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  • The New York Times

Mourad Benamer recuerda el día que sus padres visitaron por primera vez el elegante restaurant Nuevo de sushi que él acababa de abrir cerca de Campos Elíseos. En contra de todas las probabilidades, Benamer había logrado salir del suburbio rudo, o ‘banlieue’, donde creció en una familia de inmigrantes pobres de Marruecos justo al noreste de París, y se encontró con una fórmula que pronto se convertirá en un éxito comercial más allá de sus sueños.

“Vinimos de un lugar donde había injusticia y falta de oportunidad”, dijo Benamer, de 36 años, recordando su ‘banlieue’, Bondy. Pero ahí estaba en el corazón del parís turístico, en una tarde invierno en 2007, con su madre apuntando con incredulidad al maki de trufa y foie-gras siendo enrollado a comensales en Eat Sushi, que desde esa época ya se expandió a una cadena de 38 restaurantes a lo largo de Francia.

“¿Cómo logró hacer todo esto?”, preguntó ella. “Él respondió de manera simple: lo hizo por cuenta propia. ”No iba a permitir que este sentimiento de que no tenemos oportunidad me mantuviera encerrado en el banlieue”, recordó Benamer en fecha reciente.

A lo largo de las décadas, los suburbios en desventaja que rodean a París y otras grandes ciudades francesas han sido lugares de privación, plagados de discriminación y pobreza. Francia ha jurado desde hace mucho tiempo atrás que mejoraría la dura situación de las poblaciones de banlieues, a menudo musulmanas y principalmente personas con raíces familiares árabes o del África subsahariana en el pasado colonial de Francia. A pesar de promesas de Nicolás Sarkozy cuando era el presidente con respecto a buscarle solución a la desigualdad económica y social tras una serie de violentos disturbios en 2005 y 2007, poco ha cambiado, afirman detractores.

Es por eso que una nueva generación de personas como Benamer está intentando convertir los suburbios en incubadoras para empresarios, quienes ven el uso de su propia iniciativa como la única forma de subir y salir de los banlieues, que albergan a 10 por ciento de los 63.7 millones de habitantes de Francia, con base en estimados.

A través de persistente cabildeo, empresarios del banlieue han estado fundando fondos de inversión “ángel”, convenciendo a grandes empresas francesas como Seguros AXA y BNP Paribas de que contribuyan con un primer aporte de capital que impulse nuevas empresas que van desde remoción de basura a flotas de taxis. Fue uno de esos fondos el que ayudó hace poco a financiar la expansión nacional de la cadena de Benamer, Eat Sushi.

Aún nadie puede cuantificar los nuevos negocios que están surgiendo de este movimiento, o medir su éxito. Sin embargo, la actividad está ocurriendo mayormente fuera de la esfera del estado francés.

“Si esperamos a que el gobierno haga algo, la gente simplemente permanecerá atascada”, dijo Benamer. “Si queremos que mejore la situación, tenemos que hacerlo nosotros mismos”.

Como parte del esfuerzo de autoayuda, organizaciones con base en banlieues que promueven la diversidad étnica han sido determinadas con respecto a colocar a minorías en programas de mentores y empleos en empresas galas que, apenas hace una década, rechazaban automáticamente a aspirantes que no tuvieran nombres franceses.

“Las cosas están cambiando”, dijo Majid El Jarroudi, consultor de origen marroquí, quien creció en el banlieue parisino de Montreuil. Jarroudi, de 36 años de edad, empezó su carrera operando un pequeño restaurante. Fundó una organización, Adive, para ayudar a empresas de banlieues después de visitar Estados Unidos y maravillarse ante el enorme grado de facilidad con que las minorías progresaban.

Las actitudes han cambiado lentamente en Francia, destacó, pero en últimas fechas, “existe un creciente reconocimiento de que el banlieue no debe ser visto como un lugares al cual temer, sino como una fuente de dinamismo, lleno de gente que está impaciente por trabajar y tener éxito”.

Benamer es un caso de estudio. Uno de los más jóvenes en una familia de 10 hijos, con padres analfabetos, creció en el rudo suburbio de Bondy, que estuvo envuelto en los disturbios de 2005 y 2007, aunque él y su familia evitaron los problemas. Después de obtener un diploma vocacional cuando tenía 18 años de edad, lanzó un pequeño negocios de sándwiches con su hermano menor, Yahia. Trabajando 13 horas al día, rápidamente estaban vendiendo más de 2,000 sándwiches al día a colegios locales.

