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  • The New York Times

En este pueblito justo al sur de la capital de Oaxaca, algunos de los jóvenes beisbolistas más talentosos de México están dando sus primeros pasos hacia las grandes ligas.

Los lanzadores practican sus movimientos paso a paso mientras un entrenador grita: “Uno! Dos! Tres! Cuatro!” Los sonidos típicos del beisbol – bates golpeando pelotas, pelotas golpeando el cuero – compiten con el zumbido de las cigarras.

El multimillonario Alfredo Harp Helu abrió esta academia de beisbol, La Academia de Beisbol Alfredo Harp Helu, en 2009, y la brillante escuela tiene siete campos de beisbol, una sala de pesas, entrenadores, dormitorios, hasta artesanías de alfareros locales. El plan de Harp, en parte, era preparar niños oaxaqueños para carreras de ligas mayores.

Aunque a esta escuela en el corazón de Oaxaca, rodeada de maizales y naturaleza, le falta un elemento evidente: oaxaqueños. De los casi 45 alumnos, ninguno es de este montañoso y empobrecido estado.

Sólo dos oaxaqueños, Vinny Castilla y Gerónimo Gil, llegaron a las grandes ligas antes de que abriera la academia. La mayoría de los adolescentes de este estado no han cumplido con los requisitos de talento de la academia.

“Sí, por eso la pusimos aquí,” dijo Eduardo de la Cerda, director de la escuela, mientras los jóvenes corren por la línea derecha del campo atrás de él. “Pero necesitan tener ciertas cualidades.”

Casi dos tercios de los atletas de la escuela son de los estados norteños de Sinaloa y Sonora, semilleros del beisbol que representan el 60 por ciento de los jugadores en la Liga Mexicana, el principal circuito profesional del país. En contraste, la liga sólo tiene cuatro jugadores oaxaqueños esta temporada, menos del 1 por ciento del total. Los 3.8 millones de residentes de Oaxaca representan un 3 por ciento de la población del país.

“Oaxaca nunca fue un lugar para el beisbol,” dijo Castilla, ex tercera base que creció en Oaxaca, la capital. “Las escuelas nunca tuvieron equipos de beisbol. Si querías jugar beisbol, tenías que ir a través de una liga fuera de la escuela.”

Castilla bateó 320 jonrones durante su carrera de más de 15 años en las mayores y trabaja en la oficina principal de los Rockies de Colorado. Gil, que pasó seis años como receptor de ligas mayores, juega para el equipo de la ciudad de México de Harp. Otros oaxaqueños tendían a mostrar poco interés en sus carreras de ligas mayores cuando regresaban a casa durante el receso, dijo Gil.

El extenso estado de Oaxaca es conocido por su chocolate amargo, playas espectaculares y las coloridas celebraciones del Día de Muertos. Con una de las poblaciones indígenas más grandes de México, el pueblo de Oaxaca es relativamente bajo en estatura, lo que tal vez ha contribuído a la falta de éxito de los residentes en el beisbol y en otros deportes.

Harp, quien hizo su fortuna en 2001 cuando Citigroup compró su banco, Banamex, ha metido él solo el beisbol en la conciencia de los oaxaqueños. Trajo a Oaxaca a un equipo profesional, los Guerreros, en 1996. El equipo ganó el campeonato de la Liga Mexicana en 1998 y atrajo unos 12,000 aficionados por semana a su estadio del centro.

También es dueño de los Diablos Rojos de la Ciudad de México, el equipo de beisbol más exitoso del país, y parte de los Padres de San Diego. Harp, cuyo primo Carlos Slim Helu quien tiene participación minoritaria en The New York Times Co., dijo que él asiste a unos 50 juegos de beisbol al año. Dijo que tener la academia cerca de su casa de Oaxaca le permitía hacer frente a la temporada baja más fácilmente.

Pasión beisbolística

“Me gusta mantenerme involucrado en el beisbol todo el año,” dijo Harp de 69 años, durante una entrevista en el convento restaurado de 400 años que aloja la oficina de su fundación en el centro de Oaxaca. “Fuera de temporada, voy a la academia.”

