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  • The New York Times

En 2005, cuando un senador de Illinois poco conocido llamado Barack Obama pronunció un discurso en el Knox College en Illinois, criticó acremente las políticas del Presidente George W. Bush como un “darwinismo social” que dejaba a los trabajadores sin empleo y a las familias incapaces de permitirse pagar la universidad o el seguro de atención médica. Las ideas de Bush, afirmó, estaban en contra de los “salarios decentes, los beneficios y las escuelas públicas” que habían creado una “clase media enorme” en Estados Unidos.

Desde entonces, Obama ha regresado repetidamente al tema. Casi siempre describe sus políticas como buenas para la clase media. Sin embargo, cuando regresó al Knox College el 24 de julio, admitió que, a cuatro años de iniciada su presidencia, la clase media quizá esté peor.

El empleo del sector privado se está acercando a su nivel previo a la recesión, pero los ingresos familiares reales siguen siendo 5 por ciento menores a los de 2005. La porción de todos los ingresos que va a parar al 1 por ciento más rico de los hogares sigue estando cerca de lo que era en 2005, que fue el nivel más alto desde los años 20.

La manufactura y las exportaciones, dos sectores que desde hace tiempo Obama esperaba que fueran fuente de buenos empleos nuevos, se han estancado. Menos estadounidenses se consideran parte de la clase media que en 2008, según sondeos de Pew Research.

Los salarios están estancados porque la recuperación ha sido lenta. La globalización y la tecnología permiten a extranjeros y máquinas competir por los empleos que anteriormente desempeñaban los estadounidenses. Esta semana, sin embargo, Obama enfocó la culpa en sus adversarios políticos y su “interminable desfile de distracciones, posturas políticas y escándalos engañosos”.

Su discurso, intensamente promovido y el primero de una serie, mezcló consignas antiguas como la desigualdad “moralmente errónea” con nuevas como el crecimiento “emanado de la clase media”, en vez de arriba para abajo. Sin embargo, le faltó contenido.

Su intención fue menos reunir apoyo para proyectos de ley específicos que, como lo expresó un funcionario, “(elevar) la conversación a un nivel más alto”; es decir, lejos de temas espinosos como las fechorías del Servicio de Tributación Interna (IRS, por sus siglas en inglés) y el fisgoneo de la Agencia de Seguridad Nacional.

En teoría, esto debería ayudar políticamente a Obama: Es más probable que los votantes de clase media culpen al Congreso de sus problemas que a Obama. No obstante, el poder del discurso pendenciero de Obama es limitado. Ayudó a impulsar los incrementos de impuestos para los ricos en enero, pero fracasó completamente en marzo en impedir la entrada en vigor de la retención, aproximadamente 900,000 millones de dólares, en recortes de gasto durante la próxima década.

Con las manos atadas

Obama esgrimió la posibilidad de usar sus poderes ejecutivos para hacer algunas cosas pequeñas pero que suenan atractivas, como conectar más escuelas al Internet.

La mayoría de sus objetivos requieren la cooperación del Congreso, sin embargo, incluidos 66,000 millones de dólares para la educación preescolar universal, 50,000 millones de dólares para infraestructura, 9,000 millones de dólares para un “banco de infraestructura, etc.

Esos planes tienen pocas probabilidades en una Cámara de Representantes controlada por los republicanos unidos en su aversión al gasto gubernamental.

Algunas ideas que no requieren dinero de los contribuyentes, como elevar el salario mínimo federal de 7.25 dólares a 9 dólares por hora, también han encallado. Los republicanos argumentan que los salarios mínimos altos destruyen los empleos.

La guerra partidista retrasa incluso medidas poco polémicas como renovar las tasas de interés baratas para los préstamos estudiantiles.

Sin embargo, las habilidades de Obama para movilizar a las multitudes podrían ayudarle en las próximas batallas sobre si el gasto federal excederá o no los niveles de la retención llegado el 1º de octubre, y bajo qué condiciones el límite de la deuda federal será elevado poco después. Estas batallas elevan la amenaza de una suspensión de actividades del gobierno o, peor aún, un incumplimiento de pagos.

Funcionarios de la Casa Blanca que buscan cualquier signo de rompimiento en las filas de la oposición se animaron el 23 de julio, cuando un grupo de senadores republicanos apoyó un aumento en el gasto, aunque sólo para el transporte y sólo en una votación de procedimiento.

Esas cosas no revivirán a la clase media pero, para Obama en estos días, cualquier victoria es digna de celebrarse.

Aumento salarial encallado

Algunas ideas que no requieren dinero de los contribuyentes, como elevar el salario mínimo federal de 7.25 dólares a 9 dólares por hora, también han encallado.

Sorteando la crisis

Es más probable que los votantes de clase media culpen al Congreso de sus problemas que a Obama.