Al poco tiempo, fijaron la mira en el sushi para llevar, mercado en el cual Benamer veía mayor potencial. En 2006, los hermanos cofundaron Eat Sushi, con un establecimiento insignia en el corazón de París. El año pasado, un fondo de inversión angelical, Citizen Capital, tomó una participación de 30 por ciento, con planes de duplicarlo para 2015 el número de locales y ventas que el año pasado superaron 20 millones de euros (aproximadamente 26 millones de dólares). Actualmente, Eat Sushi da empleo a 550 personas en ciudades y banlieues por toda Francia en una fuerza laboral, incluidos gerentes, con orígenes en 30 países diferentes.

“Mírenos; somos marroquíes vendiendo sushi japonés a los franceses”, dijo Benamer, ahora casado y con un hijo, un fin de semana reciente, sentado en su restaurante en Campos Elíseos, debajo de un muro cubierto de imágenes de una geisha al estilo de Warhol. “Si nos hubiéramos permitido ser estigmatizados, Francia perdería; en buen sushi, sí, pero también en los cientos de empleos que estamos creando”.

Desde su elección como presidente hace un año, François Hollande ha jurado que creará empleos y mejorará la educación en banlieues en apuros, donde el desempleo promedia 22 por ciento (comparado con 10.5 por ciento en la nación) y el desempleo juvenil está por arriba de 30 por ciento.

Este martes, el Parlamento francés aprobó amplias medidas para reorganizar el mercado laboral de la nación, notoriamente rígido, para facilitarles a empleadores tanto contrataciones como despidos.

Sin embargo, los banlieues siguen siendo un desafío especial. Hollande anunció un plan en marzo para reservar casi 180 millones de euros, o 235 millones de dólares, en exenciones fiscales para negocios que contraten a jóvenes de áreas suburbanas en desventaja. Detractores en los banlieues dicen que en vez de subsidiar empleos fuera de sus barrios, Francia debería estar alentando a empresarios para que crearan empleos localmente.

El gobierno también ha creado un programa, Talents des Cites, que recompensa con premios de dinero en efectivo a empresarios jóvenes e innovadores. Sin embargo, unos pocos piensan que los premios - hasta 7,000 euros - equivalen a nada más que votos de confianza. A medida que se desploma la popularidad de Hollande y conforme él lucha por sacar a toda Francia del estancamiento económico, una solución de estado a los problemas económicos de los banlieues pudiera seguir siendo elusiva. Francia no tiene nada correspondiente a la Administración de Pequeños Negocios en Estados Unidos. Además, los bancos, que tradicionalmente se han alejado de préstamos empresariales en los banlieues, se han retirado incluso más a medida que la vieja crisis de la deuda en Europa contrae el crédito a lo largo de la eurozona.

Para quienes buscan una senda de salida, el camino sigue siendo escabroso. En Francia en general, uno de cada dos negocios se viene abajo después de cinco años. Pero en los banlieues, la mitad de todos los negocios nuevos cierra en un plazo de tres años. La autoayuda, todo parece indicarlo, tiene sus limitaciones.

Raoul Sodjinou, cuarentón originario de Benín, país del oeste africano, fue en pos de su sueño de abrir una boutique de cosméticos para mujeres morenas en Saint-Denis, otro banlieue al norte de París que ha sido sacudido por los disturbios.

Enérgico y determinado, Sodjinou obtuvo un préstamo en 2008, por 300,000 euros, de Business Angels des Cites, fondo de inversión con base en un banlieue, para abrir lo que esperaba que fuera la primera de 30 tiendas.

Sin embargo, Sodjinou carecía de exposición a la mayor cultura de negocios de Francia, así como a la asesoría y guía, y su inexperiencia lo persiguió desde el comienzo. Situó su tienda en el extremo equivocado de una salida del Metro, y la boutique atraía muy poco tránsito peatonal. Además, en un barrio con limitado poder adquisitivo, los delineadores de ojos de 16 euros y otros productos de calidad que él eligió para su stock sencillamente eran demasiado caros.

Con las ventas muy por debajo de sus proyecciones, dijo que Business Angels ahora desconfiaba de prestarle más dinero para reubicarse.

“Yo me sigo preguntando, ¿cómo lo lograré?”, dijo Sodjinou. Sin embargo, se niega a rendirse. “Viniendo del banlieue y de antecedentes modestos me dio una enorme energía”, dijo. “Los que dicen alto. yo no soy así”.

De vuelta en el local de sushi, donde el teléfono repicaba de manera constante con órdenes de entrega, Benamer dijo que la única forma en que la gente de los banlieues saliera adelante era seguir paso a paso. “El gobierno tiene una responsabilidad, sí”, dijo. “Pero depende de nosotros hacer el cambio. ”Si no enviamos ese mensaje a otros, ¿entonces quién lo hará?”