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Brasil ha construido algunos de los “mejores y más modernos estadios” del mundo para la Copa Mundial de fútbol soccer del año próximo, se jactó la Presidenta Dilma Rousseff en su transmisión radial semanal el 27 de mayo. Eso es cierto.

Casi en el mismo momento, sin embargo, una sección del techo de uno de ellos, en Salvador en el noreste, colapsó debido a fuertes lluvias. El percance fue menor comparado con la escala de las obras de construcción – se están construyendo siete estadios desde cero y cinco más están siendo renovados – pero ilustró cómo un inicio tardío y fechas límite postergadas han convertido a los preparativos del país para el torneo en una costosa carrera contra el reloj.

Brasil fue elegido como anfitrión en 2007, pero le tomó tanto tiempo seleccionar los estadios, concertar el financiamiento y empezar a construir que sólo dos de los seis estados para la Copa Confederaciones de este mes, un torneo de calentamiento, fueron terminados en diciembre pasado como estaba planeado. El nuevo estadio de Brasilia, la sede para el primer partido, fue inaugurado apenas el 18 de mayo, mientras que el reconstruido Maracaná de Río de Janeiro albergará sólo un partido de prueba antes de que comience el torneo.

Las sucesivas fechas límite incumplidas han tensado las relaciones con la FIFA, el órgano que rige al fútbol mundial. El año pasado, el secretario general de la FIFA, Jerome Valcke, dijo que Brasil necesitaba “darse una patada en el trasero”. Llevó meses solucionar la pelea resultante.

El 14 de mayo regresó al combate. Advirtió que no se concederán extensiones para los seis estadios aún en construcción. Las obras en el Itaquerao de Sao Paulo, que debe albergar el partido inaugural, empezaron apenas a mediados de 2011. A menos que se acelere el ritmo, pudiera ser descartado de la lista antes de que los boletos salgan a la venta el 1º de agosto, dijo Valcke.

La FIFA debería “sentirse libre” de buscar otro estadio, respondió el Corinthias, el club que está construyendo el estadio. Los 20,000 asientos temporales necesarios para la Copa Mundial serán añadidos apenas el año próximo, dijo el club, le guste a la FIFA o no.

Hay algunas buenas noticias. Fuertes ventas anticipadas significan que ésta será la Copa Confederaciones con mayor asistencia. Casi todos los boletos han sido comprados por residentes locales, lo que significa que el país tiene un año antes de que sus atestados y deteriorados aeropuertos deban recibir a hordas de fanáticos extranjeros. Los contratos para restaurar tres aeropuertos fueron licitados el año pasado, y dos están programados para septiembre, pero ahora sólo hay tiempo para los arreglos más rápidos.

El presupuesto para los 12 estadios ahora se ubica en 3,300 millones de dólares, tres veces el total gastado por Sudáfrica para la Copa Mundial de 2010. La mayor parte de eso es dinero público, pese a la promesa del gobierno en 2007 de que el sector privado pagaría los estadios.

Se supone que los fondos públicos serán usados para proyectos de transporte y renovación urbana, pero, en la carrera por terminar las sedes, éstos han sido postergados o desechados. Las líneas de ferrocarril hacia los dos principales aeropuertos de Sao Paulo ahora serán completadas sólo después del torneo.

Algunas de las costosas sedes nuevas tendrán poco uso en el futuro. El nuevo estadio de Brasilia costó más de 1,000 millones de reales, pero la ciudad tiene sólo equipos de soccer de cuarta división que atraen a pocos espectadores. En la inauguración oficial, el ministro del Deporte, Aldo Rebelo,

dijo entusiasmado que la “Nueva Roma” de Brasil tenía ahora su Coliseo. Pudiera ver mucha menos acción deportiva que el original.

 

© 2013 Economist Newspaper Ltd, Londres 1 de junio, 2013. Todos los derechos reservados. Reimpreso con permiso.

 

Gastos se disparan

El presupuesto para los 12 estadios ahora se ubica en 3,300 millones de dólares, tres veces el total gastado por Sudáfrica para la Copa Mundial de 2010.