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  • The New York Times

Pese a lo que está en juego, había casi un espíritu festivo en esta rica pequeña aldea ubicada en las colinas de Sussex Occidental. Los niños hacían ruido en torno a un toldo levantado en la calle y las familias extendidas en cobertores sobre la diminuta plaza.

Sin embargo, lo que los reunió el 23 de mayo no fue una feria de la primavera sino una profunda preocupación. Cuadrilla Resources, una compañía energética británica, está a punto de perforar un pozo de exploración en busca de gas pizarra en las afueras. Los residentes lo ven como un posible precursor de la técnica de perforación ambientalmente polémica conocida como fracturación hidráulica.

“No fracturen mi futuro”, decían las camisetas de los niños mientras los chicos mordisqueaban panecillos de chocolate.

Los residentes “están pasando por el proceso de duelo; les acaban de decir que tienen cáncer”, dijo Alison Stevenson, presidenta del Concejo Parroquial de Balcombe, un organismo gubernamental local. Un sondeo reciente realizado por el concejo parroquial encontró que más de 80 por ciento de los 284 encuestados quería que el concejo se opusiera a la fracturación.

La protesta fue acorde con la constante resistencia que las compañías petroleras y gaseras, y los gobiernos que aprueban su exploración, están enfrentando conforme tratan de aprovechar el gas natural de los depósitos de pizarra subterráneos y extraer otros combustibles fósiles en áreas pobladas.

Aunque la extracción de gas pizarra ha creado un auge energético en Estados Unidos, muchos europeos se han mostrado renuentes a aceptar la tecnología en base a la preocupación de que pudiera contaminar el agua subterránea y alentar una continua dependencia de los combustibles fósiles que emiten carbono.

Balcombe, con unos 1,800 residentes, no es semillero del radicalismo. Está en el corazón del Partido Conservador, a media hora en tren al sur de Londres. Está representado en el Parlamento por Francis Maude, un ministro del Gabinete.

Pero los residentes dicen que su oposición a la fracturación, el proceso de bombear grandes cantidades de líquido, arena y otras sustancias para liberar el gas atrapado dentro de las piedras, no está siendo escuchada en círculos oficiales.

“Esta es naturalmente una aldea muy conservadora y rica”, dijo Lawrence Dunne, un profesor de física que vive aquí. “Pero sentimos que el gobierno nos está ignorando completamente”.

En una noche reciente, Cuadrilla, la compañía que está a la vanguardia del desarrollo del gas pizarra en Gran Bretaña, estaba tratando de escuchar. En una ex iglesia conocida como Bramble Hall, la compañía celebró una “sesión informal” para los residentes locales.

Varios ejecutivos de Cuadrilla acompañados por un séquito de asistentes de relaciones públicas hablaron con pequeños grupos de residentes, a quienes se unieron activistas ambientales de Londres y el área circundante.

Francis Egan, director ejecutivo de Cuadrilla, llamó a la reunión, que atrajo a más de 200 personas y duró más de cuatro horas, “realmente muy valiosa”. El encuentro dio a la gente “la oportunidad de escuchar de nosotros lo que estamos haciendo” en vez de lo que “leen en Internet”, dijo. Él y otros líderes empresariales europeos que defienden el desarrollo del gas pizarra envidian el gran inicio logrado por sus contrapartes estadounidenses. Pero saben que de este lado del Atlántico los temores de contaminación están tan arraigados que los políticos locales y nacionales vacilan en apoyar la perforación.

Francia ha prohibido la fracturación, y es probable que Alemania le dé luz verde hasta después de las próximas elecciones. El gobierno británico considera al gas pizarra como un posible reemplazo de las declinantes reservas energéticas en el Mar del Norte, pero esas intenciones han sido lentas en traducirse en acción. Es poco probable que vaya a haber alguna fracturación para extraer gas pizarra en Gran Bretaña este año.

El día de la protesta, Balcombe era un microcosmos de las preocupaciones europeas. Muchos parecían ya decididos a oponerse a la compañía energética; un resultado, dijeron algunas personas locales, de la fuerte campaña por parte de los oponentes de la fracturación.

Temen daños ambientales

Eric Vaughan, director de servicios de pozos de Cuadrilla, se encontró bombardeado por preguntas sobre la regulación por parte de Katy Dunn y Emma Cooke, dos jóvenes que estaban vestidas con atuendos negros y calcetas tejidas amarillas, que se hacían llamar “las abuelas tejedoras contra el gas”.

Las preocupaciones citadas por los residentes incluyeron temores de que la actividad de perforación incremente el tráfico carretero y dañe al medio ambiente. También sospechan que la producción de petróleo y gas, aunque pudiera ser lucrativa para Cuadrilla, ofrece pocos beneficios a Balcombe.

“Me preocupa el impacto ambiental sobre el aire y nuestro suministro de agua”, dijo Louisa Delpy, quien vive a más de un kilómetro del sitio. “Tengo dos hijos pequeños”.

Delpy sostuvo una larga conversación privada con Egan para repasar una lista de preocupaciones. Pero su conversación la dejó “con más preguntas”, dijo ella. “Esto fue sólo el inicio”.

No todos se oponen a la fracturación. Si tenemos recursos naturales, usémoslos”, dijo Derek Earl, un constructor retirado de torres de red telefónica móvil. Pero pareció formar parte de la minoría.

En las paredes del Bramble Hall había una serie de carteles que explicaban los planes de la compañía. Primero, Cuadrilla planea perforar un pozo de exploración en un sitio llamado Lower Stumble, donde Conoco perforó un pozo en 1986 pero luego abandonó sus esfuerzos.

Cuadrilla quiere intentar de nuevo con métodos modernos que incluyen la perforación horizontal y el uso de ácido hidroclórico para estimular el pozo. Ejecutivos de Cuadrilla dijeron que no planeaban, al menos inicialmente, “fracturar” este pozo de prueba.

Pero Egan, que se convirtió en director de Cuadrilla el año pasado después de que la compañía había seleccionado el sitio de Balcombe, dijo que se podría decidir posteriormente fracturar el pozo “si decidiéramos que marcaría una diferencia en el índice de flujo”.

Egan dijo que le alentaban las expresiones de apoyo del gobierno nacional para la perforación. “Hay un reconocimiento general de que deberíamos estar poniendo en marcha la fase de exploración”, dijo.

Pero no en Balcombe. “Combatiremos”, dijo Dunne, el profesor de física. “Lo haremos por cualquier medio pacífico y legal”.