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  • The New York Times

Esta semana, citando al Libro del Eclesiastés con excavadoras amarillas de fondo, el gobernador Rick Perry de Texas dijo a un grupo de simpatizantes en San Antonio que hay “un tiempo para llorar, un tiempo para reír, un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar”. Si hay un tiempo para declarar un segundo intento de conseguir la candidatura presidencial republicana, sin embargo, no fue éste.

En vez de ello, el gobernador sólo dijo que no buscaría la reelección el año próximo.

“Cualquier consideración futura”, añadió, se anunciaría “a su debido tiempo”.

Perry ha presidido la política texana desde que el entonces gobernador George W. Bush la dejó por ir a la Casa Blanca en 2000. Su cargo es débil, pero ha llenado las agencias estatales con fieles y su influencia superará a su mandato.

También ha presidido una economía en auge: Texas, alardea, representa un tercio de la creación neta de empleos de Estados Unidos en la última década. Desde 2007, el desempleo ha estado por debajo del promedio nacional, aun cuando la población se ha disparado. Sus detractores señalan a las escuelas escasas de efectivo y a las altas cifras de personas que carecen de seguro de salud.

El reino de Perry desde hace tiempo ha mantenido bajo control las ambiciones de otros.

“Es como una casa grande con un solo baño”, dice el estratega demócrata Jason Stanford, “y papá ha estado ahí dentro demasiado tiempo”.

El primer beneficiario de la decisión de Perry será el Procurador General Greg Abbott, quien probablemente se postulará y ganará la gubernatura el año próximo, gracias a su historial de enojarse con el gobierno federal.

Otras contiendas estatales serán agitadas. James Henson de la Universidad de Texas en Austin espera que surjan divisiones entre los republicanos del estado. El repentino éxito de Ted Cruz, un firme conservador que ganó la contienda para el Senado el año pasado, podría engendrar imitadores.

La atención de Estados Unidos se volcó más recientemente hacia Texas en junio, cuando la senadora estatal Wendy Davis (demócrata de Fort Worth) obstruyó un proyecto de ley anti-aborto. Perry la ha frustrado convocando a una sesión legislativa especial para aprobar la ley, la cual debiera suceder pronto. El gobernador siempre ha sido pro vida, aun cuando su prioridad ha sido la economía, pero la disputa por el aborto le da la oportunidad de cortejar a los conservadores sociales en toda la nación. ¿Por qué querría hacer eso?

Para preparar una segunda aspiración presidencial seria, Perry debe enturbiar los recuerdos de los votantes de la primera. Participante tardío en la contienda republicana en agosto de 2011, Perry encabezó brevemente los sondeos pero pronto decayó.

Acusar al jefe de la Reserva Federal de traición no fue digno de un estadista. Ni tampoco sugerir que Turquía era dirigida por terroristas. Pocos se sintieron impresionados por el momento embarazoso de Perry, cuando sólo pudo recordar dos de los tres departamentos federales que planeaba eliminar.

Su campaña ya estaba tambaleándose para entonces, sin embargo. Los votantes de las primarias habían abucheado su defensa de una ley texana que reducía las tarifas universitarias estatales para los jóvenes inmigrantes ilegales.

El electorado republicano de 2016 podría ser menos hostil a esas opiniones _el próximo debate de la Cámara de Representantes sobre la inmigración aclarará la postura del partido, pero para entonces otros candidatos, como el senador Marco Rubio (republicano de Florida), podrían estar mejor situados para sacar ventaja. Más ampliamente, la bancada de 2016 del Partido Republicano luce mucho más fuerte que los debiluchos que dieron una paliza a Perry en 2012.

Sin embargo, Perry tendrá una buena historia que contar sobre empleos y crecimiento, particularmente si la recuperación de Estados Unidos no cobra velocidad. A diferencia de su aspiración anterior, le ha quedado mucho tiempo para prepararse, y tiene un buen historial como candidato; no obstante su tropiezo de 2011.

En abril, dijo que pondría en claro sus intenciones para finales de año. Por ahora, hay que observar sus visitas a estados donde se realizan las primarias iniciales o incluso sus viajes al extranjero, aunque probablemente no a Turquía.

Mejores perspectivas

Rick Perry, gobernador de Texas, tendrá una buena historia que contar en la campaña republicana de 2016 sobre empleos y crecimiento, particularmente si la recuperación de Estados Unidos no cobra velocidad.