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Lejos de la California de la imaginación popular, lejos de las playas y el glamour de Los Ángeles y las innovaciones tecnológicas del Silicon Valley, se ubica el valle Central, una extensión de 720 kilómetros de llanuras principalmente agrícolas encerrada por montañas al este y al oeste.

El aislamiento geográfico del valle ha engendrado otras formas de desconexión. Aquí uno encuentra hábitos, como escuchar música country y votar por los republicanos, que están virtualmente extintos en el resto del estado.

Sin embargo, este aislamiento es cualquier cosa, excepto espléndido. Un informe sobre el desarrollo humano de California en 2011 dio al valle de San Joaquín, la parte más poblada del valle Central, aproximadamente la misma puntuación que a Virginia Occidental. La esperanza de vida es baja, las tasas de delincuencia son altas y el aire es terrible, aunque está mejorando gradualmente. Un informe de 2010 del Instituto Milken, un grupo de análisis, encontró que tres ciudades del valle de San Joaquín están entre las 10 menos educadas en el país. El desempleo, durante largo tiempo el flagelo del valle, persiste.

Los residentes locales odian que los forasteros les digan que viven en “los Apalaches del Oeste”, pero de inmediato reconocen que es cierto.

Durante décadas, los fértiles suelos del valle, que ofrecen alrededor de 40 por ciento de los vegetales de Estados Unidos, han atraído a trabajadores de lugares más pobres, desde los originarios de las zonas secas de Oklahoma de los años 30 hasta los mexicanos y centroamericanos que dominan la fuerza laboral agrícola de hoy. Según una estimación, 90 por ciento de los trabajadores agrícolas del valle está ilegalmente en Estados Unidos. Más de una quinta parte de todos los empleos en el valle Central están vinculados con la agricultura.

Más recientemente, californianos y otros estadounidenses inundaron la región, atraídos por los bajos precios de la vivienda y el bajo costo de vida. Eso ayudó a inflar una burbuja que estalló en 2007-2008, pero el estado aún prevé que la población del valle de San Joaquín aumentará a más del doble, a 8.2 millones de habitantes, para 2060. Eso creará nuevos retos para los servicios públicos, el empleo y, particularmente, la infraestructura; de ahí la necesidad, dicen funcionarios, de un enlace ferroviario de alta velocidad estatal.

Un recorrido por el valle pone en claro las dificultades

En el extremo sur del valle de San Joaquín se ubica el Condado de Kern. Estos son terrenos petroleros, y el botín del auge de las materias primas ha producido un optimismo totalmente ausente en las comunidades más al norte. Los balancines de bombeo se mueven incansablemente, como lo han hecho desde fines del siglo XIX, en los grandes campos petroleros en las afueras de Bakersfield, la sede del condado.

Los empresarios se entusiasman con las posibilidades de fracturar el esquisto de Monterey, una enorme formación petrolera, y de los centros solares y eólicos que salpican las montañas y planicies cercanas. Bakersfield es una de las ciudades de más rápido crecimiento de Estados Unidos, y pocos residentes locales vacilan en contrastar su fortuna con la del resto del valle.

Compartiendo los problemas

Pese a su riqueza energética, sin embargo, el Condado de Kern comparte muchos de los problemas de sus vecinos. Una cuarta parte de la población vive en la pobreza. En 11.5 por ciento, el desempleo está cerca del promedio regional. Mucha más gente se afana en empleos agrícolas de bajos salarios que en el sector energético. Una queja común, como en otras partes del valle, es el fracaso de las escuelas y universidades locales para atender las necesidades de los empleadores locales. El Condado de Kern ha sido un importante centro agrícola durante décadas, pero no fue sino hasta 2011 que la universidad local ofreció cursos relevantes.

Las empresas en todo el valle encuentran difícil reclutar entre los residentes locales. Los jóvenes ambiciosos tienden a irse. Entre quienes se quedan, la falta de habilidades básicas y los altos niveles de uso de drogas significan que los empleadores pasan apuros para cubrir incluso los puestos no especializados. La mala educación es un problema crónico en el valle, pero es incluso peor actualmente, cuando muchos empleos manufactureros y agrícolas requieren más habilidades que antes.

