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A lady Carnarvon, quien se describe como “una prudente contadora escocesa”, no le molesta que autobuses tosijosos, que chirrían por el camino de grava que conduce a su propiedad campirana, depositen en su puerta a 1,500 seguidores cada día. De hecho, recibe con entusiasmo a los visitantes en el castillo Highclere, quienes pagan 27 dólares para entrar, compran guías de 14.50 dólares y no se van sin recuerdos, como una playera de polo de 23 dólares con el castillo de Highclere impreso al frente.

¿Cuál es el atractivo? El hogar de lady Carnarvon es la ubicación ficticia de la serie de televisión “Downton Abbey”, y está determinada a sacarle partido. Como le dijo a un visitante cuando ella batallaba para encontrar un lugar donde almorzar que todavía no ocupara algún turista, la tarifa por locación que se paga por el uso de Highclere, “no cubre el costo del techo”.

A lady Carnarvon se la conocía como Fiona Aitken antes de casarse con Geordie Herbert, el octavo conde de Carnarvon y ahijado de la reina Isabel II, en 1999. Ella se ha convertido en el rostro de Highclere, mientras su esposo se dedica al aspecto operativo, menos glamoroso, de administrar la vasta propiedad, y habla con el acento apropiado de una condesa y la franqueza numérica de una directora de finanzas. “Si te ganas la lotería, estás ganando algo llamado dinero en efectivo”, dijo. “Con ‘Downton’, es como se puede convertir en algo como el dinero en efectivo”.

El programa de televisión ha dado fama mundial al castillo Highclere (que ha sido propiedad de la familia del esposo de lady Carnarvon desde finales del siglo XVII), en especial, entre lo que ella llama “muchos estadounidenses encantadores”. Sin embargo, el funcionamiento de la casa cuesta 1.5 millones de dólares al año, y no ha recibido la cantidad de dinero que supondrían quienes ven la serie.

Sin duda que no ha aportado una fortuna como la de Almina Wombwell, la quinta condesa de Carnarvon e hija de Alfred de Rothschild, quien pasó a formar parte de la familia por matrimonio; así se pagaron las primeras electrificación y plomería.

La actual lady Carnarvon reconoce que mantener financieramente solvente a una casa como Highclere, y que siga siendo patrimonio de la familia, es muchísimo más difícil hoy.

“Es tanto el hogar de la familia de mi esposo como mi hogar, pero tiene que funcionar en el mundo moderno; tiene que ser un negocio”, comentó mientras terminaba de comer y pedir a su asistente que le diera algo dulce. “Sí, señora”, respondió y sin demora retornó con una rosquilla con mermelada.

Un palacio para bodas

Lady Carnarvon es tal defensora de las finanzas prudentes que parecería tener más en común con Suze Orman, que con las amistades de alcurnia de su esposo. Mientras miraba por las ventanas de las habitaciones de los sirvientes hacia las carpas en los jardines de Highclere, habló de todos sus esfuerzos para pagar las costosas renovaciones del castillo Highclere, como operar una granja para producir alimento para caballos y realizar actividades como una búsqueda de huevos de Pascua, para la cual se requirió cambiar a las ovejas para acomodar a los visitantes.

Además de traer a más productoras de cine y televisión para filmar en los salones menos reconocibles de Highclere, lo ha rentado para bodas, incluida la de la modelo Katie Price, a precios que van desde 22,000 dólares.

Arnett & Associates, una oficina de oradores basada en Richmond, Virginia, maneja los compromisos de lady Carnarvon como oradora, con honorarios que van desde los 20,000 dólares. Y también están sus libros. “Lady Almina and the Real Downton Abbey”, publicado en 2011, llegó a las listas de superventas del New York Times, y vendió unos respetables 157,000 ejemplares. (Está escribiendo otro libro específicamente sobre la antepasada de su esposo Catherine Wendell, la sexta condesa de Carnarvon que nació en Estados Unidos.)

En medio de todas estas formas de allegarse dinero, todavía trata de hacer que el castillo de Highclere se sienta como un verdadero hogar, con revistas sobre las mesas de noche en las recámaras, que reconocen los seguidores de “Downton Abbey”, así como fotografías de familia donde aparece la realeza, colocadas estratégicamente por todos los salones. Su familia pasa gran parte del tiempo exiliada en una cabaña a unos 18.2 metros de distancia, donde dijo la condesa que tiene a “los perros, conejos, trampolines, Xbox”. Ahí fue donde una tarde reciente, Edward, el hijo de lady Carnarvon, jugaba con George, el hijo del primer matrimonio de su esposo.

“Nunca descanso”, dijo. “Siempre estoy buscando la siguiente jugada”. Los habitantes actuales de Highclere no son los primeros que tienen preocupaciones monetarias. En los 1840, el tercer conde de Carnarvon se metió en problemas financieros cuando trató de ampliar la casa y la propiedad con demasiada rapidez y se quedó sin dinero, según David Brock, quien ha sido inspector del Patrimonio Inglés en el castillo Highclere. En 1895, la fortuna de lady Almina salvó a la casa de las deudas del quinto conde.

Aun ahora, estos problemas de liquidez no han terminado para lady Carnarvon y su esposo. Un artículo de 2009 de The Daily Mail muestra a lord Carnarvon posando en las habitaciones cubiertas de moho, cuya reparación costaría 18 millones de dólares.

El salto a la televisión de Highclere se produjo cuando, durante un encuentro deportivo de su hijastro, lady Carnarvon conoció a Julian Fellowes, el creador de “Downton Abbey”, por medio de su esposa Emma. Primero quiso filmar “Gosford Park” ahí. Comentó que Fellowes paga una renta diaria de la media de lo que se suele pagar por las casas históricas. Harvey Edgington, gerente de transmisiones y medios del Fondo Nacional, dijo que es típico que se paguen entre 4,500 y 5,300 dólares diarios por los dramas televisivos.

Grabar “Downton Abbey” ha tenido sus inconvenientes. Se tuvo que reducir la cantidad de bodas celebradas en Highclere a 20 al año (en comparación con 25 a 30) para dar lugar a la filmación. También está el costo del deterioro por uso. La condesa todavía está trabajando con el equipo técnico del programa para fijar el costo de reparación de una mesa de comedor sobre la que plancharon. Lady Carnarvon cree que “se tardarán mucho maldito tiempo en arreglarla”.

Quizá la parte más sorprendente de los esfuerzos de lady Carnarvon sea que, debido a las leyes inglesas sobre la herencia, la casa por la que trabaja tan duro para preservar pasará al hijo del primer matrimonio de su esposo cuando éste muera.

Sin embargo, parece en paz con que algún día tenga que salirse de Highclere y sólo está agradecida de que “Downton Abbey” haya podido ayudar a que la casa tenga finanzas estables mucho después de que ya no esté ella.

“Llevamos aquí 1,300 años”, dijo lady Carnarvon. “Yo le digo a ‘Downton’: ‘Son encantadores. Pero sólo estarán aquí cuatro o cinco años’”.

 

Cuatro siglos de propiedad

El programa de televisión ha dado fama mundial al castillo Highclere (que ha sido propiedad de la familia del esposo de lady Carnarvon desde finales del siglo XVII), en especial, entre lo que ella llama “muchos estadounidenses encantadores”.