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Hasta hace un par de meses, los sondeos sugerían que Dilma Rousseff era uno de los líderes más populares del mundo democrático y se encaminaba hacia un segundo mandato en una elección presidencial programada para octubre próximo. Luego Brasil repentinamente se vio envuelta en protestas. Se han desvanecido, pero la popularidad de Rousseff ha sufrido daños. La confianza en la presidenta cayó de 63 por ciento el año pasado a sólo 42 por ciento en un sondeo publicado este mes por Ibope.

Los sondeos tienen un aspecto positivo para Rousseff y su Partido de los Trabajadores, o PT. Pese a sus problemas, la mayoría de sus oponentes no ha podido avanzar mucho. Las protestas fueron en parte una manifestación de enojo contra toda la clase política.

El apoyo para Aecio Neves, el probable candidato del Partido Socialdemócrata Brasileño, o PSDB, el principal opositor, apenas ha ascendido, según Datafolha, otra encuestadora. Neves tuvo dos exitosos mandatos como gobernador de Minas Gerais, el segundo estado más poblado de Brasil. Pero desde que se trasladó al Senado en 2011, ha tenido poco impacto en el escenario nacional.

Neves ha estado preocupado recientemente por las disputas internas. Los líderes del partido están intentando ungirlo como su candidato. Pero enfrenta un desafío de parte de José Serra, el candidato perdedor del PSDB en 2002 y 2010. La ambición de Serra está intacta a los 71 años de edad, pese a la renuencia de su partido a respaldarlo. Quiere una elección primaria, bajo una supuesta amenaza de cambiarse a otro partido, lo cual debilitaría a Neves.

Otra amenaza política para el PSDB es una investigación sobre supuesta corrupción en el gobierno estatal en Sao Paulo, el cual ha sido gobernado por el partido desde 1995. Reguladores antimonopolios están investigando denuncias de que las compañías que construyeron y dan mantenimiento a las líneas del tren y del metro formaron un cártel y defraudaron al estado por cientos de millones de reales. Fiscales federales han lanzado una investigación paralela para descubrir si funcionarios del estado recibieron sobornos del plan.

Cualquier evidencia de fechorías complicaría los esfuerzos de Geraldo Alckim, el gobernador, cada vez más impopular, de aferrarse al estado el año próximo, y pudieran desviar los esfuerzos del partido en la campaña nacional.

El otro contendiente que no despega es Eduardo Campos, el gobernador de Pernambuco. Campos es formalmente aliado de Rousseff, pero ha alentado versiones de una postulación presidencial. Sin embargo, líderes del PT han trabajado para negar a su mediano Partido Socialista Brasileño los aliados que necesita para una campaña nacional.

El principal beneficiario de las protestas es Marina Silva, una ex ministra del PT y ecologista. Ibope encontró que Rousseff la vencería por estrecho margen en una segunda vuelta electoral. Silva está creando un nuevo partido llamado Red de Sustentabilidad, al cual presenta como ajeno a la política tradicional. Pero eso en sí mismo limitará su derecho al tiempo gratuito en televisión y radio en la campaña, ya que dos tercios de ello se basa en resultados electorales pasados.

Aparte de una economía estancada, la mayor amenaza para Rousseff es que sus aliados deserten de su destartalada coalición de 17 partidos. Ha tenido que ofrecer escasos fondos a varios de sus proyectos favoritos.

El poder de ser la titular es ahora su principal ventaja. “La tarea de la presidenta se ha vuelto mucho más difícil desde las protestas, pero sigue siendo la favorita”, dice Murillo de Aragao, un analista política en Brasilia. Rousseff puede estar agradecida de que las dificultades de sus oponentes parezcan aún más desalentadoras que las suyas.

 

Popularidad hacia la baja

Se han desvanecido las protestas, pero la popularidad de Rousseff ha sufrido daños. La confianza en la presidenta cayó de 63 por ciento el año pasado a sólo 42 por ciento en un sondeo publicado este mes por Ibope.