Esas inquietudes ocupan un lugar preponderante en Fresno, la ciudad más grande del valle. La Oficina del Censo predice que uno de cada seis graduados dejará el lugar. El desempleo en el Condado de Fresno se ubica en 12.3 por ciento. Proliferan la delincuencia y la indigencia, y a los visitantes se les advierte que no se hospeden en el centro de la ciudad.

Mark Arax, un autor local, preguntó recientemente a los lectores de The Fresno Bee cómo alguien podía “respirar su aire sucio, ignorar su pobreza compartida, tolerar sus corrupciones”. Con pesar, los lectores tendieron a estar de acuerdo con él.

Sin embargo, hay signos de esperanza si se les busca. Incluyen a la activa alcaldesa Ashley Swearingen y los líderes empresariales detrás del Boomerang Project, un optimista intento por inspirar a los emigrantes de Fresno a regresar. Grupos empresariales e inversionistas hablan con entusiasmo de la fortaleza de la ciudad en la tecnología del uso del agua, dada la complejidad de los canales de irrigación circundantes.

“No va a ser el próximo Silicon Valley”, dice Fred Méndez de Rabobank, un banco comunitario. “Pero hay una verdadera oportunidad ahí”.

Noventa y seis kilómetros al noroeste de Fresno se ubica Merced, donde la crisis de los juicios hipotecarios pegó con particular ferocidad. En 2009, la ciudad tuvo la tercera tasa más alta de juicios hipotecarios en Estados Unidos, y los precios de las casas cayeron en dos tercios. La ciudad está rodeada por desarrollos inmobiliarios al estilo irlandés a medio construir como Bellevue Ranch, donde bonitas casas con verdes jardines y un SUV a la puerta comparten espacio con terrenos pardos vacantes requemados por el sol del valle.

Forjando lazos industriales

Si uno se desplaza a solo 3.2 kilómetros al este, llega al reluciente campus de la Universidad de California en Merced, la adición más reciente a uno de los mejores sistemas de universidad pública de Estados Unidos. Cuando abrió en 2005, los residentes locales esperaban que ofreciera impulso económico a la región. La crisis inmobiliaria hizo añicos esos sueños, pero el campus ha empezado a forjar lazos industriales en áreas como biotecnología y energía solar, y pudieran seguir productos derivados.

Sin embargo, la historia detrás de UC/Merced también muestra la peor cara del valle. En vez de celebrar la llegada de una sede de aprendizaje de primera clase a la región, los simpatizantes de propuestas rivales en Fresno y Madera refunfuñaron y lanzaron críticas maliciosas. Una dinámica similar está viva hoy conforme las ciudades pelean para ser el lugar donde los trenes de alta velocidad sean inspeccionados y reparados.

“A menudo tenemos competencia en vez de cooperación”, dice Carol Whiteside, quien, como presidente del Centro del Gran Valle, un instituto de investigación, ha trabajado en proyectos de infraestructura regional.

Los beneficios potenciales del tren de alta velocidad, espera, fomentarán un espíritu más colaborativo.

Si el valle desea mejorar, ese probablemente es un ingrediente necesario. Un renovado enfoque en la educación, particularmente entre los latinos, es otro. Es poco probable que el valle disfrute jamás de la riqueza de sus primos de la costa. Al enfocarse en sus ventajas, sin embargo, especialmente en las industrias agrícolas, y reconocer sus límites, quizá pueda ofrecer a sus hijos un futuro más brillante del que tuvieron sus padres.

 

Las ciudades menos educadas

Un informe de 2010 del Instituto Milken, un grupo de análisis, encontró que tres ciudades del valle de San Joaquín están entre las 10 menos educadas en el país. El desempleo, durante largo tiempo el flagelo del valle, persiste.

 

90% son ilegales

Según una estimación, 90% de los trabajadores agrícolas del valle está ilegalmente en Estados Unidos. Más de una quinta parte de todos los empleos en el valle Central están vinculados con la agricultura.