El chino promedio no confía ni en los bancos chinos ni en el Partido Comunista”, dijo Friedrich Schneider, una autoridad sobre economías sombra en todo el mundo y profesor de economía en la Universidad Johannes Kepler de Linz, en Austria. “Esto es simplemente desconfianza en el gobierno, y por ello mucha gente maneja sólo efectivo”.

Esa falta de confianza fomenta un juego del gato y el ratón entre el gobierno y sus súbditos, dicen analistas. Ejecutivos hacen acuerdos en efectivo secretos para percibir honorarios de consultoría externa mientras trabajan en compañías estatales. El gobierno responde tratando de penetrar una enorme economía clandestina, donde las transacciones fuera de los libros se realizan casi totalmente en efectivo, porque es más difícil que las autoridades les den seguimiento y las graven.

A menudo, los culpables son los propios funcionarios gubernamentales que se supone deben cumplir las leyes.

Tomemos el caso de Wen Qiang, el ex jefe de policía de la ciudad de Chongqing. Fue atrapado en 2009 con casi un millón de dólares en renminbis, envueltos cuidadosamente en bolsas de plástico y ocultos en un tanque de agua en la casa de un pariente.

En otro caso, el hermano del ex ministro de ferrocarriles de China fue atrapado ocultando unos 5 millones de dólares en renminbis en su casa, algunos tan mal almacenados que los billetes enmohecidos descompusieron una contadora de billetes del gobierno.

Para poner tope a las transferencias en efectivo ilegales, China restringe las transferencias de dinero transfronterizas y establece límites en el mercado cambiario.

Comprensiblemente, imprimir todo ese dinero es una empresa importante. La Corporación de Impresión y Acuñación de Moneda de China opera 80 líneas de producción con 30,000 trabajadores, seis compañías de billetes bancarios, dos molinos de papel, una compañía de impresión, una corporación de fabricación de placas y una firma que produce líneas de seguridad anti-falsificación especiales.

El Banco Popular de China, que supervisa la operación, declinó hacer comentarios sobre lo que el gobierno llama las “tarjetas de identificación de la República”.

“Quizá esos billetes deberían venir con una advertencia sobre prácticas de almacenamiento. El mes pasado, un trabajador migrante en Shanghái descubrió que los ratones habían roído los 1,200 dólares que su esposa almacenó en un armario.

Un banco local aceptó cambiar el dinero si el hombre podía reensamblar al menos tres cuartas partes de un billete. “Pero los billetes están ahora en pedacitos y es casi imposible arreglarlos”, dijo Zhao Zhiyong, el trabajador de 37 años de edad. “¿Quién podría haber sabido que el dinero sería mordisqueado por ratones?”

 

China pionero en papel moneda

China, que hace un milenio fue el primer gobierno en imprimir papel moneda, representa alrededor de 40 por ciento de toda la producción de papel moneda en el mundo, según un informe publicado por la Corporación de Impresión y Acuñación de Moneda de China.