Es imposible exagerar el entusiasmo de Harp por el beisbol. Su museo de estampillas en la ciudad de Oaxaca abrió una exposición sobre beisbol en mayo, con estampillas prestadas por Peter O’Malley, también de un propietario de los Padres y un ex propietario de los Dodgers de Los Angeles.

La cara de Harp se iluminó al recordar cómo verificaba los marcadores en el periódico todas las mañanas cuando niño y veía a Mickey Mantle y Sandy Koufax jugar en un juego de exhibición en la ciudad de México en los 1960. Recitó rápidamente los nombres de sus jugadores favoritos: Mantle, Joe Morgan y Josh Gibson, bateador de las Ligas de Negros quien también jugó en México.

La academia mezcla el amor de Harp por el beisbol y su afinidad con Oaxaca. Su edificio de dos pisos está decorado con la cerámica negra típica de este pueblo. Los agaves y los cactos salpican el campus, o por lo menos esas partes que no están cubiertas por campos de beisbol.

La escuela envía jugadores primeramente a los dos equipos mexicanos de Harp y a la academia de la Liga Mexicana cerca de Monterrey, pero los equipos de las ligas mayores han prestado atención. Un alumno graduado, Roberto Osuna, es un lanzador prospecto en la organización de Toronto Blue Jays, y varios más están entrenando en academias de ligas mayores en la República Dominicana.

Recluta talentos entre miles de aspirantes

“Yo creo que lo que él ha construido ahí es la academia Número 1 en América Latina,” dijo Omar Minaya, vicepresidente senior de los Padres, sobre Harp. “Tradicionalmente, Oaxaca no ha sido semillero de actividad beisbolística. Creo que va a mejorar el nivel del juego de beisbol de los niños en Oaxaca.”

Sin embargo hasta ahora, esa mejora no se ha traducido en éxito para el beisbol oaxaqueño. Muchos culpan a la falta de exposición del deporte por televisión, de su falta de popularidad en la región sur de México y a nivel nacional, como lo ha hecho el futbol; otros dicen que las ligas juveniles de Oaxaca no están inculcando suficiente ética de trabajo en sus jugadores.

Los niños oaxaqueños “lo pueden lograr, pero necesitan disciplina,” dijo Guillermo Spíndola, gerente general de los Guerreros, cuyo único jugador local, Jaime Brena, se anuncia a veces como El Oaxaqueño cuando viene a batear.

La academia explora como 2,000 jugadores al año por todo México, dice Harp. Es raro que un niño se inscriba sin ser reclutado, pero un puñado de oaxaqueños lo intentan cada año. Ninguno de ellos ha ganado un lugar codiciado, dijo de la Cerda, director de la academia.

Los alumnos, que viven en los dormitorios y no pagan nada, pueden elegir tomar clases de secundaria y preparatoria en las tardes. Sin embargo, la mayoría le apuesta todo al beisbol, dividiendo su tiempo entre la sala de pesas, los diamantes de beisbol y las jaulas de bateo o la pluma.

La experiencia ha sido más divertida de lo esperado para José Orlando Garza, un lanzador de 17 años de Monterrey que fue reclutado por el explorador de la academia el año pasado.

“Antes practicaba muy poco,” dijo Garza. “Estaba más en Facebook y salía con mis amigos, pero ahora estoy muy concentrado.”

Harp y los líderes de la academia sueñan con el día en que Oaxaca produzca jugadores de beisbol talentosos, pero no se ven preocupados.

“Sabía que sería difícil encontrar jugadores de Oaxaca que cumplieran con los requisitos,” dijo de la Cerda. “Pero si ese fuera el principal propósito de la academia, la hubiéramos puesto en Sinaloa o Sonora.”

 

Academia fundada en 2009

Alfredo Harp, quien hizo su fortuna en 2001 cuando Citigroup compró su banco, Banamex, inauguró su Academia de Beisbol en 2009. La escuela tiene siete campos deportivos, sala de pesas y dormitorios. En la actualidad tiene un promedio de 45 estudiantes.